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Veracruz: Conquistando mujeres en La Huaca (1912).

14 noviembre 2017

Calle de la Huaca (hoy, calle Manuel Doblado) vista desde la avenida Xicotencatl, posiblemente en los años 1910s -1920s. Publicada en el libro Jarochilanda. Digitalizada por Armando Merodio.

*

Entretenida crónica de un “galán” que fue a conquistar mujeres al barrio de la Huaca en 1912,  pero que no tuvo el final que hubiera deseado. En el relato se mencionan algunos negocios de la calle de La Huaca (hoy, Manuel Doblado), modismos o expresiones que aun se utilizan como Chevere, otros que nunca había escuchado o leído: Cuareales o diez cobres.

La crónica fue publicada el 24 de abril de 1912, en la columna Cinematógrafo Policial del periódico La Opinión, no está firmada.

CINEMATÓGRAFO POLICIAL

[…]

Otra noticia que les va a servir de advertencia:

Un sujeto bien conocido en la localidad, tuvo anoche la feliz ocurrencia de salir de chévere á hacer conquistas por el poblado, yendo á parar allá por el rumbo de la Huaca, que es como si dijéramos fue á caer en el nuevo nido de las águilas.

El hombre había oído decir que la calle de la Huaca esto, y que la Huaca lo otro, y la curiosidad lo hizo poner proa hacia aquellos rumbos, á ver si de veras si ó nada más es canción.

El hombre se fue á donde está la peluquería de Limón, y pidió que le hicieran la toilet, estilo Huaca.

En segunda se llegó á la Miscelánea del mismo barrio, y se gastó sus cuáreales en una botellita de legítima Florida, que vació en el pañuelo y en su camisa. Mas luego se llegó á “La Rosa” y se empujó un suave fajo de legítimo Gautier, y ya en tono, salió tumbando hasta hacer alto en una esquina de la calle de La Palma, que es como si dijéramos, una dependencia de la de La Huaca.

Pasó la primera vecina de aquel mi feudo, y el hombre nada más sacó el pañuelo; se limpió los labios, y largó su tosidita, como diciendo: ¡qué maloso soy! Pasó la segunda, y el hombre, ya más decidido, se ofreció á acompañarla, á lo que ella le contesto in continenti: ‘acompañe usted al gendarme ó á mi marido.’

Acertó á pasar la tercera: el muchacho ‘se le pego’ y principió á decirla cuanto se traía estudiado, desde ofrecerle un ilimitado cariño como en jamás de los jamases varón alguno se lo hubiera ofrecido, hasta mostróse dispuesto á hacerlo cambiar la chancla sonadora por los elegantes choclos de charol; el raído chal por el mantón de Manila, y la lamparosa falda de percal de á diez cobres, por la elegante falda de medio paso, de piqué ó de purita seda.

¡Vaya, que el hombre estaba dispuesto á echar la casa por la ventana, en vista de que le era absolutamente imposible seguir guardando en silencio ese amor tan inmenso que desde hacía tanto tiempo llevaba muy bien abrochadito dentro de la quinta entretela de su apasionado corazón.

Y la hembra, de á cuarenta. Apenas si de vez en cuando volvía la cara á verlo, como dándole á entender que la siguiera si de veras era hombre.

Y el amor propio del otro, y la esperanza de sacar raja, le hicieron caminar mansamente cada vez más lleno de entusiasmo y de esperanza de no tirarse plancha.

Se tropezó con otro amigo, y por más, que  este le invitó á pasar á echarséla, el ni le contestó siquiera, concretándose á guiñarle un ojo y hacerle señas hacia el movimiento que iba delante.

Por fin, llega la hembra á la finca, empuja suavemente la puerta y se desliza al interior dejando al otro mirando claro; éste no se dió por satisfecho, y después de vacilar un momento, se reviste de valor, y da un fuerte empujón á la puerta, abriéndola de par en par y precipitándose dentro del bohío como aquél que ha llegado al final de una larga jornada, ó como si él pagara los recibos de alquiler que pasa Cueto mensualmente.

Ya en medio de la sala, oye una voz de trueno que pregunta desde la recámara: ¿Quién es?

A lo que contesta la hembra que ya había salido al oír el ruido:

¡Mira, hijo, es el señor que se empeña en ponerme casa y en comprarme qué sé yo cuantas cosas. Desde hace rato me viene siguiendo y creo que viene á decirte lo mismo. ¡Siéntese usted, señor, que ya viene mi marido á ver qué se le ofrece…!

Y que va saliendo el otro con una tranca fenomenal, y que va empezando á componer al garboso!

Y éste, que ni las manos metía!

¡Aquella fué paliza, caballeros!

¿Quiere alguno ir á hacer conquistas por La Huaca?

Fuente: “Cinematógrafo Policial”, La Opinión, Jalapa, 24 de abril de 1912, p. 3.

***

Notas relacionadas:

1649: El caso del burro sin cabeza en la Nueva Veracruz.

1956: Un amor de Doña Beatriz del Real.

1949: IV Torneo de Pesca en Veracruz.

1949: Primer supermercado de Veracruz.

 

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