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1943: Localización de las ruinas de la Villa Rica de la Veracruz.

23 abril 2015
Ruinas de la Villa Rica de la Veracruz. Fotografía tomada el 7 de noviembre de 2010, por Manuel Neves.

Ruinas de la Villa Rica de la Veracruz. Fotografía tomada el 7 de noviembre de 2010, por Manuel Neves.

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LOCALIZACIÓN DE LAS RUINAS DE LA PRIMITIVA VILLA RICA DE LA VERACRUZ, FUNDADA POR HERNÁN CORTÉS DURANTE EL MES DE MAYO DE 1519.

Carlos Lascurain y Zulueta.

Considerando de interés geográfico o histórico el señalar, por vez primera, el lugar exacto en donde se erigió materialmente la Villa Rica de la Veracruz durante el mes de mayo del año de 1519, me permito presentar aquí el resultado de las investigaciones practicadas en la zona de la costa veracruzana en que tuvo lugar este suceso histórico.

El hallazgo de los restos de la Villa Rica cumple dos misiones, la primera es de fijar definitivamente que fueron tres las poblaciones fundadas por españoles en la costa del Golfo Mexicano, que han llevado, con ligeras variantes, el nombre de Veracruz; conviene, pues, señalarlas a continuación : la primitiva Villa Rica de la Veracruz, a la cual en esta breve monografía me prepongo citar, y que fué fundada por el extremeño Hernán Cortés, cabe el cerro de Quiahuixtlán y frente al Peñón del Feo Nombre, durante fines del mes de mayo de 1519, quedando abandonado dicho pueblo, por órdenes del propio Cortés, a fines de 1523 o principios de 1524, trasladándose a la margen izquierda del río Huizilápam, hoy conocido por la Antigua, mismo nombre que guarda la congregación situada en donde se levantaron los edificios de Villa Rica en este segundo puerto; ahí permaneció durante setenta y cinco años hasta que, por causas económicas, se mudó frente al islote de San Juan de Ulúa, recibiendo esta nueva población el nombre de la Nueva Veracruz, hasta quedar con el calificativo que actualmente tiene.

La segunda misión que llena el hallazgo mencionado es de que la Historia de México queda diáfanamente iluminada, pues los cronistas relatores de nuestro pasado han sido sumamente parcos en aquella parte que se refiere a los sucesos acaecidos durante los tres primeros meses después del desembarque de las fuerzas hispanas, en las candentes arenas de Chalchicueyocan. Solamente el inigualable y veracísimo Bernal Díaz del Castillo, que tuvo la visión directa de este hecho histórico habla con bastante familiaridad de la Villa Rica, En esta forma la parte aquella del Estado de Veracruz que fué el teatro viviente de un acto tan importante recobra vida histórica y es un rincón más en nuestra Patria que pasa al dominio público.

Para localizar las ruinas de la Villa Rica han sido organizadas tres exploraciones, la primera la encabezó el acucioso investigador veracruzano don Francisco del Paso y Troncoso, siendo Director del Museo Nacional de México, durante el año de 1890, ayudado en su labor indagatoria por el señor don Teodoro A. Dehesa, a la sazón Gobernador de Veracruz. Fue desafortunada, pues las ruinas continuaron ocultas; según parece cuando se inició la búsqueda en cuestión ya sobre el terreno, avisaron de Veracruz, en forma alarmante, que se aproximaba a la costa un fuerte huracán, por lo que se vió obligada la expedición a regresar; Del Paso y Troncoso lo hizo por tierra, aprovechando una visita que hacía tiempo que tenía proyectada a Zempoala, capital que fue del Totonacapan meridional.

La segunda exploración fué lograda por el señor Arthur Sinclair Holly, obteniendo iguales frutos que la anterior. Por último los señores Segarra y Julia, catalanes, vinieron de España animados para caminar la ruta que Hernán Cortés recorrió entre la costa veracruzana y la gran Tenochtitlán; colijo que debido a la hostilidad del trópico hizo que estos dos caballeros fracasaran en su intento y se concretaran a hacer el viaje a México ; esta tercera expedición fué hecha a principios de 1910. Es conveniente señalar que la investigación de las tres exploraciones alcanzó a llegar a la bahía de la Villa Rica, teniendo al frente el Peñón Cagado o del Feo Nombre, pero las ruinas se conservaron cubiertas por la apretada vegetación.

Durante el mes de junio del año 1933 fueron hallados los muros ruinosos de la Villa Rica de la Veracruz, lo que motiva una exposición más amplia, con mayores detalles, y que por carecer en esta breve obra del espacio suficiente, el autor se concreta, por hoy, a presentar los dos aspectos cardinales del hallazgo de la Villa Rica y que se divide en dos partes, siendo la primera la

HISTORIA

Siguiendo Hernán Cortés en su expedición, el rumbo de Juan de Grijalba, su antecesor, el Jueves Santo del día 21 de abril de 1519, llegó con toda su armada al islote bautizado por Grijalba con el nombre de San Juan de Ulúa, tierra por demás sugestiva para los conquistadores, pues los de la expedición anterior lograron cambiar cuentas de vidrio y objetos sin valor por dieciséis mil pesos en oro, en que fueron valuadas las joyas recibidas de los naturales. El ejército español bajó pues a tierra el viernes 22 del propio año, en el sitio precisamente en donde hoy se levanta la ciudad de Veracruz, conocido en aquel entonces con el nombre de Chalchiucueyecan, que traducido del náhualt significa: “la que tiene la enagua de chalchihuites” es decir, la “diosa verde del agua”.

Moctezuma II era por aquel entonces el emperador de los aztecas y desde la primera expedición dirigida por Francisco Hernández de Córdoba, había venido siendo informado con toda clase de detalles, lo que mucho le alarmaba la presencia de hombres blancos en la costa; así se explica que cuando las naves cortesianas anclaron en San Juan de Ulúa, ya estaban presentes ciertos embajadores aztecas, deseosos de conocer los propósitos que traían los hombres llegados por el mar, respecto a estas tierras y sus habitantes. En esta playa se iniciaron las pláticas entre españoles y aztecas, se hicieron mutuos regalos, siendo, claro es, mucho más valiosos los que venían de tierra adentro, aunque muy llamativos los donados por los hispanos. A través de estas conversaciones Moctezuma y Cortés querían conocer la potencia guerrera y diplomática con que cada uno contaba. No hubo posible aveniencia por ambas partes, pues el uno quería llegar a Tenochtitlán y el otro se oponía resueltamente, culminando esta situación con el rompimiento total de las pláticas, quedando en esta forma los españoles en completo abandono en esa ardiente playa. El desamparo creció de punto, cuando notaron los hispanos que la comida que era llevada por los naturales se había agotado y el comestible que ellos traían desde Cuba estaba mohoso y empezaba a heder feamente. La pesca era poca, el agua dulce era mala y el viento trascendía en ráfagas calientes y húmedas. Cortés ya había hecho un recorrido cuidadoso por los lugares cercanos a sus chozas de palma, en donde provisionalmente vivían y desechó por completo la idea de fundar, en ese sitio, una colonia española. Inmediatos a la playa se levantaban altos médanos de ardiente y fina arena que día y noche irradiaban sofocante calor; en las partes bajas de esos montículos vieron ciénagas de agua verdosa y espesa, de la cual salía un vaho mal oliente que nublaba la vista, al mismo tiempo millones de mosquitos picaban incesantemente las blancas carnes de los hispanos; sumándose a estos inconvenientes, la poca seguridad de las naves que estaban surtas en Ulúa, pues los vientos nortes, que son los de travesía, podían hundirlas fácilmente. Además, las poblaciones indígenas se hallaban muy distantes de ese sitio y la falta de comida era ya apremiante. Cortés, pues, resolvió internarse en el país, pero para ello necesitaba una base fortificada y un puerto seguros, tanto para defenderse de fatales ataques del Gobernador de Cuba, a quien desconoció poco antes de zarpar de Santiago como de que, en caso de verse obligado a retroceder, empujado por los habitantes de estas tierras, tuviera en donde presentar resistencia y no ser exterminados. Un grave problema para el de Medellín era su propia gente, pues entre su ejército venían muchos incondicionales de Velázquez que a todo trance querían evitar que aquél se internara tierra adentro y fundara una villa; alegaban entre otras razones de peso, que Cortés no estaba autorizado para dar esos pasos, que para ello se requería la anuencia del Gobernador de Cuba. Viéndose tu ese trance y con una astucia instintiva hizo que se formase un Ayuntamiento y que se le nombrará Capitán General de la Armada; así quedó revestido de poderes legales y podía desechar la intromisión que en esta empresa tenía dicho Gobernador. Entre otros dispositivos que tomaron los concejales, aconsejados, claro es, por Cortés, fué el de bautizar una población que se llamaría la Villa Rica de la Veracruz, pero que aún no era escogido el sitio, pero que en forma alguna sería ese de Chalchiucueyecan.

Francisco de Montejo y el ilustre piloto Antón de Alaminos fueron los comisionados por el Capitán Cortés para que navegando con rumbo norte buscaran un puerto en donde estuvieran mejor resguardadas las naves y cerca de él en sitio más amable que esta playa, se pudiera dar cima a la idea de establecer una villa. Estos exploradores llegaron hasta a desembocadura del río Pánuco y de ahí dieron vuelta decepcionados de no haber encontrado un regular puerto. En todo este trayecto, sólo descubrieron, al pie de unas altas sierras, una pequeña ensenada y enfrente de ella un islote, de color café claro; este pequeño promontorio venía siendo como la mitad de la superficie que tenía el de San Juan de Ulúa. Pudieron ver además, que a espaldas del puerto se levantaba un alto cerro de forma cónica, cubierto por espesos bosques y cuya cima era coronada por algunos adoratorios de los naturales. No tardaron los habitantes de esos sitios en aproximarse a los exploradores, animados por su curiosidad de ver la nave balanceándose en la rada; así los hispanos pudieron enterarse de que al cerro los indígenas le llamaban Quiahuixtlán y que al pie de él, existía una población totonaca, habitada a la sazón por guerreros aztecas. Prestos regresaron los exploradores a dar cuenta a Cortés de su hallazgo y le señalaron las ventajas que aquel tenía sobre éste. Con esta clara información el Extremeño resolvió trasladar su ejército a ese puerto. Los totonacas eran una tribu que habitaba la parle media del hoy Estado de Veracruz y sus términos estaban comprendidos entre el río de Tuxpan y el de la Antigua. Ellos, los totonacas, estaban al tanto de todas las pláticas sostenidas entre hispanos y aztecas y cuando supieron que éstos habían abandonado a los primeros resolvieron acercarse a los hombres blancos e invitaron a su jefe a visitar Zempoala que era la capital del Totonacapam meridional, — debemos advertir que los totonacas era una tribu dominada bajo el duro yugo de los aztecas.

Todos esos factores influyeron en el ánimo de Cortés para trasladarse al Puerto del Nombre Feo, cercano al cerro de Quiahuixtlán, para dar asiento a la Villa Rica de la Veracruz y para guarecer las naves en el mismo puerto. Además, para ir a Quiahuixtlán tenía que pasar por Zempoala que quedaba a medio camino entre Chalchiucuetecan y el Puerto del Nombre Feo. Sin más tardanza Cortés marchó por tierra con el grueso de su ejército, guiado por los totonacas y llegó a Zempoala, en donde fue afectuosamente agasajado; pernoctó en esa capital y al día siguiente siguió a Quiahuixtlán, llegando a la población totonaca a eso de las diez de la mañana. Tres o cuatro días después de algunos sucesos de gran importancia, que tuvieron lugar en Quiahuixtlán, el ejército hispano bajó a la llanura y se encaminó al inmediato Puerto del Nombre Feo, en cuya rada ya se balanceaban las once naves cortesianas. Sin más pérdida de tiempo, Cortés, tras buscar el mejor sitio cercano a la bahía, resolvió dar asiento a la primera colonia española de toda la América Septentrional. El sitio fué hallado y se iniciaron los trabajos febrilmente, antes que las lluvias avanzaran, pues era su época.

Por lo breve de esta monografía no es posible dar mayores detalles en la parte propiamente histórica, ameritándolo, pues todos son de importante interés histórico y de honda trascendencia en los primeros pasos que los conquistadores dieron en esta costa.

GEOGRAFÍA

En qué región de la costa del Golfo de México fué establecida la Villa Rica de la Veracruz, fundada por el Capitán General de la Armada Hernán Cortés el año 1519.

Orografía : — De la fragosa Sierra Madre Oriental, que corre paralela en gran trecho a la costa del Golfo Mexicano, que por el Oriente limita al Estado de Veracruz, se desprende un ramal o espolón volcánico que baja a sumergirse en las aguas del mismo litoral. Este desprendimiento se encuentra comprendido entre los 19° y 20° de latitud norte y 98* y 96° de longitud oeste del meridiano de Greenwich. La parte norte de esté saliente, inicia su avance hacia el oriente a la altura de Zacapoaxtla, Puebla, y entrando en el Estado de Veracruz, continúa al sureste de la villa de Misantla, estrechándose conforme avanza; por la parte sur comienza a descender a la altura de Xico y Teocelo, ambos pertenecientes al ex Cantón de Coatepec. Esta enorme conexión de montañas con el mar puede considerarse como la única en todo el litoral del Golfo de México, pues aunque existe, en el mismo Estado de Veracruz, otro brote de igual naturaleza, en las cercanías- del mar, que es la Sierra de San Martín, situada en el ex Cantón de los Tuxtlas, se encuentra aislado de la sierra principal.

Las diversas erupciones del Nahucampatepetl o Cofre de Perote, de las cuales no queda memoria, fueron sin duda, las que provocaron la formación de las altas montañas situadas en el espolón. La lava arrojada por el Cofre y por otros muchos pequeños volcanes situados en las faldas de esta montaña, fue bajando, buscando su nivel hasta entrar, en algunas regiones, en el mar. El contacto de la lava en estado fluido con el agua marina hizo posible la formación caprichosa de ensenadas, islotes, roca* cortadas en atrevidos tajos, suaves playas y cerros de diversas formas. Pues bien, precisamente en uno de los últimos escalones montañosos, dependientes del espolón volcánico, y que se hallan próximos al mar, es en donde se encuentran los ruinosos muros de la Rica Villa de la Veracruz. La situación geográfica de ellos, es la siguiente: a los 19° 38′ .y 40″ de latitud norte y los 96° 24′ y 50″ de longitud oeste del meridiano de Greenwich. Bernal Díaz del Castillo dice que el lugar escogido para dar asiento a la Villa Rica, estaba a medio tramo entre el cerro de Quiahuixtíán y el Peñón Bernal, punto en donde se construyó la fortaleza, por ser un lugar estratégico, ya que entra al mar, formando una pequeña península. La relación de Bernal en este aspecto es más o menos exacta, aunque parece hallarse la Villa Rica más próxima al Peñón arriba mencionado. El cerro de Quiahuixtíán y la población totonaca que tanta importancia tuvieron en los sucesos históricos, se encuentra el primero en la parte oeste de la Villa Rica, se trata de una eminencia perfectamente cónica, con 250 metros sobre el nivel del mar, distando de éste aproximadamente cuatro kilómetros. Los hispanos pareciéndoles un poco áspero el nombre de Quiahuixtlán le pusieron el Alto Bernal.

Las ruinas de la Villa Rica ocupan una superficie no mayor de una hectárea, pero aún se puede conocer el dispositivo que la puebla tenía; se alcanza a recorrer un gran tramo de la muralla que circundaba, la pequeña iglesia, la casa del Ayuntamiento y la fortaleza, aparte de otras pequeñas construcciones cercanas; todos los edificios obedecen a ejes claramente determinados. Los linderos inmediatos de la Villa Rica son los siguientes : por la parte norte se encuentra una pequeña garganta de un médano que llega hasta el cerro Coyotes ; por el lado este el Peñón Bernal, (no confundirlo con el Alto Bernal) dando lugar a que por el sur se abra una pequeña bahía, que es precisamente la que dio albergue a las naves más pequeñas, pues las de mayor tonelaje fueron amarradas al islote que por nombre recibió de Peñón Cagado, aunque Bernal con fino eufemismo le puso el Peñón del Feo Nombre y lo hizo extensivo también al Puerto del Nombre Feo.

Esta bahía fué teatro del hundimiento de las naves españolas, ordenado por Cortés, con objeto de quitar toda esperanza de regreso a Cuba de los descontentos que con él andaban. Por el mismo lado este, entre el espacio que media entre la población y el mar hay una pequeña cordillera de arena, con altura no mayor de seis metros, ocultando en esta forma su visión desde el lado del mar. Por la parte sur se encuentra la Laguna del Llano o del Camarón, misma que Bernal menciona diciendo que era una salina. Por la parte oeste está el cerro de Quiahuixtlán, hoy conocido por cerro de los Metates y otras eminencias de menor importancia. Las ruinas de la Villa Rica están al norte del actual puerto de Veracruz, distante de éste unos 50 kilómetros. El terreno en donde están localizadas forma parte de una propiedad denominada San Juan de Villa Rica.

El lugar precisamente en donde están los restos de la colonia, le llaman Potrero de Viejón o cerro de la Cantera. La Villa Rica pertenece políticamente al municipio de Actopan, ex Cantón de Xalapa, Estado de Veracruz. En los lugares vecinos a la Villa Rica se encuentran algunas rancherías, que representan un gran material para interesantes estudios de índole etnográfica y filológica, pues la gente que habita esos lugares son tipos españoles, fuertes y movedizos, demostrando en sus actos, cierta idea de superioridad; el autor ha podido recoger unos veinte vocablos de la lengua española, que ahora están fuera de uso, pero que eran comunes en los principios del siglo XVI. Es curioso, además, señalar que en esa región no se encuentra un solo indígena, según parece por la mucha hostilidad de parte de los habitantes de esa parte.

*

Fuente de texto: Lascurain y Zulueta, Carlos, Localización de las ruinas de la primitiva Villa Rica de la Veracruz, fundada por Hernán Cortés durante el mes de mayo de 1519, Revista geográfica del Instituto Panamericano de Geografía e Historia, Tomo LVIII, Núm. 1 y 2, enero-abril de 1943, pp. 191-202

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3 comentarios leave one →
  1. 16 noviembre 2015 14:43

    Da gusto encontrar joyas como esta. Encantado con conocer por fín, donde se encuentran los citados restos, tan importantes en la historia. Bien expuesto, y riguroso. Mis felicitaciones

  2. Omar Mtz. Suasnavar permalink
    25 abril 2015 17:49

    Mi reconocimiento de nuevo Uluapa sr. de verdad que el que tenga ojos y conciencia que entienda el hecho histórico, el que no que invente fábulas históricas para convertirlas en historia oficial. Saludos

  3. Leticia de Aliaga permalink
    24 abril 2015 10:04

    Me interesan mucho éstos artículos. Por favor los siguientes envíenmelos a mi nueva dirección: leticiadealiaga@gmail.com

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