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Cosamaloapan: Pensando en mi terruño.

6 diciembre 2014
Cosamaloapan virgen fentanes 2014 01

Virgen de Cosamaloapan.

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PENSANDO EN MI TERRUÑO

Autor:  Edmundo H. Fentanes

(Con motivo de sus fiestas titulares).

Aunque me consideres un desamoroso, ya que hemos vivido en incomunicada separación durante mucho tiempo, acariciando siempre la tardía espera de reunirnos, como en años atrás, bajo de la casita hospitalaria que dejé la mañana de ese Enero inclemente cuyas brumas-¿recuerdas?,- se interponían a nuestra vista como el llanto a nuestros ojos; aunque tu egoísmo de madre amorosísima te dicte la insensata apreciación de no quererte con la filial delicadeza que, allá en los balbuceos de mi vida, transparentaban mis caricias, que envolvían mis besos cuando, después de enseñarme a rezar de hinojos frente a ti, destinábamos unos instantes a engolosinar nuestros propios corazones con las mieles de un extraño cariño, no dejo tampoco de reconocer y justificar, sintiendo lo que tú sientas todavía, en tu santo papel de madre, durante el largo paréntesis de material separación que las mudanzas del destino han abierto entre los dos, las crueles incertidumbres que han de aturdir tu conciencia y que te han de mantener en insomnios desesperados y en luchas sordas de opuestos sentimientos, no sin que al final amargo llanto se cuaje en tus pupilas, y se agolpen a tus sienes nuevas inquietudes.

Mas si el deseo de haberte yo abandonado (recordarás que en esa triste ocasión el bozo apenas me apuntaba y los cálidos ensueños construían en mi mente ilusos castillitos), fue obra de una ley determinista sentada en el código moral de la existencia, entonces no me condenes, madre mía, ni me juzgues un ingrato por el despojo que la vida consumó en tus más caros intereses afectivos.

¿Qué otro destino me quedaba, una vez que la pubertad salió a mi encuentro, de no ser el de emigrar de tu caliente nido e ir a la busca de una tierra prometida que me brindase otros medios de adquirir un sentido espiritual más alto, que me colocara por encima de las realidades cotidianas?…

Estimo que la sola circunstancia de haberme ausentado de ti cuando estabas más engreída con mi apañalamiento instintivo, bastó para que en tu humana condición de madre germinase la inequívoca sospecha de que otro amor acabaría por arrancarme de tus brazos. Sin embargo, con todo y que por eso ha sucedido, piensa que el tiempo y la distancia no son abismos inaccesibles para el poder maravilloso de la ingrávida onda del recuerdo, que tan pronto me lleva a tu regazo amorosísimo, como me une, con el alma atribulada, a tus horas de tristeza, o me hace vivir, allá de tarde en tarde, tus aleluyas de plácido bienestar.

¡Cuánto diera yo ahora, que te hallas en vísperas de enaltecer los días consagrados a tu Virgen Patrona –la Virgen de tus santas devociones-, por estar cerca de ti, y verte nerviosa y atareada con la hechura de tus próximos estrenos, con el lavado de los pisos de tu bendita casa solariega, y con la barnizada de tus muebles, a fin de recibir, como Dios manda, a los distintos forasteros que acudan a tu cita!…

¡Cuánto diera yo ahora, también, por asistir con el ingenuo regocijo de otras épocas, a los espectáculos de subido matiz regionalista, que pregonan los heraldos de tus fiestas decembrinas, y recordar junto a ti, al dulce sabor de las biznagas y de los chilacayotes en almíbar, los pasajes, ya borrosos, de mi cándida niñez. Y más, por oír el diáfano bronce de las dos viejas esquilas que anidan en el campanario de tu iglesia parroquial, y que parecen responder, a la febril animación de los romeros, con el tañido vibrante y espaciado de sus júbilos metálicos!…

Quizás otro día mejor, no sé cuál, vuelva la confianza de mi cariño a serenarte, al sentirnos juntos en la adorable plenitud de un fuerte abrazo.

Por ahora sólo deseo –y creo que es bien poco-, que te acuerdes de mí, de tu hijo ausente, que desde lejos te bendice con la misma pureza de sentimiento con que muchas veces te bendijo cuando era niño.

Fuente de texto: Fentanes, Edmundo H. Sensaciones y estampas veracruzanas, Veracruz: Editorial Veracruz, 1954, pp. 129-131

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