Skip to content

1941: Recordando a Juan Fentanes Carrere.

24 marzo 2015
Don Juan Fentanes Carrere.

Don Juan Fentanes Carrere.

*

EL ANGULO RECTO

(A la memoria de mi maestro don Juan Fentanes)

Tomado del libro “Páginas de la Vida y de la Escuela”.

Allá en los años de mi niñez, cuando concurría a la Escuela en la ciudad de Cosamaloapan, siendo nuestro profesor y Director don Juan Fentanes, recuerdo que entre los compañeros de aquel grupo escolar, figuraba un alumno llamadoBenjamín, sobrino político del maestro. Benjamín, era inteligente, pero muy faltista, por lo que tenía reducido aprovechamiento en las diversas materias del curso. Don Juan Fentanes era un maestro competente, amable, a pesar de su aspecto severo, y muy cariñoso con su familia. Había casado en segundas nupcias con la virtuosa dama doña Amada Lagos, teniendo en este segundo matrimonio, dos hijos Amadita y César. César, que era el menor, dió muestras de buena inteligencia, desde muy pequeño, y como la escuela estaba contigua a la casa paterna, concurría con frecuencia al salón de clases de la Escuela Cantonal “Manuel Carpio” ya, para ver a su papá, o para estar entre el grupo de alumnos donde era muy querido, por su precosidad de inteligencia.

Muchas veces llegaba al salón, comenzadas las cátedras, y sentábase en los últimos mesabancos, y desde allí, oía las clases, sin entender según nuestro juicio, mucho de lo que el maestro explicaba. Otras veces el papá amoroso le designaba una silla de los asientos llamados ojo de perdiz. César, que era aún pequeño, pues ni llegaba, según mis recuerdos, a los cinco años, subía las piernecitas a la silla y como en los chicos de esta edad, es muy frecuente el desarreglo de las funciones digestivas, solía a veces hacer algunade esas gracias de los niños, lo que motivaba el enojo de don Juan, y a nosotros el consiguiente regocijo, de lo que nos arrepentíamos bien pronto, porque comprendíamos que en esa edad, casi todos hemos incurrido en esas faltas. Así las cosas, el chiquitín concurría casi diariamente al salón, oía las clases y don Juan, siempre amoroso, lo recibía y acariciaba. En los ratos de recreo, César se entregaba, a su labor, a rayar los pizarrones con yeso y aun trazaba algunas letras.

Un día se presentó, sin anunciarse, una visita, designada por el Ayuntamiento, e integrada por personas conspicuas de la ciudad, figurando entre ellos, don Francisco Lagos Quevedo, Ingeniero de Minas, que había sido discípulo de don Gabino Barreda. El señor Lagos Quevedo, que aún vive, es un hombre ceñudo,de habla rápida, de concepción de ideas hermosas que, algo se deslustran por su mímica al emitirlas, muy afecto a inquirir sobre la calidad de los conocimientos que en las escuelas se impartían, era don Francisco en aquel tiempo, el coco de los muchachos, y más de una vez les dio malos ratos a ayudantes de escuelas mal preparados; pero en cada visita; dejaba algo nuevo para nosotros, en conocimientos positivos. Don Francisco era hermano del padre de Benjamín y de la madre de César. Esa mañana, que se presentó la visita, nosotros con el temor consiguiente producido por tal acto en los escolares, no teníamos el ánimo tranquilo, y también el maestro don Juan estaba con el ceño más fruncido que de ordinario, ya que muchos de nosotros, no nos distinguíamos por puntuales y aplicados. Preocupados en extremo, no vimos cuando César llegó al salón, y al notar la visita de aquellos señores bien trajeados, se quedó allá por los últimos mesabancos, sentándose pacientemente, como de costumbre a ver y oír. Se hizo el reconocimiento de la cátedra de lenguaje, en lo que don Juan era muy exigente. Habíamos ya también presentado el reconocimiento de Aritmética, y estábamos en el de Geometría cuando el señor Lagos Quevedo, al ver a su sobrino Benjamín y guiado por un noble anhelo, quiso cerciorarse de los conocimientos de éste y lo llamó al pizarrón. El gesto de don Juan fué de desconfianza, y también el nuestro. Llegó Benjamín frente al pizarrón, y ya entonces don Francisco Lagos le dijo:

— Traza un ángulo recto.

Benjamín se quedó sin comprender lo que se le decía, y nosotros muy mortificados por su ignorancia. El señor Lagos al ver que Benjamín no sabía trazar un ángulo recto, le dijo con gravedad y cierto enojo en el tono de la voz:

— ¿Pero es posible que no sepas una cosa tan sencilla?

El muchacho se quedó avergonzado e inclinó la cabeza.Y de allá de los últimos mesabancos, se oyó la voz de un niño que gritaba:

— ¡Yo sé! ¡yo sé! — Volvimos todos el rostro. Era César que levantaba su dedito, con aire de suficiencia.

Don Francisco, sonriendo le preguntó.

— ¿Tu sabes, César?

— Sí, tío Pancho. ¡Yo sé! ¡yo sé!

Pasa al pizarrón, veremos.

El chiquillo bajó del asiento, y como el pantaloncito le quedaba muy amplio de cintura y los faldoncitos de la camisa los traía fuera de la pretina, temeroso de que se le bajara el pantalón, prudentemente se los sujetó con una mano, y así como estaba, algo sucio el rostro, porque acababa de tomar su desayuno y se le había huido a la buena madre que no tuvo oportunidad de asearlo,se fué hacia el pizarrón, valientemente, seguro de lo que decía. Todos los rostros estaban asombrados, incluso el del maestro don Juan. Y llegó el niño y tomando decidido el yeso, de un solo impulso trazó el ángulo recto, de gran tamaño, ante el general asombro. El aspecto grave de don Juan se dulcificó y llegóse hasta su hijito, lo besó conmovido, y también nosotros sentíamos la emoción del buen maestro. Don Francisco Lagos Quevedo acarició a César y volviéndose y Benjamín le dijo.

— Ya ves, César, que es un niño, y apenas si llega a los cinco años, sabe más que tú. ¡Debería darte vergüenza!

Nosotros comprendimos que don Francisco tenía razón. La visita terminó y todos salimos haciendo los comentarios consiguientes, y Benjamín, se retiró a su casa, todo apenado, Pero la lección tan eficiente para él y para todos nosotros, no la aprovechó. Siguió faltando como antes a la Escuela. Después, su mamá con el afán de corregirlo, consiguió internarlo en uno de los buques de guerra surtos en el Puerto de Veracruz. En una visita que hice con unos normalistas al “Zaragoza” allí se encontraba de guardia. Después no he vuelto a saber de él. Este recuerdo de mi niñez, de César, y de aquella escena, se ha quedado como otros muchos, profundamente grabado en mi memoria, y al narrarlo es para demostrar que solamente la asiduidad, atención y disciplina, son la base de conocimientos firmes. Ya el maestro Juan Fentanes, hace cuarenta y cinco años que pagó su tributo a la madre naturaleza. Y en Cosamaloapan, apenas si su recuerdo se exalta por uno que otro de sus discípulos, que ya deben contar los que de esa época aún vivamos, más de medio siglo de edad.

En cierta ocasión se quiso designar una de las calles o plaza de la ciudad de Cosamaloapan, con el nombre del maestro Juan Fentanes, y hasta la fecha, y sólo en la Escuela Cantonal, “Manuel Carpio”, de la que él fué su primer Director, en la época en que el General Enríquez reformo la instrucción pública en Veracruz, figura su retrato en uno de los salones de clase.

Fue de los maestros que hicieron la práctica de la Enseñanza Objetiva, en la academia Normal de Orizaba, precursores de la Normal Veracruzana que después se abrió en Jalapa, en diciembre de 1886. Era el maestro Fentanes un hombre de conocimientos amplios; literato que escribió hermosos artículos y versos jocosos y sentimentales, según se comprueba por los periódicos de la época. Hombre de nobles tendencias políticas, de valorcivil probado y liberal y patriota como el que más. Pero así es la vida, en Cosamaloapan, se ha olvidado su recuerdo y ojalá se haga justicia a su memoria, cumpliendo con aquellos acuerdos edilicios, designando alguna calle o plaza con su nombre, o elevando un sencillo monumento en su sepulcro, para siquiera contrariar en parte,la sentencia del gran don Melchor Ocampo: “Hasta cuándo se apreciará más al hombre que enseña, que al hombre que mata”.

Tlacotalpan, marzo de 1941.

Prof. Avelino Bolaños.

***

Fuente de texto: Illescas, Francisco R., Escritores veracruzanas: reseña biográphico-antológica, México: Imprenta Veracruz, 1945, pp. 356-359.

Fuente de foto: Ferat de Zamacona, Aurora, Historia de la cultura en Cosamaloapan de Carpio, 2a. edición, Xalapa; Editora del Gobierno del Estado, 1982, p. 34.

***

Anuncios
3 comentarios leave one →
  1. 28 marzo 2015 21:42

    Que buena anécdota, tan sencilla y humana..Y que buen articulo sobre este celebre hombre….Mil gracias.

  2. Victor Fentanes permalink
    25 marzo 2015 6:21

    Gracias. Podria enviar estos articulos a fentanev@outlook.com?

    Sent from my Windows Phone
    ________________________________

  3. Carlos Augusto Senties Ferat. permalink
    24 marzo 2015 23:32

    POR DESGRACIA SIGUE INCUMPLIDA LA SENTENCIA DE DON MELCHOR, PERO QUE PODEMOS ESPERAR SI A DON MANUEL CARPIO LE BIRLARLON SU PARQUE, Y AL PADRE HIDALGO LE VENDIERON PARTE DEL SUYO. ¿ DE CUANTOS EXPRESIDENTES HAY CALLES CON SU NOMRE QUE NADA HICIERON POR COSAMALOAPAN ?…..LA VERDAD ES QUE NOS FALTA CULTURA HISTÓRICA, O ¿ ME EQUIVOCO?…QUE BUENO QUE PERSONAS COMO USTED CON SUS COLABORACIONES DESPIERTEN LAS OPORTUNIDADES DE SABER Y CONOCER NUESTRAS RAÍCES TANTO HISTÓRICAS COMO CULTURALES……

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: