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1948: Beatriz del Real en la leyenda y en la historia.

23 julio 2019

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El 19 de septiembre de 1948, Juan José González publicó en El Dictamen el artículo: Beatriz del Real en la leyenda y en la historia,(1) 71 años han pasado desde que su autor presentara una visión clara y desmitificadora de la persona con datos históricos documentados y marcando las diferencias con el personaje fantasioso que el pueblo construyó al paso de los años.

En esa década de 1940, Juan José González publicó otro texto en 1943 en el libro Trece leyendas e historias de la ciudad de Veracruz; (2) con el mismo título y aunque este no se ha podido consultar  puede suponerse se trata del mismo texto, acaso  con ligeras diferencias entre ellos.

El texto original parece haberse escrito años antes, a lo  mejor a finales de los años 1930s porque expresa que se rumoraba que Beatriz había vivido “en la casa en que actualmente está el cuartel de Bomberos”, dicho cuartel desde 1939 ya estaba en el edificio de la av. Zaragoza y la calle Rayón, (3) pero antes había ocupado el edificio de la escuela  José Miguel Macías, mismo que era conocido como la casa de la Condesa de Malibrán.

Resulta curioso que en la misma proporción que estos textos de Juan José González quedaron en el olvido, la leyenda continuo y varios autores siguieron publicando sus versiones dándole vigencia hasta la actualidad. Lo mismo sucedió con la investigación documental sobre Antón Lizardo que realizó José Peña Fentanes en 1957, siendo  prácticamente desconocida por lo que en lugar de ocuparse para explicar el origen del nombre del pueblo, sus habitantes han continuado con las leyendas para explicar su origen.

En cuanto a la biografía de Beatriz del Real, solo presenta los datos localizados en el Archivo Histórico de la Ciudad de Veracruz y no logro profundizar, por lo que continua exponiendo algunos datos equivocados como que suponía era inmigrante de la península ibérica, cuando actualmente se ha comprobado que era natural de la ciudad de Nueva Veracruz.

Para finalizar estos breves comentarios, se desea reconocer que de este autor se tomó la frase con que desde el 2016 se ha titulado toda la serie de notas sobre Beatriz del Real compartidas en este blog, aunque sin conocer el contenido.

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Doña Beatriz del Real en la leyenda y en la historia.

Por Juan José González.

Para quien ama la tradición, el aclarar asuntos históricos representa una tarea a veces penosa, por ocurrir que en ciertos casos, al rectificar los hechos, se tiene que destruir el relato legendario que acompaña siempre a la verdad de la Historia.

Al relucir la realidad de los hechos, mueren los héroes imaginarios se olvidan las palabras que a veces sirvieron como temas de una epopeya y el alma siente la desilusión de ver destruidos los pensamientos profundos, gloriosos y sublimes que tanto abundan en la vida de la Humanidad, o cuando se trata de simples leyendas, huyen los fantasmas de las almas en pena cual si volvieran a la paz de la otra vida después de cumplir su castigo en este Mundo.

Y en esas circunstancias, pesa sobre la conciencia del investigador, el pecado de haber desvanecido al toque de la verdad, todo el encanto de la tradición legendaria salida de la fantasía popular con el sabor regional de las cosas de la patria.

Ese sacrificio se impone en leer de la verdad, quedando en cambio el recuerdo que las tradiciones conservan por años transformadas en parte y conservando en el fondo el principio que les diera origen.

De […] leyendas que [ …] Veracruz durante el tiempo pasado figura en primer lugar la que se le atribuye haber protagonizado Doña Beatriz del Real, personaje que cautivó la imaginación de los forjadores de fantasías creando al amparo de su nombre varios relatos multiformes, casi todos cruentos, que la pintan con coloridos de mujer fatal, cuando en realidad no era sino una apacible vecina de la nueva Veracruz en el curso de la segunda mitad del Siglo XVIII.

En la leyenda recibe el título de Condesa de Malibrán, mas en sus escritos y relatos no se hace mención de nobleza alguna, y cuando su nombre figura es simplemente Doña Beatriz del Real.

Unas veces nos la presentan llevando vida licenciosa de cortesana perversa y rica que cifra sus anhelos en conquistar a los apuestos jóvenes de la ciudad que después de recibir sus favores desaparecían de manera misteriosa rumorandose que habían sido [asesin]ados arrojando sus cadáveres en cierto pozo de la hacienda. En otras, es la mujer que tiene pactos infernales, que celebra aquelarres, que ejerce la hechicería y a su voluntad por actos de encantamiento, convierte a los humanos en bestias, confecciona filtros misteriosos y vive rodeada del mayor misterio.

En las postrimerías del siglo pasado y principios del presente circularon varias versiones de su vida. Fijaban su residencia en la casa en que actualmente está el cuartel de Bomberos y corría el rumor de una comunicación secreta subterránea entre la hacienda de Malibrán y su residencia, asegurando que el pasaje era de tales proporciones que podía circular por él su volanta, que tirada por briosos corceles la llevaba en las noches hasta el patio mismo de la hacienda, pasando en el trayecto por debajo de los cimientos de las murallas y de las casas de la ciudad.

Decían que otros edificios de su propiedad tenían secretos pasadizos por largos corredores también subterráneos y que por ellos se hacía conducir en silla de manos portada por brazos de fornidos esclavos negros que estaban en pacto con el demonio al igual de los demás criados de su servidumbre.

Las famosas tinajas de San Juan de Ulúa se aseguraba fueron ideadas por su maldad sintiendo verdadero deleite cada vez que le comunicaban haber sentenciado un reo a sufrir castigo en ellas.

Siguiendo la característica de las leyendas coloniales hispanoamericanas, su persona toma a veces el aspecto de las heroínas de otros mitos, figurando su nombre confundido con el de la Dama Blanca, La Llorona y demás personajes fabulosos: pero al el Santo Oficio ni los Jueces de la Santa Hermandad, jamás tuvieron que ver con ella lo que destruye cualquier sospecha que sirviera para dar fe de tales versiones.

El carácter reservado de doña Beatriz y el retraimiento de sus costumbres fortificaron esos dichos que podemos atribuir hoy a un temperamento misantrópico e histérico y no a sus relaciones con el Maligno.

En cuanto se refiere a la historia de su vida, no hay datos concretos que señalen el lugar de su origen suponiéndose vino de la Península casada con algún hombre de armas del rey, que enviudó al poco tiempo heredando varias propiedades inmuebles, entre ellas la Hacienda de Malibran cuyo origen viene al caso citar por estar íntimamente relacionada con esta historia.

He tenido la oportunidad de estudiar en el Archivo Colonial los infolios que tratan del caso, viendo en ellos que antes de 1727 no existía la Hacienda, y que la extensión de tierra que ocupa, había sido cedida por el Virrey Marqués de Casa Fuerte, mediante decreto fechado en ese año, como justa compensación a don Antonio de el Castillo, por las casas de su propiedad que habían demolido en extramuros por estorbar el tiro de la artillería de los fuertes.

Al fallecimiento de don Antonio de el Castillo, fué adquirida la propiedad en 1730, en pública subasta, por el Capitán don Andrés Bercera, quien a su vez la vendió a Don Juan de Malibrán y Bósquez, en el año de 1761.

Durante el tiempo en que fué propiedad del Capitán Bercera parece que se realizaron algunos trabajos, tales como la construcción de las casas de la finca y dos hornos, uno para cal y el otro para cocer ladrillos, y se cita a la propiedad como un rancho de Hacienda de Santa Bárbara y a los y a los terrenos bajos existentes al Sur de las construcciones: Cienega de la Hormiga.

A petición de don Juan de Malibrán y Bósquez, el 30 de septiembre de 1761, se le otorgó escritura legal de propiedad, diciendo el acta respectiva: “…..y habiendo tomado de la mano a el dicho Don Juan de Malibrán, lo paseó por el dicho sitio donde le hizo arrancar yerbas con la mano y arrojar piedras a los cuatro vientos, con las mismas ceremonias que adquieren posesión…..” después se midió el terreno que tenía quinientas varas en cuadro y se fijaron las mojoneras.

No hay otra información hasta el año de 1797 en que doña Beatriz del Real aparece como propietaria del predio, figurando en un escrito que formulara, quejándose por los daños sufridos en su hacienda por motivo de la presa que había construido el Ayuntamiento al Norte de su propiedad, con el fin de atajar las aguas que se recogían de la ciénega que ocupaba también parte de sus tierras.

Este escrito, valioso por los datos que da acerca de la demandante, pone en manifiesto su condición y situación económica al decir: “Es constante, y la experiencia lo manifiesta que la situación de mi Hazda, donde tengo la casa de mi habitación, y oficinas necesarias para el trabajo, esta más baxa que la presa; de donde ha provenido que llevándose el curso que deban tomar (las) aquellas hacia el Río Tenolla, estancandose anegaren parte de mi Hacienda, con perjuicio del edificio que golpeaba; se huyeron mis ganados hasta Xamapa se imposibilitó el Trabajo en el Horno de cal cuya operación ha cesado donde al mes de agosto y para poder comenzar a trabajar de nuevo he erogado mucho gasto, para quitar el agua que batía mis paredes, gastando también ocho pesos en que me buscaran y trajeran unas mulas del uso de mi volanta….”

En contestación a su queja, el Cabildo determino que el Procurador General Conociera del caso para tomar las providencias necesarias, y éste dando como pretexto el hecho de que desde el año de 1734 en que se construyó la presa no había ninguna queja en ese sentido, achacó el daño reclamado a la abundancia de lluvias en la época y francamente se mostró contrario a la idea de indemnizar a Doña Beatriz del Real, llegando a decir que los perjuicios que ocasionaba la inundación a la Hacienda, no podían compararse a los que causaría a la ciudad la destrucción de la citada presa que aseguraba el caudal de agua potable que corría por las cañerías del Puerto, siendo su parecer en el sentido de que deberían quedar las cosas en tal estado.

El Cabildo tomó por su cuenta nuevamente el problema de aquellas aguas estancadas y ordenó se les diera salida, pero durante el año siguiente 1798, volvió a subir su nivel y se repitió el perjuicio lo que hizo volver a insistir en su petición a doña Beatriz, leyéndose en su escrito: “Por último V. S. deberá persuadirse que la idea de los reclamos que ha hecho y hago repitiendo esta instancia, no es otra que la de captar y mover su autorizada compasión a fin de que echo cargo de que si arruina la finca quedo en la precisión de pedir limosna para mi subsistencia, como que es savido, no tengo otro advitrio sobre que librarla: que hace tres años que esta finca no es más que mi ruina como V. S. lo podrá reconocer, pues siendo su destino el de fabricar Cal desde aquel tipo se ha ido imposibilitando por no poder las carretas trabajar en la anegación de las Aguas impedido el paso de los caminos llegando esto al terreno que hace unos 15 meses no se quema una ornada de Cal, pues la que voy a que se efectúe en el mes que entra ha demandado gastar dos meses en conducir la piedra de la cal trayendo a media carretada, para que así hayan podido las mulas de la carreta y poco a poco pasar el agua …..” Más adelante añadía para terminar:

“pero yo debo creher que V. E. tan desengañados de esto como satisfecho de mi patriotismo acreditado en la franqueza con que en años pasados cuando la terrible epidemia de viruelas, condescendi a las instancias de V. S. para hacer Lazareto las viviendas de la propia Hacienda con plena satisfacción de haber contribuido de este modo a un vien común tan interesante…” y concluía “…..En atención a toda la notoria y benigna justificación de V. S. por un efecto de su paternal representación, y de las consideraciones que se hace acrehedora una infeliz viuda, cuyas circunstancias personales y heredad son a V. S. tan constantes como su triste situación y los perjuicios que se le han inferido, se ha de servir acordar de modo que le parezca más oportuno una correspondiente compensación…”

He aquí descrita la personalidad de esta heroína de nuestras más populares leyendas locales, personalidad que se destaca entre las líneas de sus escritos siempre moderados en el decir y humildes en sus términos, razón de peso que justifica la falta del título nobiliario que se le achaca como Condesa de Malibrán.

Ella misma se llama “una infeliz viuda” y recuerda al Procurador su triste situación. En sus firmas dice: Beatriz Real, omitiendo la preposición que encajan entre nombre y apellido quienes al escribir se refieren a ella, y nunca hace mención de título o privilegio que podía haberle servido de mucho en sus demandas.

Doña Beatriz del Real pasó por nuestra Ciudad de la Nueva Veracruz dejando a la posteridad su nombre engarzado en leyendas y sucedidos que la imaginación popular aumentó a su antojo cien años después creando un personaje que infundía pavor a las sencillas gentes de la Costa. No sería remoto que el día menos pensado apareciera algún escrito que aportara mayores informes acerca de su vida, y mientras eso sucede para ratificar o rectificar las opiniones aquí expuestas, continuaremos en nuestra búsqueda por el campo olvidado del Archivo Colonial que encierra tantas sorpresas para quien con atención y empeño descifra sus infolios.

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Referencias:

(1) González, Juan José, “Doña Beatriz Real en la Leyenda y en la Historia”, El Dictamen, Veracruz, 19 de septiembre de 1948, p. 12.

(2) González, Juan José, Trece leyendas e historias de la ciudad de Veracruz, Veracruz: s.e., 1943, pp. 45-48.

(3) Platica personal con Ricardo Cañas Montalvo vía facebook, 2 de julio de 2019.

***

Notas relacionadas:

Dar click sobre imagen para leer todo sobre

Veracruz banner Malibran Beatriz del Real 01

 

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