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Biografía de Beatriz del Real (1730ca-1802).

9 julio 2016
Ruinas del rancho Santa Bárbara propiedad de Beatriz del Real desde 1768 a 1802. En el siglo XIX, se conoció como rancho de Malibrán. Grabado hecho en base a un dibujo de George C. Furber de 1847.

Ruinas del rancho Santa Bárbara propiedad de Beatriz del Real desde 1768 a 1802. En el siglo XIX, se conoció como rancho de Malibrán. Grabado hecho en base a un dibujo de George C. Furber de 1847.

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Beatriz del Real es el nombre de una dama que vivió en la Nueva Veracruz en el siglo XVIII. Mujer que nació dentro de una familia, no rica pero si de la élite militar del puerto y en ese ámbito castrense estuvo cuando menos la mitad de su vida;  la otra parte de su vida, la desarrollo dentro del ámbito del comercio, como esposa de un negociante y como empresaria, forjando un modesto patrimonio, que propicio el que se dieran desencuentros con la familia del esposo.

Ella murió en 1802 pero por algún motivo no fue olvidada y pronto se generó una leyenda donde era la protagonista. La leyenda no resaltaba sus valores como mujer emprendedora o religiosa, sino algunos aspectos de su vida que pudieron ser comunes en la época pero que en la imaginación popular, se exageraron o deformaron, además de aumentarle otros. Difícilmente se podrá saber quién genero los primeros rumores,  sin embargo al repasar su vida podría insinuarse que habrán salido del ámbito familiar del segundo esposo. La versión más antigua de la leyenda data de 1861 y al paso de más de 150 años surgieron otras versiones, modificándose de acuerdo a la imaginación de cada autor que la escribió.

En esta biografía se trata de indagar en base a la documentación histórica lo que hizo Beatriz del Real durante su vida para que por contraste de lo que se cuenta de ella, se tenga una idea  aproximada del grado de deformación al que se ha llegado en las supuestas leyendas.

Los datos detallados de su vida familiar y personalidad  no se pueden tener pero si hay indicios en varios documentos con los que  se puede armar la historia más completa conocida hasta el día de hoy.

Este es un primer bosquejo de la vida de Beatriz, seguro que con el paso del tiempo seguirán surgiendo datos, sobre todo de los documentos del Archivo Histórico de la ciudad de Veracruz.

Primera etapa.

 1730s-1765

Beatriz del Real nació en la ciudad de Veracruz. Hija legítima del capitán Gonzalo del Real (murió en enero de 1749) y de Anna de Herrera, tuvo varios hermanos pero solo se conoce el nombre de dos: Blas y María Magdalena, quien en 1757 se casó con Juan Malibrán.

En 1751, Beatriz se casó con Lorenzo de Arrinda, quien era militar y que ese mismo año fue ascendido a segundo teniente de una de las compañías de infantería del batallón de la Corona.

La fecha de su nacimiento sigue siendo una incógnita, aunque puede estimarse alrededor de 1730, más o menos 5 años.  Eso se sustenta, porque al momento de su matrimonio debió tener cuando menos una edad mínima de unos 15-16 años, lo que lleva al año de 1735-1736. La edad máxima es difícil de suponer  pero bien podría ser mayor a los 20 años, porque si bien muchas muchachas se casaban a temprana edad, otras no tanto, muchas veces veían pasar el tiempo por la dote que tenían que entregar al que las desposaba, entre otras circunstancias. Así que de manera tentativa no suena ilógico señalar su nacimiento alrededor de 1730.

Beatriz durante su matrimonio con Lorenzo tuvo cuatro hijos, uno de ellos se llamó Juan Nepomuceno María, bautizado el 23 de junio de 1754, y cuando menos uno de los otros tres, fue niña que en 1766, todavía vivía. Se desconoce el año en que murieron, lo único seguro es que tres fallecieron antes de 1766 y la niña antes de 1771.

Las actividades en que se ocupó Beatriz durante su matrimonio con Lorenzo no se saben por falta de documentos que lo avalen, sin embargo, puede suponerse que se ocupó en su hogar.  Las actas de bautismo de esa época, dejan asomarse a parte de su vida social. En 1754, Lorenzo y Beatriz se hicieron compadres de Narciso Baldovino, capitán comandante del batallón de la Corona, mismo en donde servía Lorenzo. En 1756, fue madrina de una hija de Juan Antonio González y Anna Herrera, quien tenía el mismo nombre de la madre de Beatriz, por lo que podría tratarse de una prima hermana. En 1760, fue madrina de una hija del teniente Juan Francisco Camino y de Luisa Josepha Sánchez, seguramente compañero de Lorenzo.

En esta época, no solo fue comadre de españoles, también lo fue de pardos: en 1762 fue madrina  del hijo de Joseph Siscara y de María García, y en 1764, de la hija de Pedro Martir Casarin y de María Josepha Ramona Quirina. En otras actas de bautismo, solo aparece su esposo como padrino, seguramente Beatriz habrá tenido alguna relación social con los compadres de él.

Especial mención merece la relación con su hermana Magdalena, Beatriz fue madrina de uno de sus hijos: Manuel María en 1760, pero Lorenzo lo fue de cuatro, quien además fue testigo en la boda de Juan Malibrán y Magdalena. Lo que deja ver una relación estrecha entre ambos matrimonios. Otras dos madrinas de los hijos de Magdalena fueron Anna María de Herrera, que si no era la mama de Magdalena, era alguna prima; y Ana Real, sobre esta Ana queda la duda si era hermana o alguna prima de Beatriz y Magdalena. En 1757, la madre de ambas, Anna de Herrera todavía vivía.

Esto sin dejar de lado que Beatriz era sobrina de Miguel Francisco de Herrera, cura beneficiado de la parroquia de la Asunción y comisario del Santo Oficio de la Inquisición desde 1752 hasta su muerte en 1777.

Todo ello plantea una amplia y cercana red familiar por el lado materno de Beatriz

La administración de sus bienes, ya sean los de su dote o la herencia de su padre,  la debió llevar su marido, como se puede presumir del siguiente dato: En 1761, se atribuye la propiedad del esclavo Gonzalo Real a Lorenzo, sin embargo por el nombre se deduce que ese esclavo debió ser comprado por el padre de Beatriz y como para ese año ya había muerto, la propiedad debía ser de Beatriz y no de su esposo.

En estos años se encontraron tres actos que muestran el lado humano de Beatriz o en todo caso del matrimonio de Beatriz y Lorenzo. Lorenzo otorgó la libertad a dos niñas de sus esclavos Gonzalo del Real y Magdalena Sánchez al momento de bautizarlas en 1761 y 1763, que si en realidad eran de Beatriz, seguramente fue con su consentimiento. Esto junto con que fue madrina de niños pardos, refleja su cercanía y no odio hacia ellos. Otro hecho, fue haber aceptado en su casa a una niña expuesta en 1754.

Lorenzo murió entre mayo y diciembre de 1765, no se conoce que tuviera otros parientes cercanos en Veracruz. Lorenzo fue militar, el año de su ingreso a la milicia se desconoce pero en el periodo de 1744 a 1763, ascendió paulatinamente. En 1744 era alférez del batallón de la marina.  En 1751 se le nombró segundo teniente de una de las compañías de infantería del batallón de la Corona, en 1754, además era ayudante del batallón. En 1757 se le nombro ayudante mayor o primer ayudante, y finalmente en 1763,  capitán de infantería del mismo batallón. También, tenía conocimientos sobre la madera usada para arbolar navíos, así en 1756 se le comisionó para ir al río Papaloapan y determinar si era conveniente trasladar allí la madera cortada en el río Coatzacoalcos. El 15 de mayo de 1765, emite su opinión sobre unos palos de arbolar podridos que se habían enviado a la Habana. A finales de la década de 1750 y la siguiente, se le menciona en varios documentos, por cuestiones de deudas.  Las descripciones de las fichas del Archivo General de la Nación, no son explicitas pero parece que la deuda fue heredada por su suegro Gonzalo del Real.

Segunda etapa.

1766-1771

Al quedar viuda, la vida de Beatriz da un giro y se vuelve más pública, como lo evidencian los múltiples documentos.

Empezando, por los tramites de su pensión que al parecer no tuvieron contratiempo y el 23 de enero de 1766, el gobernador Felix de Ferras avisa al virrey que el día 16 dio la orden a los oficiales reales que se pague a Beatriz el medio sueldo que le corresponde del Monte Pío Militar. Así mismo, le notifica que ya dio aviso a la viuda.

Casi de inmediato, Beatriz dio muestras que sus inconformidades las daba a conocer. En los siguientes días pidió que se le evitara pagar un peso al escribano de registro por la carta de pago que debe formalizar cada vez que reciba su pensión.  El 12 de febrero, el gobernador Felix de Ferras avisa al virrey que le parece justa la solicitud y además, hace extensiva la excepción del pago a todos los casos semejantes. El día 19, el virrey aprueba lo hecho por el gobernador.

Entre mayo de 1766 y abril de 1768, se siguió una demanda contra los bienes de Lorenzo por liquidación y ajuste de cuentas que dejo pendientes el capitán Gonzalo del Real. La descripción de la ficha del catálogo del Archivo General de la Nación no aclara como se resolvió, en este caso lo importante radica en que fue un pleito que debió enfrentar Beatriz.

A principios de 1766, falleció su cuñado Juan Malibrán. Los acreedores remataron todos sus bienes para recuperar su dinero, excepto el rancho Santa Bárbara por no encontrar comprador. El rancho tenía una extensión de unas 16-17 hectáreas, a unos 2.5 kilómetros al sur de la ciudad de Veracruz,  mismo que el siglo XIX, fue conocido como rancho o hacienda de Malibrán. Estaba dedicado a la cría de ganado mayor pero, también, tenía dos hornos para hacer ladrillos y cal.

En febrero de 1768, ante el deterioro que estaba teniendo, los acreedores decidieron venderlo a Beatriz del Real en 10,000 pesos a pagar en un plazo de 3 años. En poco tiempo, Beatriz reactivo la producción de cal, teniendo su primer contrato con la Real Hacienda en 1769 y empezó a entregar cal el 2 de septiembre para las obras de Su Majestad que se realizaban en la ciudad y en el castillo de San Juan de Ulúa.

En este periodo, construyó “…un polvero de quarenta varas de largo y una galera poco mas chica de cal y canto, cuio costo ascendio a seis mil pesos poco mas o menos…”

Este fue su inicio como fabricante de cal, actividad que desempeño en las siguientes tres décadas.

En este periodo, también, adquirió la casa de Juan Malibrán. En 1767, la casa salió a remate y la compró Luis de Astudillo, posteriormente pasó a manos de Beatriz. La casa se ubicaba en la calle de la Amargura.

1771-1785

El 5 de mayo de 1771, después de 5 años de viudez, Beatriz se casó con Miguel Laso de la Vega. Ella rondaba los 40 años y él tenía 59 años. Miguel era comerciante que había tenido varios contratos con el gobierno virreinal.  En 1770 había quedado viudo de Josefa Bartola Brito y Zavala, tenía 7 hijos: José María, Miguel (1745), Pedro (1750), Rafael (1753),  María Guadalupe, María Soledad (1755) y María Josefa.  Al momento de casarse con Beatriz, varios ya eran adultos pero otros todavía eran adolescentes, que tuvieron que convivir bajo el mismo techo con ella. José María era presbítero y en las siguientes décadas llego a ser cura beneficiado de la parroquia y Comisario de la Inquisición; Miguel era capitán del Regimiento de España y vivía en México, Pedro era capitán y Rafael, alférez del mismo regimiento, ambos vivían en Veracruz. En 1787, en el testamento de María Soledad se consigna la existencia de un niño negro que Beatriz regaló a su hijo mayor.  Además, en algún momento de la convivencia, Beatriz regalo a sus hijastras alhajas de oro, perlas y diamantes.

La relación con su hermana Magdalena y sus dos sobrinas es muy cercana y de ayuda hacia ellas, ante la precaria situación económica en que quedaron tras la muerte de Juan Malibrán. En 1771, cuando se casó Beatriz, dejo varios esclavos fuera de la entrega que hizo a su marido para que el dinero que ganaban por trabajar externamente sirviera para la manutención de Magdalena y sus hijos. En 1773, Beatriz compró y reparo una casa pequeña en la calle de la Condesa, en donde vivió su hermana hasta su muerte en 1778. Las dos hijas de Magdalena, María magdalena y María Josepha se fueron a vivir con Beatriz y la casa se rentó con el fin de que el producto fuera para ellas. Manuel, el hijo varon de Magdalena,  parece que ya vivían por separado. En 1780, Magdalena se casó con Patricio Fernández y Josepha de fue a vivir con ellos, pero la relación siguió siendo muy cercana. Beatriz fue madrina de dos hijos de su sobrina María Magdalena, y durante el pleito que Beatriz tuvo con su esposo Miguel, Patricio fue su apoderado defensor. Esta cercanía continuó hasta la muerte de Beatriz, ya que la nombra  a Josefa como una de sus albaceas y beneficiaria del remanente de su caudal. María Josefa, igualmente fue madrina de uno de los hijos de su hermana Magdalena.

En esta etapa también recibe la ayuda de su tío el cura beneficiado de la parroquia, Miguel Francisco de Herrera, para adquirir la casa de la calle de la Condesa y parte de su herencia en 1777.

En este periodo, continúa estableciendo relaciones de compadrazgo como en 1778, donde es madrina de la hija de Christoval Tamaris Ramos, médico del hospital real de San Carlos y de  Rosa de Lon Mesura de Ybarra.

Además de las actividades cotidianas, familiares y amistosas, Beatriz tiene una activa participación en algunas construcciones propias y de su esposo, aunque desde el inicio de su matrimonio dejo en mano de su marido sus bienes patrimoniales.

Al parecer, todavía no se casaban Beatriz y Miguel y ya él participaba en los negocios de ella, pero es a partir de su casamiento que ella hace entrega total de sus bienes, así del rancho Santa Bárbara, como de los esclavos, dinero en efectivo, etc.

El 25 de mayo de 1771, unos días después de su casamiento, Miguel Laso de la Vega hace su primera entrega de cal para las obras reales, así mismo hará los siguientes contratos y cobros hasta el 24 de septiembre de 1785, en que ella vuelve a retomar el control.

A diferencia de su primer matrimonio, en varios casos ella se hizo cargo directamente de algunos asuntos, como en 1773, cuando  pidió se le pagase el medio sueldo que le correspondía como viuda del capitán Arrinda, ya que no se le quería pagar por no haber pedido licencia para contraer segundas nupcias a la Junta de Gobierno del Monte Pio Militar .

En 1773, adquirió y reconstruyó una pequeña casa en la calle de la Condesa, haciéndolo para beneficiar a su hermana y sus hijos.

En 1775, solicitó al cabildo de la ciudad  se le concediera un sitio en Punta de Diamante, lo que le fue concedido a cambio de pagar una renta por el piso al Ayuntamiento, allí construyó dos casas bajas de piedra. La propiedad estaba a su nombre pero la administración de las rentas la llevó su esposo Miguel.  También, ese año requirió y se le dio un permiso para construir una casa a extramuros, seguramente en la hacienda de Santa Barbara.

También, intervino con su dinero en las adecuaciones de una casa de su marido ubicada en la esquina de la actual av. Independencia y la calle Juárez. Participó en la compra del mesón llamado Nochebuena ubicado cerca de la Puerta México, aunque al final decidió que solo fuera de su esposo. En Medellín, construyó 4 cuartos junto a una casa propiedad de su cónyuge.

Todo esto, indica que aunque entregó sus bienes para que los administrara Miguel Laso de la Vega, ella seguía participando activamente en la adquisición y aumento de sus propiedades.

1785-1802

En 1785, hay una separación del matrimonio después de casi 14 años de unión, en ese momento ella contaba con unos 55 años y él con 73 años. Las disputas se generaron por el patrimonio con que disponía cada uno de ellos.  Los numerosos hijos del primer matrimonio de Miguel Laso de la Vega tuvieron disputas con Beatriz, lo que la llevo a solicitar de manera judicial se hiciera la separación de bienes, y le fuera entregado lo que llevo al matrimonio, además de lo adquirido durante el matrimonio, así como con las cuentas de cada uno de ellos. Los hijos de Magdalena, hermana de Beatriz, no se mencionan dentro de la disputa, pero seguramente no serían ajenos a estos alegatos.

No se conoce, cuando iniciaron los enconos, ya que Beatriz parecía tener buena relación con sus hijastras. Es probable, los numerosos hijos del primer matrimonio de Miguel, preveían el pronto deceso de su padre y trataban de hacer uso de sus bienes, entre ellos los de Beatriz, lo que habría despertado el recelo de ella. Será difícil determinar con certeza las relaciones personales cotidianas entre ellos que llevaron a la ruptura, pero esta historia no suena muy diferente a tantas que suceden en la actualidad.

Beatriz durante el proceso manifestó cuando menos dos veces ante el gobernador de la ciudad y por medio de cartas personales a su esposo, su disposición de restablecer la unión matrimonial, tal como lo expone en un careo que tuvieron el 21 de agosto de 1788:

“…Doña Beatris Real exponiendo varios pasaxes que no contradijo Don Miguel, todos relatibos a manifestar haver estado siempre dispuesta y llana a restituirse a la reunion, que solo ha embarasado y no a tenido efectto por su parte, respecto a no querer su esposo don Miguel separarme de sus hijos y nietos, y si que doña Beatris viba en compañia de ellos, a que em manera alguna a querido no puede condesender respecto a la poca fidelidad que le han guardado; expuso assi mismo ser constante a su Señoria que en junta o careo igual a este hecho o celebrado por orden de la Real Audiencia expreso esto mismo: dijo tambien que al efecto de vibir con su exposo a de haver practicado barias dilixencias que los traxeran a la paz, le a escripto dos cartas una que se haya en los autos, y otra que para en su poder a las que contexto don Miguel Lazo : que aun no hera tiempo de que viniera a su compañia.= Don Miguel Lazo expuso, no contextar en este particular, y si reproducir la que antes de ahora tiene dicho, que por esta rason, y otras que reprodira en derecho en el tribunal de donde dimana esta providencia; se sobreseyese en este punto.”

En otra ocasión, el 6 de septiembre,  Beatriz dio muestra de ser respetuosa y tenerle afecto a su esposo al salir en su defensa:

“Ynmediatamente su esposa Doña Beatriz Real suplico a S.S. no se extrachara a Don Miguel Lasso, y se sobreseyese en este punto.”

Esto ocurrió ante la presión que le hacían el apoderado de ella y el gobernador para que contestara con precisión el cuestionamiento sobre si había recibido ciertas cantidades de dinero.

Esto dos hechos retratan a una Beatriz humana, diferente a la mujer dura y cruel de la leyenda, pero sobre todo con la intención de salvaguardar su matrimonio.

Aun con ello la disputa siguió y parece término hasta 1791, 6 años después de su inicio. La documentación con los detalles de todo el proceso consta de varios cientos de fojas que hacen difícil presentar un resumen, pero puede decirse que aunque parecía fácil y sencilla la petición de Beatriz de que le fueran devueltos los bienes que llevo al matrimonio que incluían bienes muebles inmuebles y hasta seres humanos. En los 14 años de matrimonio estos no se conservaron intactos. El rancho necesito de pago de deudas, reinversiones o habilitado, en lo que el esposo alegaba había puesto de su caudal y requería su reintegro. En las casas además de los ingresos por rentas, se tenía que descontar las reparaciones, o inversiones en su construcción; muchos muebles sufrieron el desgate de los años, otros se adquirieron durante el matrimonio, por lo que había que detallar quien y como se compró o llego al matrimonio. En cuanto a los esclavos, algunos murieron, otros fueron vendidos, por lo que determinar que sucedió con cada uno de ellos y como se usó el dinero producto de su venta, complicaba hacer las cuentas, lo mismo sucedió con el dinero en efectivo, las joyas. Si toda la actualización del costo y destino de cada uno de los bienes era complicado, a ello hubo que sumarle la mala situación económica de Miguel Laso de la Vega.  Que también pudo ser uno de los motivos originales del pleito y del retraso en la devolución del patrimonio de Beatriz.

La justicia desde el principio dio la razón a Beatriz y ordenó a Miguel que devolviera a su esposa los bienes.

Entre agosto y diciembre de 1785, le entregó a Beatriz el  rancho Santa Bárbara, la casa de la calle de la Amargura, así como bienes muebles, quedado pendientes de hacer cuentas sobre los ingresos y egresos habidos durante el matrimonio, ademas de diversos bienes muebles  o su equivalente en dinero que siguió reclamando Beatriz, los que tuvieron que esperar varios años en finiquitarse.

El 24 de septiembre de 1785, casi dos meses después, reinicia la entrega de cal para las obras reales, continuando con ello hasta fin de diciembre de 1786, que por algún motivo no aclarado, se interrumpió.

El 24 de enero de 1788, los Ministros de Real Hacienda, y cajas de la Nueva Veracruz y puerto de San Juan de Ulúa certificaron que desde 1768 hasta 1786, Beatriz había proveído de cal para las obras reales: de la muralla, la del hospital de la tropa San Carlos, la construcción de los nuevos almacenes, garitas de las tres puertas: México, Nueva, y Merced, composiciones del cuartel de dragones, y casas cuarteles de la tropa de infantería y otras de la misma naturaleza, como asimismo para las de la real fuerza y castillo de San Juan de Ulúa.

Seguramente, continúo produciendo cal para su venta a particulares, pero siempre con la intención de contar con entregas seguras y constantes que le dieran estabilidad a su empresa.

En julio y septiembre de 1790 se dirige al virrey conde de Revillagigedo solicitando le sea adquirida la cal que producía en su rancho, alegando que era su única fuente de manutención.  En ambas ocasiones, los ingenieros encargados de las obras del Rey se negaron a recibir la cal por no ser necesarias, ya que según ellos contaban con la suficiente.

En 1796, Beatriz vuelve a dirigirse al virrey, en este caso al marqués de Branciforte, para que le sean tomadas la fanega de cal que pueda producir en su fábrica, el virrey lo aprobó pero las autoridades locales después de varios meses se lo negó con la misma justificación que en 1790.

Esto no impidió que le compraran cantidades menores como lo demuestra un recibo del 22 de abril de 1797, en donde Luis Rafan, sobrestante de las obras reales, pagó a Domingo Josef Rubio 56 pesos y 2 reales por 150 fanegas de cal para la obra de composición de Casamata. La cal fue producida en la hacienda de Beatriz.

El 15 de octubre de 1794, Beatriz se dirige al virrey para solicitarle 12 indios mecos para su hacienda, exponiéndole que hacía días la tenía sin uso por escasear los trabajadores de campo. En esta ocasión le fueron negados, pero años antes había tenido otros que habían fallecido. No se sabe cuántos, ni cuantas veces le repartieron indios mecos, pero se tiene el dato que en 1781, su esposo había solicitado 6 indios.

En 1800, solicito se le concediera una asignación del Ramo de Vacantes Mayores y Menores, por encontrarse en las mayores necesidades. No le fue concedida.

Todo esto hace constar que esta última etapa de su vida como empresaria no le fue del todo bien y no escasearon los problemas, como el que tuvo con el ayuntamiento de la ciudad de Veracruz, que en su intento de mejorar las instalaciones que llevaban agua a la ciudad desde la laguna inmediata al rancho le ocasionó daños. En agosto de 1797, el rancho se inundó porque al construirse la presa sobre la laguna de Malibrán no se verificaron los niveles que alcanzaría el agua en temporada de lluvias. En marzo de 1798, Beatriz expuso al ayuntamiento los daños de la inundación, buscando le cubriera los daños y gastos que tuvo que hacer para desalojar el agua, buscar los animales que huyeron de su terreno. En los siguiente años, continuo con estos problemas.

En cuanto a su vida familiar en esta última etapa de su vida, poco se puede saber. La pareja vivió separada, no hubo divorcio. En 1795, Miguel murió siendo marido de Beatriz. El 28 de noviembre fue enterrado en el camposanto de la capilla del Santo Cristo del Buen Viaje. Nombro por herederos a sus hijos, y por supuesto, Beatriz quedo fuera de los beneficiarios.

Al dejar la casa de Miguel, no se sabe con certeza a donde se mudó pero es muy probable que viviera en la casa de la calle de la Amargura, que era de su propiedad. En 1790 las cartas las firma desde su rancho de Santa Bárbara, por lo que seguramente allí vivía. En 1796, residió en Xalapa, lugar en donde vivían dos hijas de su fallecido esposo, ¿Acaso hubo cierto acercamiento entre ellas? Parece que si, como lo demuestra el que en su testamento, al pedir que después que su heredera Josefa Malibrán falleciera, el remanente de su capital se distribuyera entre las mujeres necesitadas de su esposo fallecido, en caso que no hubiera parientas suyas en primero y segundo grado.

En esta etapa de su vida la religión también ocupó gran parte de su tiempo ya que era hermana profesa de la tercera orden de San Francisco, y pertenecía a 7 cofradías y archicofradías de la ciudad:  la Archicofradía del Santísimo Sacramento, la cofradía del Patriarca Señor San José, la cofradía del Santo Entierro de Cristo y Soledad de María, cita las tres en la iglesia parroquial; la Archicofradía de Nuestra Señora del Rosario, la cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, ambas en el convento de San Francisco; de la cofradía de la Pura y Limpia Concepción y de la cofradía de Nuestra Señora del Carmen en el convento de la Merced. No se sabe cuándo ingreso a cada una, es muy probable que en varias de ella haya entrado por influencia de su esposo Miguel Laso de la Vega, que igual perteneció a varias cofradias e incluso llegó a ser mayordomo.

Además de que toda su vida tuvo relación familiar y amistosa con la jerarquía eclesiástica: Los dos comisarios de la Santa Inquisición y curas beneficiados de la parroquia de la segunda mitad del siglo XVIII, fueron familiares: Miguel Francisco de Herrera era su tío, hermano de su madre (comisario de 1752 a 1777) y José María Laso de la Vega (comisario de 1777 a 1796ca) era su hijastro, hijo de su segundo esposo. El fray Agustín de Burgos, de la orden de San Agustín y notario de la inquisición, tenía parentesco con Beatriz, pero no sabe en que grado. Seguro que mantuvo amistad con varios sacerdotes, pero por el momento solo se puede comprobar la amistad y confianza con el presbítero Esteban Antonio de Burgos, teniente de cura en la capilla del Santo Cristo del Buen Viaje, que fue uno de sus albaceas y que por el apellido puede suponerse que era su pariente.

Beatriz falleció el 14 de septiembre de 1802 y fue enterrada al día siguiente en la entrada de la capilla del Santo Cristo del Buen Viaje.

*

(En proceso)

Referencias documentales y bibliográficas:

Archivo General de la Nación.

Archivo de la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora digitalizado en www.familysearch.org

Margarita de la Cruz del Ángel, et al., Catalogo de documentos coloniales 1608-1810, México : Archivo General de la Nación : Archivo Histórico de la Ciudad de Veracruz, 1993.

***

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4 comentarios leave one →
  1. Mary Calix permalink
    12 julio 2016 15:10

    Llegué a esta página gracias a un libro que estoy leyendo del Abogado Miguel Salvador. Amo a mi Veracruz y me siento orgullosa de que existe gente como ustedes que, con su conocimiento, nos permiten remontarnos a ese pasado tan maravilloso… Felicidades!

  2. Miguel Salvador permalink
    11 julio 2016 12:37

    Estimado, celebro mucho el retomar esta vida tan interesante de doña Beatriz, comparto con usted mi humilde aportación del mismo sábado publicada en la Jornada. Agradezco su valioso apoyo.
    http://www.jornadaveracruz.com.mx/Post.aspx?id=160709_062531_444

    • 14 julio 2016 10:57

      Gracias por compartir su publicación. Encontré algunos datos en su artículo que habría que comentar. Me parece muy importante su labor de difundir y revalorar la vida de esta dama, tan desprestigiada por varias generaciones de veracruzanos. Saludos.

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