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1950: El Santo Cristo del Buen Viaje en Veracruz.

6 junio 2015
Santo Cristo del Buen Viaje en Veracruz. Fotografía: 2014

Santo Cristo del Buen Viaje en Veracruz. Fotografía: 2014

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En 1950, Higinio Vázquez imprime este texto sobre el Santo Cristo del Buen Viaje de Veracruz. El autor se centra en exponer un origen genérico de la devoción y hechos milagrosos, no arriesga en proponer fechas específicas para el origen de la imagen en Veracruz, ni de su iglesia.

Incluso ubica un milagro en 1492, lo que evidentemente es un error. Ese año Cristóbal Colón llego al continente, los primeros españoles que llegaron a las costas veracruzanas fue has 1518. Posiblemente, el autor se refiera a 1892 o 1792, eso no se podrá saber.

El texto es novedoso ya que no es conocido o lo han considerado de poco valor, ya no se encontró que algún cronista, libro reciente o artículo publicado en internet haga referencia a los milagros que se comentan o se cite este libro.

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El Señor del Buen Viaje de Veracruz o el Cristo

La ciudad de Veracruz que en nuestros días ha progresado considerablemente, y que ha tenido siempre la categoría de primer Puerto de Altura del país, ostenta como una prenda del amor y de la piedad cristiana, la devotísima imagen del Señor del Buen Viaje o del Cristo. Gran devoción han tenido a ella principalmente aquellos intrépidos y osados marinos que se lanzan a los viajes de tanto peligro, principalmente en aquellas épocas de la incipiente y peligrosa navegación en que existían los: barcos de remos y de vela que caminaban al impulso de los vientos que a veces con furia indomable arrastraban a los acantilados y arrecifes, y en los nortes que son frecuentes iban al naufragio y a la muerte sus tripulantes. El hombre de mar algunas veces es indiferente al dolor humano, y también, a fuer de sinceros, debemos decirlo que es de escasa fe y de poco temor de Dios. Algunos de esos desventurados desgraciadamente, como lo hemos podido observar en nuestro trato frecuente con esas mismas gentes de mar, han perdido completamente todo sentimiento de piedad y de fe, y no pocas veces hablándoles de la confianza en Dios y de las cosas eternas, manifiestan abiertamente su incredulidad.

Pero ventajosamente, por un contraste favorable, hay muchas almas buenas y timoratas que dando cabida en su corazón al sentimiento religioso y a la piedad cristiana, tienen fe en la Providencia de Dios y a él acuden en sus necesidades y aflicciones. De estas almas creyentes y fervorosas, son de las que hemos de hablar, para manifestar cómo desde los comienzos de la dominación española profesan una devoción acendrada al Santo Cristo del Buen Viaje, al que se han encomendado cuando iban a emprender largos recorridos por el océano, ya que sólo Dios con su gran poder podía llevarlos a seguro puerto, librándolos de innumerables peligros. Nunca han faltado los prodigios en la tierra de los creyentes, y nunca ha dejado Dios de probar con hechos sobrenaturales esa misma admirable providencia entre aquellos que han creído y esperado en El y en su Santísimo Hijo Jesús, redentor del humano linaje.

Célebre es la milagrosa y devota imagen del Santo Cristo del Buen Viaje de Veracruz. Sencilla es, por demás, su historia. En comienzos de la colonia la fe iba avivándose entre los nuevos convertidos, y la devoción que representaban a Jesucristo Crucificado eran las preferidas. Entre los hechos extraordinarios que prueban que se trata de una imagen milagrosa, dícese que a fines del siglo XVIII hubo un incendio en el templo, que el altar vino por tierra y que entre los escombros se encontró sin deterioro alguno el Señor del Buen Viaje, y lo que es todavía más de admirar, y esto se hizo constar por los testigos de vista, que no había polvo en el rostro de la sagrada Efigie. Innumerables son los milagros que ha obrado esta bendita imagen, siendo algunos de ellos los que siguen:

Fue en el año de 1492, cuando hallándose Blas Martínez, con unas cataratas en los ojos que no era posible extirpar y además tullido que no se podía mover, suplicó de manera insistente a una persona de su parentela, que lo llevara ante la milagrosa imagen del Señor del Buen Viaje, pues esperaba ser curado. El pariente hizo poco caso de los deseos del enfermo, y éste desde ese día y por espacio de un mes estuvo desde su lecho haciendo oración e invocando al Santísimo Crucifijo, y he aquí que de improviso le devolvió no sólo la vista sino también y en un momento el uso de todos sus miembros, presentándose él mismo ante las plantas de la imagen para darle gracias por tan señalado favor.

En Veracruz había una familia rica de españoles denominada Márquez, de ésta dependía el señor Julián Márquez. Tenía a su servicio cincuenta esclavos por el año de 1808. Era cruelísimo con ellos y los maltrataba de tal manera que estaban los cuerpos de aquellos infelices llenos de verdugones, por lo que uno de los esclavos no pudiendo soportar más aquella vida, huyó a remontarse a un lugar denominado Paso Nacional, muy distante de Veracruz y a inmediaciones del Puerto de Alvarado. El amo envió en su seguimiento a otros tres esclavos con el encargo de traerlo atado y si se resistía darle de palos. El esclavo estaba ya en lugar seguro, pero habiendo habido la denuncia, fueron los perseguidores, le dieron alcance y tanto le maltrataron que estuvo a punto de morir. El esclavo cuando estaba en Veracruz un día había visto al Santo Crucifijo del Buen Viaje, en tan angustiosa situación lo invoca y, cosa completamente excepcional y extraña, al presentarse ante el amo, éste lo recibe con gran afecto, poniéndolo como capataz del grupo.

En el año de 1889 hubo en las inmediaciones del puerto de Alvarado un naufragio, a consecuencia de un fuerte norte, que puso en peligro la vida de todos los tripulantes que venían en la nave, estando a punto de perecer tragados por las olas del mar, en tan angustiosa situación prometieron ir a visitar la iglesia del Señor del Buen Viaje, a Veracruz, y llevarle un rico presente. Apenas hicieron esta promesa cuando cesó el viento, y los marinos de Alvarado entre los que se encontraba la célebre Mamá Lola, la mujer más caritativa y piadosa del lugar, se arrojaron al mar y sacaron sanos y salvos a aquellos náufragos. Este milagro no solamente se consignó en un retablo, sino que también la prensa dio una noticia amplia y pormenorizada del suceso, y el Ayuntamiento de Alvarado acordó poner una condecoración en el pecho de la salvadora, la que fue también uno de los instrumentos de Dios, para hacer patente su poder y su misericordia.

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Fuente:

Vázquez de Santa Ana, Higinio, Cristos célebres de México, [México], 1950, pp. 30-32

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