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Leyenda del callejón Líbranos Señor (Juan José González,1943).

9 noviembre 2013
Callejón Líbanos Señor (Hoy, Holtzinger) visto desde la av. Madero. Foto: Google maps.

Callejón Líbanos Señor (Hoy, Holtzinger) visto desde la av. Madero. Foto: Google maps.

En 1943, Juan José González publicó su versión sobre la leyenda del callejón Líbranos Señor, que era a la más antigua que conocia, hasta que encontré la versión de José María Esteva publicada den 1868.

La historia básica es muy semejante a las versiones que circulan actualmente en internet y libros publicados recientemente, las principales variantes que tiene con otras versiones es que no hay contacto del caballero con la dama, sino con una criatura que ella abandona en el callejón y que no muere, al contrario tiene una conversión religiosa e ingresa a una orden monacal.

Al ser una leyenda se presta a que cada autor la aderece con detalles según su intención y conocimiento histórico de la ciudad, así es como han surgido varias versiones. Será muy difícil saber cuál es la más apegada a la realidad histórica, al menos que se encontrara algún documento realizado inmediatamente después de acontecido el hecho. Claro, que eso es lo de menos y no impide disfrutarlas.

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Líbranos Señor

La gente del pueblo, siempre amante de las exageraciones cuando se trata de cosas sobrenaturales, ha aderezado infinidad de historias, llegando a citar nombres y a fijar sitios, enlodando virtudes y estigmatizando familias, a la vez que rodea la escena con la atmósfera densa y fría que hace propicia la realización de los fenómenos ultraterrenales.

En ese medio fue creada la leyenda del callejón de Líbranos Señor, uno de los más céntricos sitios de la ciudad de Veracruz. Cuenta la conseja, que en una fría noche de invierno, cuando el viento azotaba al puerto, caminaba un caballero español por la tercera Calle de las Damas, dirigiendo sus pasos a la calle de San Agustín y vio pasarla su lado, con paso rápido a una dama vestida de blanco.

Era raro que a tales horas de la noche anduviera sola una mujer, a no ser que fuera de dudosa conducta, motivo que animó al caballero de esta leyenda, a seguirla, pensando hacer fácil conquista.

Apuró el paso en su intento de darle alcance, y la dama, como si lo presintiera, hizo más ligero el suyo sin que la distancia que mediaba entre ellos pudiera acortarse.

Al llegar la perseguida al callejón existente entre las calles de San Juan de Dios y San Agustín, dobló por él perdiéndose a la vista de su perseguidor que a la carrera llegó al sitio, viendo que la dama se había detenido a la mitad del callejón y depositaba en el suelo un bulto de ropas blancas, precisamente al pie de una hornacina donde estaba la imagen de la Virgen, alumbrada por una veladora de aceite, que alimentaba el fervor de los vecinos.

El perseguidor se detuvo indeciso, esperando que la dama reanudara su camino para seguirla, y entonces vio cómo se hincaba frente a la imagen y después de orar por unos instantes volvía a ponerse en pie, reanudando el paso hacia el otro extremo de la calleja, dejando abandonado aquel extraño bulto.

El caballero siguió sus pasos y al llegar al sitio donde estaba el bulto abandonado, acertó a escuchar un tenue grito, como si se tratara de un pequeño recién nacido, al agacharse para averiguar su origen, desenvolvió el bulto, viendo con asombro que allí estaba envuelta una criatura, sólo que su tez era de un color rojo encendido y que al verle le sonrió dejando al descubierto las comisuras de los labios, por donde sobresalían dos enormes colmillos iguales a los de un jabalí.

Aún no salía de su asombro cuando la criatura habló estas palabras: “Estás condenado. . . !” y su voz era ronca y como de persona mayor. Al oír aquello, el caballero perdió el sentido, permaneciendo en aquel sitio hasta que la ronda acertó a pasar por allí y lo condujo al cercano convento donde fue atendido por los religiosos.

Por varios días estuvo sin poder recobrar el conocimiento, presa de fuerte delirio y fiebre, que hizo temer por su vida.

Ya repuesto del mal y en su cabal juicio, contó lo que le había sucedido en aquella extraña aventura, sin omitir detalle alguno.

Las autoridades tomaron cartas en el asunto, sin lograr descubrir el extraño bulto que el caballero juraba haber tenido en sus manos, y cuentan que aquel hombre, alejado de la gracia de Dios, reformó su vida y puso en bien su alma con el Señor, llegando a asegurarse que con el tiempo fue modelo de virtudes y de conducta entre los hermanos de la orden, a la cual ingresó…

Y desde entonces hace apenas unos años, se llamó a esta calleja, de Líbranos Señor.

Todo aquel que a altas horas de la noche tenía que pasar por ella, rezaba en voz baja un Padre Nuestro, repitiendo al cruzar por el frente de la hornacina, aquella parte de la oración que dice: “mas líbranos Señor de todo mal. . .”

Fuente del texto: González, Juan José, Trece leyendas e historias de la ciudad de Veracruz, Veracruz: s.e., 1943, pp. 15-16.

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Notas relacionadas:

Leyenda del callejón Líbranos Señor (Ángel Rabanal, 1958)

Nueva Veracruz: Callejón Líbranos Señor (hoy, Holtzinger)

Nueva Veracruz: Calle María Andrea.

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