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Veracruz: Una flota fantasma trajo el Santo Cristo.

1 diciembre 2017

Santo Cristo del Buen Viaje. 1947.

*

Leyenda sobre la forma en que llegó el Santo Cristo del Buen Viaje a la ciudad, muy diferente a todas las versiones que actualmente se conocen.

El 3 de julio de 1906, José P. Rivera publicó en el periódico La Opinión esta narración sobre lo que había escuchado en su niñez a un narrador de Veracruz.

***

Cuentos de mi tierra

El Cristo del Buen Viaje.

Era de oírse á Pilar Patibola cuando se ponía a contar cuentos.

La chiquillería de los alrededores, desde el patio de la Cotillera hasta el de La Lira y El Buen Manejo y desde el patio del Carmen hasta el de Vergara y el Consulado venía noche con noche á un zaguancillo frontero á la plazuela de Santiago, para escuchar de la boca misma del populartísimo narrador, ya la milagrosa historia de “El Caballito de siete colores,” ya las infaustas aventuras de “Ratón Pérez” á quien la cucarachita lo gime y lo llora, ya para oir con sonados despunteos de guitarra y muchos frémitos de voz y repetidos meneos de cabeza, así aquel son jarocho que ponía en todos carcajadas irreductibles:

Me regañó una india mocha

porque le tenté una chiche,

y me dijo la muy chocha:

no se me ande haciendo miche,

si anda buscando melcocha

éste rincón no es trapiche….

ó esta estrofa que era para el auditorio como la última expresión del arte literario mezclado al musical.

Alla viene ya la mujer á quien yo adoro

y en la mano trae una hermosa copa de oro:

y en la copa trae el veneno de mi amor

con él que viene á darle muerte á mi pobre y triste corazón.

Bien. Pilar Patibola era un viejecillo muy bien conservado, tanto que resguardaba admirablemente sus sesenta y siete años, los cuales apenas se conocieran si no renguease con una pierna, mismamente que si arrastrara una bola; de ahí el apodo, si no tuviera dos profundas patas de gallo; y si no le faltaran un buen número de muelas. Por lo demás estaba bien conservado: la gracia no le faltaba, atendíale la memoria, y la voz, aun cuando cascaba á ratos, tenía en ocasiones tonalidades agradables.

Pues este Pilar es el que cuenta el cuento y yo apenas podré, sumando y rehaciendo recuerdos, reproducir ahora lo que fué, algo así como una hora de admiración de guasa, de respeto.

Y dijo, perdónenme si fracasa el estilo.

Muchachos, para mí el pan, es pan, y el vino, vino, y arrejúntense conmigo y sabrán lo que es calor; y abran las orejas que por la puerta entra el viento y el fresco es lo que se queda. Han de saber ustedes que allá hace muchos años, cuando todavía no nacían sus abuelitas, pero ¡qué digo las abuelitas! ni las bisabuelitas ni las bisabuelitas de las bisabuelitas ¡que caray! si para el tiempo no hay calendario ni los días tienen padres, …… se vio venir una flota que es como decir buques y buques y buques.

En esto estábamos, parguetitos, cuando la gente que andaba por la puerta de La Aguada, comienza á decir que frito fué y no se coció; que esto, que eso, que aquello, que lo otro, que vino, que no vino, que las hilachas, que los tiliches; y tras de andar y regresar, se supo que enfilándose por el canal del sur se nos metían unos buques muy raros, ¿De donde venían? Y sobre todo ¿de qué ando yo aclarando paradas? Pues ahí verán, porque al toro por los cuernos y á la hembra por los tacones y al guapo por sus decires, quién les cuenta que en esos buques había culebra y que era necesario ser muy hombre para acercarse á ellos.

Claro. Habían venido anda y anda y anda y anda. A lo mejor se pararon. ¿Por qué se pararon? Vamos á ver ¿porqué se pararon, Adivínenmelo ustedes.

A la una…. á las dos…. si no lo adivinan están metidos debajo de la naguas de tía Chica……¿Eh? ¿quien es tía Chica?…. La vieja chaparra á quien ustedes le gritan ¡Tia Chica care gallo, muera Córdoba!….

No lo adivinaron, ¡Qué bobos! El pan para los muchachos, la verdad pa los borrachos.

Esos buques estaban solos. Eran como unos seis y me parece, según lo que me decía Doña Wenceslada, que en paz descanse y Dios la tenga en su santa gloria: los cascos eran blancos como la plata, los palos negros, como de ébano; y nadie se presentaba. Esos barcos entraron solitos y solitos anclaron.

¡Ah que doña Wenceslada! Lo cierto es que unos temiendo á Munsiú Ramón y otros esperando á otro pirata, se encerraron en sus casas ó se fueron á rezar á la Merced; pero los de más empuje los que no le tuvieron miedo á Dios ni al Diablo, á los que ninguno les rompió el piano, se fueron remando, tras-tras-tras-tras-tras-tras-tras, hasta los buques.

Y que se trepan.

¡Ay, nanita! Eso hubo que verlo. A unos les temblaban las canillas y á otros les sonaban los dientes.

Pilar Patibola hizo aquí un paréntesis, requirió la guitarra, templó, y soltóse cantando, como alusión á los hechos:

¡Ay Soledá, Soledá

Soledá de Sombrereté

á unos les tiembla la boca

á otros les tiembla el…. copete

y como no le bastara la bacha que se alzó hubo de añadir:

Ay Soledá, Soledá

Soledá de Chavarrillo

á unos les tiembla la mano

á otros les tiembla el… carrillo.

Terminado el palmoteo, concluídas las carcajadas, el cuentista siguió.

Arriba ¡qué susto! ¡Nadie, caballeros! Los buques estaban solos; pero no tanto que fuerza de registra aquí y de registra allá no dieran con un Cristo tendido sobre la cubierta del buque que guió y lo bajaron, y lo trajeron á tierra, y le hicieron una capilla, y allí iban á rezar todos los marineros para pedir favor á para dar gracias……………………. …………… ………… y entró por un callejoncito y salió por otro más chiquito y cuéntenme otro más bonito, y …….

-Oiga don Pilar. interrumpió uno ¿por qué es negro ese santo?

Patibola, con gran prosopopeya respondió.

-Ya lo contaré otro día que al fin y al cabo nunca es tarde al bien cuando llega y muchos ratos chicos hacen un rato grande y bienes y bienes hacen muchos parabienes; y como la mucha conversación es causa de menosprecio, ya se están yendo y….. hasta mañana chatos.

El hombre se metió en su tugurio y la chiquillería se fué remendando con su imaginación infantil los vacíos del narrador; á la par que recordaban con sonrisa picaresca el cantar jarocho.

Me regañó una india mocha….

JOSÉ P. RIVERA.

Fuente: Rivera, José P., “cuentos de mi tierra. El Cristo del Buen Viaje.” La Opinión, Jalapa, 3 de julio de 1906, p. 2.

***

Notas relacionadas:

Nueva Veracruz: La misteriosa fundación de la ermita del Santo Cristo.

1864: reapertura de la capilla del Santo Cristo en Veracruz.

15 de enero de 1938: Incendio en la capilla del Santo Cristo en Veracruz.

1950: El Santo Cristo del Buen Viaje en Veracruz.

1952: El Cristo del Buen Viaje en Veracruz.

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