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Xamapa: Leyenda del perro roncador.

7 abril 2020

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EL RONCADOR

Por Juan José González F.

Este relato tuvo su origen en el pequeño poblado de Jamapa, que está situado en la proximidad de la ciudad de Veracruz, y ocurrió en los días no lejanos de la Revolución.

Los rancheros de esta región costeña, gente sencilla que aún conserva, como resabio de las costumbres viejas, una firme creencia en la realización de los fenómenos sobrenaturales, afirman que esta historia está ligada a la existencia de un alma en pena, y como tal suelen referirla.

Jamapa pasó varias semanas de zozobra cuando sus habitantes dieron en comentar la presencia de un extraño animal, mitad perro, mitad lobo, que los incrédulos calificaban de simple can solitario de raza indefinida, mientras los versados en asuntos de ocultismo aseguraban que era un ser ultraterrenal que entre las diez y las doce de la noche cruzaba las calles del lugar lanzando lúgubres ronquidos.

La superstición hizo a la gente encerrarse desde temprano en sus casas, atrancando las puertas y ventanas después de trazar sobre la arena del frente de sus hogares los “pasos de Salomón” y otros signos que el ritual de la magia recomienda como remedio eficaz contra la acción del Maligno. Pero los días pasaban y el pueblo llegó a acostumbrarse a los diarios recorridos del “roncador”, cuyo extraño ruido no dejaba de causar pavor en las gentes, llegando a proponerse, los más valientes, organizar una partida de caza para dar fin al animal.

Armados de valor por el número y con palos y machetes como medio de agresión y defensa, se dispusieron a hacer frente al “Roncador”, apostándose a lo largo de las calles que solía recorrer.

Cerca de las once de la noche escucharon el ronquido y salieron a su encuentro repartiendo palos y machetazos a diestra y siniestra, siendo lo curioso del caso, que el animal, dando muestra de agilidad insospechada, burló los agresores y esquivó los tajos, escurriéndose entre las piernas de los agresores que no pudieron atraparlo ni herirlo.

Después del sonado fracaso, cobró fuerza el rumor de que el animal era el mismo Diablo convertido en perro y no osaron volver a atacarle.

Pero en todas partes suelen hallarse personas dispuestas a correr aventuras cuando se trataba de resolver algún misterio, y en Jamapa había una de ellas en la persona de cierto carpintero con fama de no temerle ni a Dios ni al Diablo.

Dispuesto a dar prueba de su hombría, habló con don Eugenio Fernández rico comerciante del lugar, quien le presto una escopeta de dos cañones cargada con cartuchos venaderos.

Esa misma noche, el valiente carpintero esperó al Roncador armado con la escopeta, y para no fallar la puntería, escogió un arbusto donde apoyaría en el momento preciso del disparo.

No tuvo que aguardar mucho tiempo la llegada del animal que siempre emitiendo su extraño y lúgubre ronquido se acercó al sitio.

Cuando estaba a sólo unos cuantos pasos del supuesto victimario, éste hizo fuego, mas el perro siguió caminando sin dar muestras de sobresalto por el estruendo de las explosiones a la vez que revelaba no haber sido tocado por ninguna de las postas.

Don Eugenio, que escuchó los disparos, fué presuroso con otros vecinos al lugar, pensando hallar por fin muerto al perro, encontrando con asombro que el carpintero yacía desmayado junto al arbusto, mientras que la escopeta estaba tirada a varios pasos de distancia.

Condujeron al cazador a la casa más cercana y vuelto en él de su desmayo, contó que al disparar había visto bien claro como las postas pasaron a través del cuerpo del animal sin causarle daño.

Entre los comentarios de los rancheros, que atribuían su fracaso a la mala puntería, fueron a examinar el sitio donde decía el improvisado cazador que se encontraba el perro al momento de sus disparos, y pudieron comprobar que efectivamente se notaban los pasos del animal sobre la tierra floja y los impactos de las postas, quedando asombrados al no ver rastro de sangre, siendo innegable que alguno de los balines debió haber herido a aquel extraño ser.

Pasada esta aventura, quedo mostrada la inmunidad del Roncador y nadie se atrevió a enfrentársele.

Pasaron los días y hubo uno en que ya no volvió a escucharse más su paso, pero los sencillos habitantes de este poblado siguen insistiendo en que el Roncador era el alma de alguien que había muerto en pecado, o el mismo Diablo convertido en perro.

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Fuente del texto:

González Fernández, Juan José, “El roncador”, El Siglo de Torreón, Torreón, 23 de octubre de 1947, p. 4.

Fuente de la foto: Web

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Notas relacionadas:

Medellín: La leyenda de la Dama Blanca.

Veracruz: La leyenda del Caballero Alto.

Veracruz: Lorenzo Barcelata, el compositor Jarocho.

 

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