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2011: La condesa de Malibrán / Antonio García de León.

4 abril 2018

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Contenido:

I.- Comentarios.

II.- La Condesa de Malibrán. Antonio García de León.

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I

En el 2011, Antonio García de León publicó su versión de la leyenda de la Condesa de Malibrán en el libro “Tierra adentro, mar en fuera”.

Esta versión tiene datos distintos a otras versiones pero también semejanzas con algunas de ellas, sobre todo con la leyenda que publicó Bernardo Lorenzo Camacho (Nayo) en el libro “Leyendas y vivencias de Veracruz”. (Leer aquí) La estructura y contenido es casi el mismo, claro con una redacción totalmente diferente, a la que le añadió datos históricos de la vida de Juan de Malibrán. Lo raro es que no le da el crédito, ni lo pone en la extensa bibliografía. ¿Esto se puede considerar un plagio o solo inspiración? Más que aceptarlo, el autor presenta la leyenda dando la impresión que él hizo la investigación de la tradición oral a la que añade datos históricos para darle credibilidad, sin embargo, no menciona al narrador o narradores, excepto cuando señala a unos pescadores. En resumen, no da los créditos correspondientes.

Comparación de eventos entre las versiones de Bernardo Lorenzo Camacho y Antonio García de León. La secuencia es casi la misma, excepto porque García de León introduce una segunda residencia para la protagonista (la hacienda de San José Novillero) y separa dos tipos de amantes según la residencia que ocupó. al final, también da un ligero giro al inventarle un juicio y solo mencionar las apariciones fantasmales del conde.

En principio, se podría suponer que la semejanza con la leyenda publicada por Bernardo Lorenzo de debe a que se trata de una misma leyenda, suena lógico, pero si se conocen las otras versiones que se han publicado sobre la leyenda  se comprueba que cada una de ellas tiene una estructura y un contenido diferente, los contrastes entre ellas son fuertes. Lo que no ocurre entre la de Bernardo Lorenzo y Antonio García.

Otro punto novedoso en esta versión es que el autor le proporciona un espacio temporal en la narración, al ubicar  los eventos esenciales de la leyenda en un periodo definido: 1764-1767, teniendo como eje histórico documentado a Juan de Malibrán, del que va intercalando fechas y antecedentes. El que sean reales o imaginarios es otro asunto.

Al intercalar datos históricos (o aparentemente históricos) se acerca a la intención de la versión del ing. Juan José González, pero a diferencia de él no incluye datos históricos de la protagonista (que se supone es Beatriz del Real), solo lo hace sobre Juan de Malibrán.

La imaginación del autor o del narrador original es fértil al proporcionar detalles que ningún documento podría proporcionar, es cierto que ofrece lo que habría de esperarse de una leyenda y  no habría que buscar certeza histórica pero se comenta porque el autor intenta darle credibilidad  al intercalar hechos reales y ficticios con apariencia de ser reales.

La protagonista.

No proporciona el nombre de la protagonista, igual que Bernardo Lorenzo, lo que si sucede en todas las otras versiones publicadas desde 1861. ¿Sabían algo estos autores que los otros no? Casi se podría asegurar que ya sabían que Beatriz del Real aún vivía a finales del siglo XVIII,  por lo tanto, incluirla en la leyenda, hacía imposible toda su narración. Esto se sustenta porque Antonio García menciona conocer otras versiones y en diversas partes del libro hace referencias al Archivo Histórico de la Ciudad de Veracruz, donde para consultarse se recurre al Catálogo del Archivo publicado en 1992, en donde vienen las referencias documentales de Beatriz el Real fechadas a finales del siglo XVIII, tal vez ese haya sido el motivo para ignorar el nombre. Además está comprobado que Antonio García sabía que la esposa de Juan de Malibrán había sido Magdalena del Real, no Beatriz, porque en la página 389 de su libro al hacer un breve resumen de como Malibrán obtuvo su nacionalidad española  cita el libro Foreign Inmigrants in Early Bourbon Mexico de Charles F. Nunn, que en la página 101 trae el nombre correcto de su esposa. Entonces, ¿Por qué no utilizó el nombre si ya lo sabía? No se sabe, pero vale decir que la vida de Magdalena tampoco coincide con la protagonista de la leyenda, ya que ella tuvo varios hijos (actualmente hay descendientes de ese matrimonio) y murió unos 12 años después de su esposo. Lo que si coincide esta versión con la realidad es en la edad de la protagonista, tanto Magdalena como Beatriz rondaban los treinta y tantos años en la década de 1760, pero debe tomarse como una coincidencia más que un dato documentado.

Amalgama de datos.

Ya se comentó que el autor no reconoce como fuente la versión de Bernardo Lorenzo, ni sus fuentes orales (si es que las hubo), tampoco ofrece citas de las fuentes documentales de los datos históricos y fechas que va dando, aunque en otras partes del libro cita las fuentes documentales de algunos datos de Juan de Malibrán.

Analizando el texto se descubre cómo va amalgamando datos reales, falsos y fantasiosos, como ejemplo los siguientes fragmentos:

“(Juan de Malibrán) un oscuro obligado de las carnicerías y un pequeño tratante que escalaba penosamente sobre las redes de sus alianzas y “sociedades en compañía”, la flamante condesa , gozando de un título familiar adquirido por el conde de origen francés (según algunos de forma fraudulenta antes de la guerra del 62), se trasladó a “su hacienda”, que era más bien un rancho de regulares proporciones a la vera de una laguna que lleva todavía su apellido y donde hoy se acomoda un mercado popular, un panteón y un suburbio de calles arenosas.”

Lo de “obligado de las carnicerías” se puede sustentar con lo que publicó en la página 846, donde menciona un documento de 1761 del  Archivo Histórico de la Ciudad de Veracruz (AHCV, caja 10, volumen 10, fojas 31-32).

Lo de “Título familiar” es un dato falso, no existe documento que sustente la existencia de este título nobiliario, ni que ellos lo utilizaran.

En cuanto a que ““su hacienda”, que era más bien un rancho de regulares proporciones”, es una información totalmente cierta y documentada. La primera publicación que reprodujo la toma de posesión de Malibrán data de 1864, pero la más conocida es lo que publicó Manuel B. Trens en el libro de Historia de Veracruz en 1947, aunque Antonio García hace mención directa del documento del Archivo Histórico de la Ciudad.

Lo de que “a la vera de una laguna que lleva todavía su apellido”, el autor confundió la laguna que actualmente lleva el nombre de Malibrán con la original. La laguna a la que hace referencia se llamaba de la Hormiga, estando ampliamente documentado en planos y textos, es hasta el siglo XX que se le empezó a conocer como Malibrán. La original Laguna de Malibrán estaba cerca y un poco al norte de donde estaba el casco de la hacienda, donde actualmente está el Colegio Cristobál Colón (Av. Díaz Mirón, calle Malibrán y av. Lafragua), misma que en los años 1910s se desecó.

Así se puede ir analizando línea por línea e irse encontrando: unas frases con datos reales y documentados, continuando con datos falsos que aparentan ser reales, otros que son confusiones y  frases con descripciones que dicta la fantasía.

Y solo para rematar, las siguientes frases:

“El conde, quien regresó a mediados de 1766 de un viaje de negocios por La Habana y Jamaica que se había prolongado por dos años, (…) asesinó a los dos, e incluso al niño (…) pudo apenas sobrellevar un largo y costoso juicio  desde esa aciaga noche de su retorno, en el que fue declarado inocente “por haber asesinado en defensa propia y de su honor”.  De hecho, su nombre desaparece de los registros del archivo municipal después de 1767.”

Encuadrar el texto con fechas y hasta mencionar el Archivo Histórico de la ciudad, hacen muy  creíble lo que narra el autor, por no decir que proporcionar un itinerario y secuencia de eventos es casi como si estuviera viendo un documento histórico,; pero todo ello no resiste una mínima revisión por el solo hecho que Juan de Malibrán murió a principios de 1766, así que no pudo regresar de ningún lado, menos matar a alguien, y por lo tanto, tampoco se le pudo llevar a juicio y declárarsele inocente. Su esposa verdadera, Magdalena del Real y su cuñada, Beatriz del Real vivieron por muchos años más.

Si en realidad hubiera consultado algún documento de 1767 relacionado con Malibrán, se le hubiera mencionado como difunto, sin embargo, hay algo más de fondo con respecto a la afirmación que desaparece de los registros a partir de 1767 y es que esa misma afirmación la hace en la página 388, pero señala el año de 1764; esto quiere decir que el autor modificó el año con la finalidad de adaptarlo a su secuencia de hechos fantasiosos y darle credibilidad a su narración.

En fin, la lectura debe hacerse sin prestarle la menor credibilidad, excepto por algunos datos reales de Juan de Malibrán, el autor hizo el intento de darle un tiempo y contexto histórico pero falló.

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II

LA CONDESA DE MALIBRÁN.

Antonio García de León.

Una de las consejas surgidas al calor de las ociosidades que se despertaron durante la larga “posguerra del 62” fue la historia triste y malhadada de los “condes” de Malibrán. La leyenda que se fraguó en el puerto insiste en que la condesa era una mujer madura, “más como una fruta a punto de caer del palo que por su edad”, pues no rebasaba los 35 años “poco más o menos”, De piel apiñonada y de un aspecto más bien forastero, era dueña no sólo de vidas y esclavos, sino también de una belleza perturbadora poco común en esta tierra de doncellas caracterizadas por su palidez cuando eran criollas y españolas de clase superior. Su poder, criado a la sombra del “conde” Jean de Malibrán Du Bois, era a la vez un imán atractivo y misterioso, aunque una cierta truculencia aparecía siempre en algunas de sus acciones, al menos en las versiones que se forjaron después de ocurridos todos los hechos y que dieron lugar a una leyenda pueblerina –a la vez sangrienta, exagerada y plena de erotismo-, como muchas de las que subsisten a lo largo de la tierra caliente.99 Sus cercanos, amigos, paniaguados y sirvientes, se podían dividir entre quienes la adoraban y quienes la temían, pues gozaba de un poder y una dominancia que nunca dejaba de tener una cierta apariencia de misterio funesto, pues se decía que a pesar de recurrir a toda clase de remedios, la condesa no podía tener hijos y que recurría a todo tipo de ritos para remediarlo. Después de vivir a intramuros en los calores del puerto, cuando su marido era todavía un oscuro obligado de las carnicerías y un pequeño tratante que escalaba penosamente sobre las redes de sus alianzas y “sociedades en compañía”, la flamante condesa , gozando de un título familiar adquirido por el conde de origen francés (según algunos de forma fraudulenta antes de la guerra del 62), se trasladó a “su hacienda”, que era más bien un rancho de regulares proporciones a la vera de una laguna que lleva todavía su apellido  y donde hoy se acomoda un mercado popular, un panteón y un suburbio de calles arenosas. Allí se estableció en toda forma, apoltronada en su “condado” y aprovechando la poca atención que el marido –mucho más entrado en años que ella- le sustentaba periódicamente. En realidad no lo necesitaba, pues tenía esclavos, sirvientes y palafreneros, y había hecho de su casa de campo –cuya posesión formal le fue dada al conde de Malibrán hasta mayo de 1764-  una verdadera fortaleza del lujo y la buena vida, hasta que se aburrió de la cantidad de mosquitos que pululaban una vez pasada la estación de lluvias y que le impedían gozar de los vientos marinos y las brisas de playa, los únicos elementos capaces de conjurar a la nubes de insectos que desconocían sus títulos e intenciones. Desde 1754, y ante las sospechas de calvinismo, “herética pravedad y apostasía”, Jean de Malibrán había sorteado las indagatorias del Santo Oficio, e incluso, “acercándose al enemigo”, se convirtió en “familiar” del mismo Tribunal, evadiendo para siempre cualquier sospecha sobre su fe religiosa. En 1758 “Juan de Malibrán y Bosques” adquirió la nacionalidad española y compro en España el título que algunos ponían en duda.

Fue en los primeros meses de 1764 cuando la condesa buscó una nueva propiedad más aireada y le exigió al conde que la adquiriera. Ante el fracaso de sus intentos de procrear, dejó de recurrir a las hechiceras del puerto –algo que además la ponía en peligro- y decidió probar fortuna compartiendo su lecho con la más variada colección de amantes que la soledad le permitía, pues culpaba al conde de su infertilidad y de abandonarla por largas temporadas. En esos meses encontró la nueva mansión –encalada, airosa, fresca y digna de albergar sus amores- a la vera del puente que cruza cerca de la boca del río de Jámapa, y que había sido habilitado en el camino a Alvarado desde los tiempos en que los Sarmiento eran dueños de Buenavista, Paso del Toro y Mandinga. La playa se encuentra todavía a menos de un tiro de mosquete de la casona que aún se yergue en el lugar, y las tardes solían ser frescas e idóneas para sacar, como lo hacía, un butaque de cuero a la vista del norte, auxiliada por dos negros que le soplaban con inmensos abanicos de pluma de avestruz mientras ella bordaba, chacoteaba y vivía a veces rodeada de un séquito de amigos y aduladores, señoritos del puerto, criollos y gachupines. Rumbosas fiestas y saraos se organizaban allí hasta altas horas de la noche, cuando –según los maledicientes pescadores del lugar- la dama quedaba sola o acompañada de alguno de sus amantes eventuales, los que, se dijo después, desaparecían para siempre una vez que habían gozado de sus favores. Fue en este tiempo cuando crecieron esos rumores, y más cuando Fabián de Antúnez, un comerciante mediano, había desaparecido misteriosamente en diciembre de ese año después de varios viajes a Boca del Río, mientras su familia había organizado verdaderas batidas de búsqueda, aunque se sospechaba que se hubiera perdido después de salir a cazar faisanes en los alrededores. Originalmente alistado en el Regimiento de Málaga y de buena presencia, el joven requería en amores a la condesa desde tiempo atrás, aunque, se decía, su carácter devino melancólico una vez que gozara de los favores de la hermosa. Un buen día, como los demás, desapareció para siempre. Pero fue poco después cuando ocurrió el milagro, dando lugar al nacimiento de un niño deforme que la condesa ocultaba en las habitaciones destinadas a los esclavos y bajo el cuidado de una “mama negra”.

El conde, quien regresó a mediados de 1766 de un viaje de negocios por La Habana y Jamaica que se había prolongado por dos años, desconocía las nuevas circunstancias en que se desarrollaba la vida de la condesa. Abrió la puerta de la casona y se dirigió a los aposentos, hallando a la infiel en brazos de un amante. Se dice que el airado Malibrán asesinó a los dos, e incluso al niño producto de sus infidelidades, e hizo arrojar a los cadáveres a un pozo aledaño al río en donde la condesa criaba lagartos. 100 Se dijo después, cuando el crimen llegó a manos del brazo secular de la justicia, que allí eran arrojados los amantes desaparecidos, en realidad muertos en el lecho de la dama. Al menos ésa fue la versión de los esclavos interrogados, quienes para eludir cualquier responsabilidad aludieron a su condición servil, la que los obligaba a la obediencia y al silencio.

Como es de suponer, la carrera ascendente del conde se vino abajo, pues pudo apenas sobrellevar un largo y costoso juicio desde esa aciaga noche de su retorno, en el que fue declarado inocente “por haber asesinado en defensa propia y de su honor”.  De hecho, su nombre desaparece de los registros del archivo municipal después de 1767. La leyenda, que siempre se amasó con las exageraciones de las versiones construidas a lo largo de los años posteriores, dice que el conde enloqueció, se volvió ermitaño durante un tiempo hasta que reapareció por las calles del puerto gritando a voces “¡Justicia, justicia! ¡Y que muera la condesa de Malibrán”!: un alarido que todavía puede escucharse en algunas noches oscuras por los callejones del puerto.

99 No por nada, y parodiando a Marcuse en su Eros y civilización, el escritor porteño Juan Vicente Melo decía que Veracruz y su litoral se pueden definir como “Eros sin civilización”.

100 Las versiones – como siempre ocurre en estos casos- varían, pues unos ubican la casa y pozo en el puerto a intramuros –en el patio Vergara, de la calle Landero y Cos-, otros en Lafragua y Malibrán y otros en la casona que aún se levanta a la vera de la carretera, antes de cruzar el puente de Boca del Río. La imaginación jarocha es tan prolífica que a veces la confunde con “la reina del Carnaval que mató a sus hijos”, una especie de Llorona jarocha.

Fuente de texto: García de León, Antonio,  Tierra adentro, mar en fuera. El puerto de Veracruz y su litoral a Sotavento, 1519-1821, México: FCE, 2011, pp. 827-829

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Notas relacionadas:

1990s: La auténtica leyenda de la Condesa de Malibrán.

La Condesa de Malibrán: Entre la leyenda y la historia.

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Error en el libro Tierra adentro, mar en fuera: Cosme de Buitrón.

1 abril 2018

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En el libro Tierra adentro, mar en fuera de Antonio García de León trae dos referencias del capitán Cosme de Buitrón, emparentándolo directamente con los Buitrón que vivieron en frente de la isla de San Juan de Ulúa en la segunda mitad del siglo XVI.  Lo que  atrajo la atención porque en el blog se ha estudiado a estas personas  y este era un nuevo dato que planteaba la estancia de la familia en este lugar varios años antes a 1567, año en que se le dio la merced a Juan de Buitrón. Sin embargo, al cotejar las diversas fuentes documentales disponibles se comprobó que eso es falso y solo resultado de la especulación del autor del libro.

Empezando por  el principio, en el libro se lee:

Ya en esa época (enero de 1552), el patriarca de los Buitrón, el capitán Cosme de Buitrón, trajinaba quintales de harina para el bizcocho de las naos desde la ciudad de Puebla, y debía traer una tercera parte de otros bastimentos (Silvio Zavala, Libros de asientos de la Gobernación de la Nueva España…, 1982, p. 160). (1)

Según registros de 1580 del archivo notarial de Orizaba (anor), uno de los negocios de Juan González Buitrón era comprar harinas a vecinos de tepeaca y Orizaba, para su traslado a la florida, actividad en que también competía con Juan Buitrón, actividad que habían heredado del capitán Cosme de Buitrón. (2)

El autor se cuidó muy bien en no atribuirle de manera expresa un grado de parentesco, ya que no especifica si era el padre, tío, abuelo, solo lo hace “patriarca” que “hereda” una actividad a los otros buitrones.

¿Cómo es que el autor llegó a la conclusión que fue el “patriarca”? ¿Algún documento lo expresa de manera explícita? No lo explica, pero señala dos fuentes documentales y aunque solo se pudo consultar una, en ella no hay nada al respecto y se duda que la otra contenga ese tipo de información.

El autor parece se guió por la fecha y el apellido, deduciendo que si tienen el mismo apellido, entonces son parientes y si la fecha es anterior, entonces es de mayor edad y cabeza de familia. Tremendo error. El autor hilvanó datos aislados y planteó una inexistente relación familiar.

¿Quién fue el capitán Cosme de Buitrón?

Cosme de Buitrón fue maese, capitán y dueño de naos que realizaba viajes entre España y América, hay varios documentados entre los años 1550s y 1560s, siendo muy posible que hiciera otros antes. (3) En enero de 1552, estaba en la Nueva España, preparándose para retornar a España, por lo que requirió llevar desde Puebla, 100 quintales de bizcocho para abastecer su nao, pero para no tener que llevar la tercera parte de dicha carga en  bastimentos a la ciudad de Veracruz como era la ordenanza, el virrey Luis de Velasco le dio licencia para que solo llevara una quinta parte. En esto también se equivocó el autor al poner que era harina para hacer bizcocho, cuando en realidad era ya el pan preparado. Juan González de Buitrón si traía harina para preparar el bizcocho.

No se ha encontrado evidencia documental que en algún momento se hubiera establecido en la Nueva España, lo que si hay son los registros de varios viajes a América, siempre partiendo de Sevilla, siendo el último registro localizado en 1568. Por lo tanto, el viaje con bizcocho fue solamente ocasional para abastecer su nao y no actividad regular, ni comercial.

El autor de libro, también, cometió el error al establecer una liga familiar entre este buitrón y los residentes en la  tierra firme frente a Ulúa. A pesar de no conocerse un documento que niegue o confirme esa relación, se puede establecer que no la hay por algo muy sencillo proceden de diferentes lugares de España:

Cosme de Buitrón fue vecino y natural de Sevilla, confirmándose con varios documentos, entre ellos, la Real provisión de emplazamiento y compulsoria hecha a petición de Cosme Buitrón, del 14 de julio de 1553;  en el expediente del pleito que tuvo Cosme con el fiscal y diputado de averías en 1558, y en la declaración de varios testigos que presentó su hija Ana Buitrón en diciembre de 1601 donde afirmaron que Cosme fue vecino y natural de Sevilla. (4)

Juan de Buitrón y Juan González de Buitrón eran originarios de Vizcaya, al norte de España, aunque de diferentes poblaciones.

Juan Buitron nació de Baquio, Vizcaya, alrededor de 1540. (5)

Juan González de Buitrón, nació en Bermeo, Vizcaya, alrededor de 1545. (6)

Solo queda esperar que este error que ha quedado en un libro, no encuentre seguidores que lo repitan sin cuestionamientos y sigan aumentando los mitos históricos de la ciudad.

Referencias:

(1) García de León, Antonio, Tierra adentro, mar en fuera, México: Fondo de Cultura Económica, 2011, p. 85.

(2) Ibídem, p. 86

(3) Chaunu, Huguette, et al., Séville et l’Atlantique (1504-1650), Paris, S. E. V. P. E. N., 1955. Tomo II y III.

(4) AGI, Patronato, 282, N.1, R.110; AGI, Justicia, 847, N.2 y AGI, Contratación, 5269, N.12

(5) AGN, Inquisición, vol. 83, exp. 23, f. 288.

(6) AGI, México, 1093,L.15,F.225R-225V; Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Registro de ejecutorias, Caja 1616,28.

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Notas relacionadas:

Errores en el libro Tierra adentro, mar en fuera: Fiesta de la Santa Cruz.

1567: Merced a Juan de Buitrón.

Juan Bautista Buitrón es un nombre equivocado.

 

Errores en el libro Tierra adentro, mar en fuera: Fiesta de la Santa Cruz.

1 abril 2018

Cruz cerca de la antigua alameda de Veracruz. 1860s. Fuente de foto: SMU Digital Collection.

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Hay escaso conocimiento de las actividades religiosas documentadas en los inicios de la Nueva Veracruz, a principios del siglo XVII, esto sin tomar en cuenta las fiestas o celebraciones comunes en toda la iglesia católica de las que puede presumirse con certeza que se llevaban a cabo. En el 2017, se localizó un documento de la Inquisición en donde se hace referencia a una misa especial y una procesión por las calles de la Nueva Veracruz organizada por la cofradía de la Santa Veracruz el 3 de mayo de 1604.

Así que fue una grata sorpresa encontrar en el libro Tierra adentro, mar en fuera de Antonio García de León (1) la afirmación de que las fiestas de la Santa Cruz “apasionaban a los porteños desde la misma fundación de la nueva ciudad” acompañada por una cita documental. Desgraciadamente, duro muy poco el gusto, solo bastaron unos cuantos minutos para descubrir que todo era falso. Al entrar al sitio web del Archivo General de la Nación y leer el documento resulto ser 1691, no de 1601.

Antes de avanzar, esto es lo que trae la pág. 497:

Otro motivo de celebración pública eran las fiestas de la Santa Cruz, del 3 de mayo, que apasionaban a los porteños desde la misma fundación de la nueva ciudad. Fue así como desde el 25 de marzo de 1601, por edicto del 14 de agosto de 1600, se prohibió por el Santo Oficio “el abuso de poner y pintar cruces en rincones públicos y otros lugares indecentes, con el fin de preservar de las inmundicias ordinarias, por las indecencias que se experimentaban por ignorancia. Así ha venido a nuestra noticia que con estas fiestas se celebran en calles, plazas y arrabales fiestas con misa, sermón y procesiones, y con otras fiestas profanas, como son comedias, toros y máscaras, ocasionando gran escándalo de la república cristiana. Por tanto mandamos y prohibimos que ninguna persona celebre dichas fiestas con ocasión de la Santa Cruz”. 56

56 agnm, Inq. p. 545, 6, f. 587, Veracruz, 14 de agosto de 1600. Hoy, las fiestas de la Santa Cruz se celebran en el vecino puerto de Alvarado.

¿Las fiestas de la Santa Cruz eran una celebración pública? No se ha encontrado que el 3 de mayo fuera día especial de fiesta pública en la Nueva Veracruz, aunque si debía haber una celebración regular cada año, organizada por la cofradía de la Santa Veracruz, tal como se refleja en un expediente de la Inquisición, donde se documenta que el 3 de mayo de 1604, la cofradía hizo una celebración litúrgica en la iglesia del convento de San Francisco y una procesión hasta la cruz, pero no se indica que fuese sobresaliente entre las otras fechas religiosas que debían organizar otras cofradías o las diferentes órdenes del clero regular o de la advocación de la iglesia parroquial.  Tampoco se sabe que ese día hubiese otras actividades festivas seculares, es probable, pero no está documentado. En resumen, nada parece indicar que fuera diferente a otros muchos eventos religiosos.

Entonces,  ¿dónde obtuvo la información para afirmar que, además, estas fiestas “apasionaban a los porteños”? Se desconoce, pero casi se puede afirmar que es una suposición del autor.

A todo lo anterior, hay que añadir que el documento que le sirve al autor para afirmar la existencia de la fiesta en la Nueva Veracruz es de 1691, no de 1601, y no se refiere a la Nueva Veracruz  como hace suponer la lectura del texto entrecomillado.

El documento citado se encuentra dentro de un expediente de la Inquisición hecho por “unos cuchillos que se mandaron recojer por tener gravadas en las cachas las imagenes de christo señor nuestro, su nombre sagrado y la del santisimo rosario y otras figuras diabolicas”, los documentos están fechados entre 1705 y 1717.

El edicto tiene fecha del 25 de marzo de 1691 y estos son los fragmentos más importantes:

[…]  por nuestro edicto de catorze de Agosto del año passado de mil seiscientos y noventa, mandamos para obviar el abuso de poner, y pintar Cruces en rincones públicos y otros lugares indecentes, con fin de preservarlos de las inmundicias ordinarias, por las indecencias que se experimentaban por ignorancia, é inadvertida reverencia, y seguirse grande ofensa de Dios nuesto Señor, no se pintasen, ni pusiessen las dichas Cruces, y las que lo estaban, se borrassen y quitassen: Ha venido a nuestra noticia, que en esta Ciudad de Mexico, y en otras partes y lugares de este nuestro distrito, aunque algunas Cruces, no estan en lugares indecentes, se celebran en dichos lugares, calles, plazas y arrabales, con misa, sermón y procesiones, y con otras fiestas profanas, como son, comedias, toros y máscaras, por los que las cuidan, los quales con dichas fiestas ocasionan grave escándalo de la República Christiana, siguiendose de ello gravissimos inconvenientes en ambos fueros, tomando por pretexto la celebración de la Santa Cruz, para cometer en dichas fiestas grandissimas irreverencias, é indecencias contra la misma Santa Cruz, con capa de devocion y religion, siguiendose de ello sacrilegas irreverencias y execrables torpezas, y abussos, assi en lo general como en lo particular.

Por tanto, para obviar los execrables, y sacrilegos abusos, que con color, y pretexto de religion se ocasionan, en grave ofensa, y escandalo de la piedad Catholica, y buenas costumbres. […] mandamos, y prohibimos, que ninguna persona, o personas de qualquier estado, calidad, condicion, preheminencia, o dignidad que lean, de aqui adelante, celebren, ni hagan dichas fiestas, con ocasion de celebrar la Santa Cruz en las calles, plazas, y arrabales de esta Ciudad de Mexico, y demas lugares deste nuestro distrito, sino en las iglesias, y lugares sagrados, […] y que este nuestro edicto se fixe en las puertas de las Iglesias, de las quales ninguna persona lo quite, rasgue, ni tilde, so las dichas penas, y las demas, que a nuestro arbitrio reservamos. Fecha en Mexico, y sala de nuestra Audiencia, en 25 dias del mes de março de mil y seiscientos y noventa y un años. (2)

El doble error, inhabilita a este documento para sustentar  la afirmación de que desde los primeros años de la fundación de la Nueva Veracruz se hacían fiestas públicas el 3 de mayo.

En cuanto a la fecha no hay mucho que expresar, el documento es claro, fue realizado el 25 de marzo de 1691 y hace referencia a otro del 14 de agosto de 1690. ¿Por qué la equivocación? No se puede saber, ni para decir que los números están borrosos o con una caligrafía difícil, ya que los años fueron escritos usando palabras.

El texto entrecomillado que presenta el autor da la impresión que se trata de un fragmento del texto original, pero al compararlo con el documento, es claro que no es así. El autor publicó un extracto de libre composición con partes del edicto y con partes del autor, se quitaron y se pusieron palabras, incluso se podría decir que se quiso dar la apariencia que estaba dirigido a la ciudad de Veracruz, cuando es un edicto general pero dirigido a la “Ciudad de México, y en otras partes y lugares de este nuestro distrito,”  en donde el tema de las cruces en las calles era recurrente cuando menos desde 1651. (3)

¿Ahora, se puede aplicar la Nueva Veracruz de finales del siglo XVII? Sí, pero lo mismo podría hacerse para cualquier otro lugar grande o chico de la Nueva España, sin embargo, no en todos ocurría lo mismo. No se puede asegurar que sucediera en la Nueva Veracruz.

Por último, conviene exponer que al ser un texto compuesto por el autor pareciendo ser uno solo, indicando que el edicto es del 14 de agosto de 1600 y se empieza aplicar en 1601, cuando en realidad el edicto está integrado por dos partes: la prohibición del edicto del 14 de agosto de 1690 de que no se pintaran, ni pusiesen cruces en rincones públicos y otros lugares indecentes y en donde ya estuvieren se borrasen. Mientras que en el edicto del 25 de marzo de 1691, se reconoce que algunas cruces no estaban en lugares indecentes pero “se celebran en dichos lugares, calles, plazas y arrabales, con misa, sermón y procesiones, y con otras fiestas profanas, como son, comedias, toros y máscaras, por los que las cuidan, los quales con dichas fiestas ocasionan grave escándalo de la República Christiana,” por lo que lo prohibieron y mandaron solo se hiciera en las iglesias y lugares sagrados. Siendo uno complementario del otro.

Sin duda que se trata de un párrafo desafortunado en todos los sentidos, solo esperemos que en el futuro no lo retomen otros autores y se empiece a formar uno de los tantos mitos sobre la historia de ciudad.

Referencias:

(1) García de León, Antonio, Tierra adentro, mar en fuera, México: Fondo de Cultura Económica, 2011, p. 497.

(2) AGN, Inquisición, v. 545, exp. 6, f. 587.

(3) Guijo, Gregorio Martín de, Diario, 1648-1664, Tomo I, México: Editorial Porrúa, 1986, p. 156.

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Edicto de la Inquisición del 25 de marzo de 1691. Fuente: AGN, Inquisición, v. 545, exp. 6 f. 587.

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Notas relacionadas:

Nueva Veracruz: Procesión de San Francisco a la Cruz en 1604

Genealogía de la arq. Concepción Díaz Cházaro, cronista de Veracruz.

28 marzo 2018

Arquitecta Concepción Díaz Cházaro. Fuente de foto: e-consulta.com

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Hace unos días comente en la página de facebook que la arq. Concepción Díaz Cházaro, cronista de la ciudad y directora del Archivo y Biblioteca Históricos de la ciudad de Veracruz, era descendiente de Hernando de Morales, uno de los primeros habitantes de esta ciudad  que en 1602 ya era propietario del solar que actualmente ocupa el hotel Diligencias. Hallazgo casual y que aparentemente solo tendría una importancia anecdótica para la familia, sin embargo me parece que no deja de ser meritorio contarlo como un caso, tal vez, único en la ciudad: El documentar la genealogía de una de las familias que ha estado desde un poco antes de la fundación de la ciudad en 1600 hasta la actualidad, esto es, con una historia de poco mas de 418 años, los mismos que tiene esta actual ciudad de Veracruz.

La genealogía de esta familia no se buscó de manera premeditada, el hallazgo de los  datos se dio por etapas inconexas a lo largo de los últimos años. En una primera etapa, al rastrear la historia del antiguo edificio del hotel Diligencias se desglosó a los diversos propietarios  que resultaron ser miembros de una misma familia en el periodo aproximado de 1600 a 1800 (unos 200 años) pero a principios del s. XIX, el solar y edificio cambio de dueños y no se siguió indagando a dicha familia. La segunda fue en el 2017, cuando se le preguntó al que escribe, el nombre completo de la calle Díaz Aragón, porque solo se  conocían los apellidos, sucedía lo mismo que con muchas calles de la ciudad, el nombre se había olvidado por la costumbre que hubo de solo mencionarlas por los apellidos. En ese momento, se contestó  que no podía ser otro que Antonio Díaz Aragón, militar y político liberal del siglo XIX. A partir de ello, se decidió hacer una nota para el blog, así que se investigó un poco más de él. En la nota, los antecedentes genealógicos Díaz Aragón quedaron hasta sus padres, cuyos nombres aparecen en la biografía que le hizo  el doctor Francisco Ituarte. El autor dio como fecha de nacimiento el 11 de octubre de 1823, así que se buscó el acta de bautismo en ese año y 1824, no se localizó y se abandonó la búsqueda. Al mismo tiempo de la pregunta se hizo el comentario que era el abuelo de la arq. Concepción, pero se desconocía se era cierto. Al hacer la biografía de Antonio Díaz Aragón y revisar los libros y periódicos surgió el dato de que Dionisio Aragón había sido fundador del Hospital de Loreto, lo que a todas luces era absurdo  ya que él había vivido a finales del siglo XVIII y principios del XIX, mientras que la fundación del hospital había sido en el XVII, aunque un párrafo antes lo mencionaba como patrono y que en 1617 había convenido “que de él se hiciese cargo la Junta de Caridad”, sonaba como una más de las tantas falsedades o confusiones en la historia de la ciudad.

Ahí quedo todo. Hasta febrero de este año que se reinició la recopilación de datos para la historia del antiguo edificio del Hotel diligencias fue que la coincidencia de los apellidos entre los poseedores del mayorazgo y patronos del hospital de Loreto, con Antonio Díaz Aragón hizo sospechar un parentesco. Esta vez se corrió con mejor suerte, localizandose el acta de bautismo de Antonio en 1825, por lo que el dato en la biografía escrita por Ituarte esta equivocado, este acta con el nombre completo de la madre coincidió con una de las hijas de Dionisio Aragón casado con una de las últimas poseedoras del mayorazgo fundado por Gonzalo García de la Hacha.

Por último, se indago en internet si había parentesco entre Antonio Díaz Aragón y la arquitecta Concepción Díaz Cházaro; encontrándose una pequeña biografía y genealogía de la arquitecta donde se confirmaba que su abuelo había sido Roberto Díaz Romero, hijo de Antonio Díaz Aragón.

Se habían encontrado los eslabones que faltaban, todo encajó como rompecabezas.

La historia de esta familia queda por escribirse, aquí solo se muestra la línea genealógica entre Hernando de Morales y la arq. Concepción Díaz Cházaro. Un análisis completo de las diferentes generaciones y su interconexión con la vida pública, administrativa, militar y religiosa, seguramente lo tendrá que realizar algún historiador o/y algún miembro de la familia interesado en el tema.

En la rama que llega hasta la arquitecta se cuentan 13 generaciones, aunque si se toma en consideración que dicha generación tiene hijos y nietos, se puede establecer que son 15 las generaciones que han transcurrido en poco más de 400 años. Los nombres de los descendientes que faltan a partir de la sexta generación es posible encontrarlos en  el Archivo Histórico de la ciudad de Veracruz  y de la octava generación en adelante seguro que se encontrarán en los archivos parroquiales y civiles.

Eventos importantes.

Hernando de Morales fue un médico que, parece, primero vivió en la ciudad de Veracruz, a orillas del río Huitzilapan, y luego se mudó a Buitrón, frente a la isla de San Juan de Ulúa, donde ya estaba en octubre de 1599. A este lugar a partir de abril de 1600 se le nombró como la ciudad de la Nueva Veracruz. Hernando murió en dicha ciudad entre 1604 y 1608.

El 31 de enero de 1597, se dio un mandamiento acordado para que el castellano de San Juan de Ulúa viera e hiciera información de un solar que pedía Hernando de Morales, a pesar de  no tener datos sobre el otorgamiento de la merced, es muy probable que se hubiera dado ya que en 1601, tenía un solar al sur de la ciudad y en 1602 y se le señala como propietario del solar frente a la plaza, mismo lugar que actualmente ocupa el hotel Diligencias. En febrero de 1600, también adquirió por donación el solar de Etor Gallegos, situado en donde años después se construyó el hospital y capilla de Nuestra Señora de Loreto.

Al morir Hernando, le sobrevivieron su viuda (se desconoce su nombre) e hijas: Francisca de Morales, casada con Gonzalo García de la Hacha y Ana Eugenia de Morales, casada con Gregorio de Torres Mayoralgo.

Gonzalo García de la Hacha fundó un mayorazgo en el que quedaron vinculados varios inmuebles de la ciudad. Este fue un evento clave para que quedara registro de los descendientes directos de Gonzalo cuando menos por los siguientes dos siglos, porque los libros de la parroquia en donde se anotaban los bautismos, matrimonios y defunciones se perdieron, lo mismo sucedió con los documentos del ayuntamiento. Los diversos trámites de sucesión, ya sea del mayorazgo o capellanías, permiten el seguimiento de los sucesores hasta principios del siglo XIX, ya que en 1809 se tiene registrado como el último sucesor conocido, al aún menor Mateo Domingo Esteban Aragón y Vega, hijo de Dionisio Aragón y María Teresa de Vega García de la Hacha. No se sabe si el mayorazgo se extinguió con el decreto de 1823 o antes. En esos primeros años del siglo XIX, la familia dejó de poseer el inmueble enfrente de la plaza de armas.

A partir de esos años, los hijos de Dionisio y Teresa solo llevaron los apellidos Aragón Vega, olvidándose el “García de la Hacha” que se había mantenido desde el siglo XVII, para las siguientes generaciones solo los descendientes masculinos conservaron el apellido Aragón, mientras que las mujeres lo perdieron.

Genealogía de la arquitecta Concepción Díaz Cházaro.

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Notas relacionadas:

Hotel Diligencias en Veracruz – 150 años en 8 imágenes.

Biografía de Juan Klunder y Díaz Mirón (1869-1952)

Biografía de José Peña Fentanes (Pepe Peña).

Veracruz: Fotografías de José T. Bureau (1a. Serie)

18 marzo 2018

Ulúa. Torre de señales. El caballero Alto en el Baluarte de San Crispín. Años: 1910s.

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Esta primera serie de fotografías de José T. Bureau abarca desde las primeras que se han localizado hasta algunas de la década de 1910s, incluyéndose algunas de la ocupación estadounidense de 1914. Además de tener en cuenta un orden cronológico se buscó que las fotos de la década de 1910 solo tuvieran como tema  el mar, el puerto y la ciudad.

Las fotos que tomó Bureau de la ocupación estadounidense no son de combate o de los actos inmediatos como las detenciones, cateos, etc., incluso no se localizó ninguna de las escenificadas o falsas que otros fotógrafos si publicaron. En las fotos se retrató la vida en los campamentos, los barcos en la bahía, esto es, cuando ya habían pasado los días de mayor tensión y transcurrían  los tediosos días sin mayores sobresaltos para la ciudadanía o para los invasores.

El retratar los momentos espectaculares que proporciona la naturaleza desde la ciudad, fue un tema recurrente en los fotógrafos de la época. Bureau tiene sublimes fotos con amaneceres y atardeceres en donde conjuga el mar y el sol con los barcos, lanchas y rompeolas. Así mismo, presenta el mar embravecido por algún norte impactando en los rompeolas.

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1904

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Cañonero Tampico en la bahía de Veracruz, publicada en El Mundo Ilustrado el 31 de julio de 1904. Esta es una de las dos fotos más tempranas conocidas de Jose T. Bureau.

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Cañonero Veracruz en la bahía de la ciudad. Fotografía publicada el 31 de julio de 1904 en El Mundo Ilustrado.

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Calle Benito Juárez a principios de la década de 1910. A la izquierda, la antigua iglesia de San Francisco, en ese entonces, utilizada como Biblioteca del Pueblo y la torre como faro; al fondo las bodegas metálicas y ediicio de la Aduana Marítima. Esta fotografía también la editó Rieken y Martinez y Latatí & Bert. Buena parte de las fotos de Rieken y Martínez tienen el mismo tipo de letra que esta foto, así que es fácil suponer que son del mismo autor, aunque no tengan la firma.

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Crucero francés “… Strees”. Veracruz.

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1913

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“No. 7. Vista de la avenida Bravo, desde J. M. Betancourt, a las 11:30 a.m. J. T. Bureau.” La noche del 29 de junio de 1913 se incendio un tanque de petroleo perteneciente a la compañía El Aguila, continuando hasta el día 30, fecha de la imagen. Foto compartida en facebook por: Ricardo Cañas.

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1914

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“Grupo de diez y seis barcos americanos frente a Veracruz. Año: 1914.

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Crucero acorazado britanico HMS Suffolk en la bahía de Veracruz. Posiblemente en 1914.

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Incineración de enseres de la Escuela Naval. Fuente de foto: Getty Museum.

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“Desbaratando casetas frente a la Terminal.” Año: 1914.

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“Preparativos de marcha en los médanos”. Foto tomada durante la invasión estadounidense de 1914. Por el tipo de firma parece que se trata de una reimpresión hecha en los años 1930s o posterior. Fotógrafo: José T. Bureau.

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“Campamento americano cerca de los médanos.” Año: 1914.

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Campamento americano bajo palmeras de coco. Año. 1914. Fuente de foto: Getty Museum.

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“Grupo de tiendas de campaña detrás de la cárcel mpal.” Año: 1914.

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Aspecto del frente de la cárcel municipal. Av. Ignacio Allende. Año: 1914.

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Edificio de Correos y Telégrafos. Al frente del edificio parece que va un militar estadounidense a caballo, por lo que la foto debe ser de 1914.

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Tropas estadounidenses en las bodegas de la aduana. Año: 1914.

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No. 2 Panorama de Veracruz. El centro de la ciudad visto desde la torre de la antigua iglesia de San Francisco. Año. 1914.

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No. 5 Panorama de Veracruz. Vista de la parte oeste de la ciudad desde la torre de la antigua iglesia de San Francisco. A la izquierda, la calle Juárez y a la derecha, se ve la parte trasera del Teatro Dehesa (hoy, Teatro Clavijero). Año: 1914.

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No. 6 Panorama de Veracruz. Edificio de Correos y Telégrafos en 1914. Atrás del edificio, frente al edificio de la Terminal, un campamento militar de los estadounidenses.

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No. 9 Panorama de Veracruz. Foto realizada desde la torre de la antigua iglesia de San Francisco, en primer plano los terrenos ganados al mar y al fondo San Juan de Ulúa. Año: 1914.

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Vista norte de San Juan de Ulúa. En primer plano, el Dique del Norte visto desde la Punta del Soldado. Años: 1910s.

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San Juan de Ulúa y Dique Flotante. Años: 1910s.

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Dique Flotante y Observatorio. Años 1910s.

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Ulúa. Torre de señales. El caballero Alto en el Baluarte de San Crispín. Años: 1910s.

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Mar borrascosa. Años: 1910s.

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Oleaje fuerte. Años: 1910s,

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Un apacible amanecer en la bahía de Veracruz. Años: 1910s.

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Mañana nebulosa. Años: 1910s.

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Salida de sol. Años: 1910s.

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Sol de verano. Años: 1910s.

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Crepúsculo. Ese es el título que le asigno su autor pero más bien parece una mañana en playa Sur. Años: 1910s.

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El autor no le dio título pero parece fue tomada en la tarde. Años: 1910s.

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Foto tomada a contraluz una tarde desde el Malecón III o Muelle de Pescadores. A la izquierda, el perfil de la antigua ciudad ya la derecha, la silueta del edificio de la Dirección de Faros. Años: 1910s.

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Contra Luz. Atardecer visto desde el Malecón III o Muelle de Pescadores. Se alcanzan a ver las casas de la av. Xicotenctatl. Años: 1910s.

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Isla de Sacrificios. Años: 1910s.

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Notas relacionadas:

José T. Bureau: Fotógrafo veracruzano de la primera mitad del s. XX.

Veracruz: Las firmas del fotógrafo José T. Bureau.

Veracruz: Análisis de una foto de José T. Bureau.

Veracruz: Análisis de una foto de José T. Bureau.

17 marzo 2018

Las 5 postales con la misma foto publicadas por varios editores.

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Existen fotografías de la ciudad de Veracruz de principios del siglo XX que fueron impresas por varios editores de tarjetas postales, creando dificultades para determinar quién fue el primero que la imprimió o quien fue el autor de la imagen.

En esta situación se identificó una fotografía de la que se tienen 5 ediciones: Una firmada por José T. Bureau, una editada por Riecken y Martinez Sucr., y tres editadas por Latapi & Bert, dos de ellas coloreadas.

La fotografía muestra la calle Juárez desde la av. Independencia hacia la av. Morelos. A la izquierda, está la antigua iglesia del convento de San Francisco, convertida en ese momento en la  Biblioteca del Pueblo y la torre en Faro; al fondo, se ve parte de los cobertizos metálicos y el edificio de la Aduana Marítima. Por los datos de la imagen en si misma no se puede establecer el año en que fue tomada pero por los datos adicionales añadidos en las postales se tiene que en una de ellas el matasellos es del año se 1912, por lo tanto, se puede suponer que la foto y edición es cercana a ese año.

La falta de datos documentales que permitan establecer quien fue el editor más antiguo y el probable autor de la foto original, llevo a hacer un análisis comparativo de las imágenes y el texto que contienen  con la finalidad de llegar a una aproximación.

Así se encontró que:

Hay pequeñas diferencias en el tamaño de la foto. La foto de Bureau es un poco mayor a las otras. La de Rieken y Martínez esta recortada un poco del lado derecho, casi no se percibe.

La de Latapi & Bert tiene recortado la parte inferior, quitando con ello la mayor parte del texto que tienen la de Bureau y la de Rieken y Martínez, debió quedar solo la parte superior de algunas letras, lo que facilitó su retoque.

La foto de Bureau tiene una franja más pálida en donde esta rotulada, a diferencia de las otras que tienen un aspecto uniforme, ya que estas fueron manipuladas para desaparecer esa franja, sin embargo, en la de Rieken y Martínez quedaron dos pequeñas líneas, siendo más evidente el de la parte superior de la palabra “Faro”.

En las fotos coloreadas de Latapi & Bert y la de Rieken y Martínez se hace evidente que fueron manipuladas haciendo desaparecer los detalles reales de la escena: véase por ejemplo las nubes, y en los fragmentos que se muestran cercanos a los textos rotulados se puede ver que los detalles de la banqueta desaparecieron al compararse con la de Bureau.

En la foto de Bureau, el tipo de letra en la descripción y firma es la misma. En la foto de Rieken y Martínez aunque a la caligrafía es semejante en la descripción “Faro Benito Juárez” con la palabra “Veracruz” hay ligeras diferencias en la letras que hace evidente fueron dos personas que las rotularon.

Comentario final.

El no estar manipulada, ser la que da mayor amplitud a la escena de la calle y ser un mismo tipo de letra en toda la inscripción, se puede suponer con bastante certeza que la foto fue tomada o cuando menos editada por primera vez por José T. Bureau.

Esto lleva a plantearse si todas las fotos editadas por Rieken y Martínez y Latapi & Bert que tienen las inscripciones con el mismo tipo de letra, son realmente de la autoría de Bureau.

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Comparación de la parte inferior de 4 postales en donde se ha marcado algunas diferencias entre ellas, como el recorte que tiene una de postales de Latapi & Bert (rectángulo con línea roja); lo que quedo en la postal de Rieken y Martínez de la franja pálida de la de Bureau; y también se puede ver entre ellas la manipulación de la imagen en la zona de la banqueta.

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Texto de la postal de Bureau, al comparar letra a letra entre la descripción y y la firma se comprueba que son iguales, lo que quiere decir que fue realizada por la misma persona.

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En estas dos palabras del texto de la postal de Rieken y Martínez se seleccionaron por coincidir 5 letras, al compararse cada una de ellas es evidente que fueron hechas por diferentes personas al no ser iguales aunque a primera vista puedan parecer iguales.

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Notas relacionadas:

José T. Bureau: Fotógrafo veracruzano de la primera mitad del s. XX.

Veracruz: Las firmas del fotógrafo José T. Bureau.

Veracruz: Fotografías editadas por Rieken y Martínez Sucr. y El Fenix (1913ca).

 

Veracruz: Las firmas del fotógrafo José T. Bureau.

11 marzo 2018

Firmas localizadas de José Telesfoto Bureau Jiménez.

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José T. Bureau utilizó varias firmas a lo largo de su trayectoria de fotógrafo, sin embargo, por si misma y de manera aislada no podría establecerse el periodo de tiempo de cada una de ellas, por lo que se recurrió al contenido de la imagen y los datos que proporcionan las postales, como el matasello o inscripciones. para darles una temporalidad aproximada.

Datos adicionales que proporciona el grupo de fotografías disponibles:

1.- Paralelo a la fotografías firmadas hay dos grupos de fotos que no tienen firma pero que pueden atribuirse a Bureau sustentándose en el tipo de letra que las describe (fotos con letra manuscrita y con letra de molde).

2.- Algunas fotografías fueron reimpresas porque se encontraron con dos tipos de firmas.

3.- Otros editores, también, imprimieron la fotografías pero sin la firma de Bureau

En cuanto a las firmas, se localizaron 5 tipos de firmas que se han ordenado de manera cronológica:

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“J. T. Bureau”

Firma manuscrita con las iniciales de sus dos nombres y su apellido paterno, puesta sobre el negativo de la imagen. Las postales con esta firma parece ser, son las más antiguas, de alrededor de 1910 o principios de esa década.

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“J. T. Bureau. VERACRUZ. MEX. PROHIBIDA LA REPRODUCCION”

Toda la inscripción está grabada en altorelieve sobre la foto impresa, se compone de la firma manuscrita, el nombre de la ciudad y una advertencia.

Se utilizó la mayor parte de la década de 1910, habiendo muchas de 1914 que retratan diversos aspectos de la ocupación estadounidense.

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“J. T. BUREAU. LERDO 36 BAJOS. VERACRUZ, MEX.”

La inscripción está grabada en altorelieve es semejante a la anterior solo que el tipo de letra es de imprenta o molde, en mayúsculas y está compuesta con el nombre, la dirección y el nombre de la ciudad. A diferencia de la anterior, en está se quitó el aviso prohibiendo su reproducción y se añadió la dirección de su estudio.

Las fotos con esta inscripción corresponden a principios y mediados de la década de 1920.

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“J. BUREAU”

Esta firma solo se compone con la inicial de su primer nombre y su apellido, por lo que a diferencia de todas las anteriores, omitió la “T” letra inicial de su segundo nombre, también se hace evidente el uso de mayúsculas para escribir su apellido. La firma se puso sobre el negativo de la imagen.

Solo se localizó una fotografía con esta firma, por el aspecto urbano de la toma se calcula que fue realizada a fines de los años 1920s o alrededor de 1930. Esta imagen también tiene otra firma, por lo que puede tratarse de una reimpresión.

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“Bureau”

La firma consta solo del apellido paterno, con un tipo de letra manuscrita y por estar en negro se considera se hizo sobre la fotografía, todo ello la hace diferente a las firmas o inscripciones anteriores. Se localizaron cuatro imágenes con esta firma: dos están relacionadas con la invasión estadounidense de 1914 y una más que debió tomarse alrededor de ese año; la cuarta foto  puede datarse de finales de los años 1920s o alrededor de 1930, tiene la particularidad de tener dos firmas, una de ellas grabada en el negativo y la otra manuscrita sobre la foto.  Esto hace sospechar que estas fotos son reimpresiones hechas en los años 1930s o después, y por lo tanto, la última firma conocida de este fotógrafo.

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Notas relacionadas:

 José T. Bureau: Fotógrafo veracruzano de la primera mitad del s. XX.

Veracruz: Fotos de la Compañía Industrial Fotográfica (1929).

Veracruz: Fotografías de Ramón Díaz Ordaz (1909-1912)