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Leyenda del callejón Líbranos Señor (Ángel Rabanal, 1958)

9 noviembre 2013
Callejón Líbranos Señor (hoy, Sebstián Holtzinger). Foto: Google Maps.

Callejón Líbranos Señor (hoy, Sebstián Holtzinger). Foto: Google Maps.

En 1958, Ángel Rabanal publicó una versión totalmente diferente de la leyenda del callejón de Líbranos Señor. Está versión no la había escuchado o leído antes.

Rabanal plantea un drama entre enamorados por la oposición de los padres,  que lo hacen por existir rumores acerca de que el muchacho tenia tratos con el diablo, al final ambos mueren: ella por un disparo de su padre y él ahogado. Como se pude ver su trama es diferente al encuentro fortuito con un fantasma que plantean los otros autores.

Es de llamar la atención, la coincidencia del nombre del padre (Pascual) con el apellido del propietario de estas casas a mediados del siglo XVII (Gabriel Pascual), mas no creo que pueda ser tomado como real la relación entre ambos,  es solo una extraña coincidencia.

Está leyenda fue escrita en verso pero por ser extensa y tratando de hacer más fluida su lectura se eliminó la separación entre líneas, dejándolo como si fuera prosa. Disculpas por ello, y si desean leerlo en su estado original, los remito al libro.

**

EL CALLEJÓN DE LÍBRANOS SEÑOR (Leyenda Veracruzana)

Don Pascual Ruiz, caballero de la vieja e hidalga España, en una postrera hazaña, se lanzó en frágil velero sobre el anchuroso mar; desafiando ciclones y colmado de ilusiones pudo al fin desembarcar, en la entonces ensenada de la bella Veracruz, tierra de amor y de luz por piratas asediada.

Hizo el viaje en tal bajel con doña Blanca, su esposa, y con doña Luz, la hermosa hija adorada por él; pero por su gran largueza y su sobrada hidalguía, fue entrando día tras día en su casa la pobreza; que “el que tiene larga mano y el oro da como cobre, tendrá que llegar a pobre aunque sea un castellano”.

Por lo tanto, don Pascual, abandonó aquel alarde cuando en verdad ya era tarde para evitar tanto mal, y al soñar con gran temor por la pobreza cercado y llegando a ser criado del que fue su servidor, hasta América dio un salto para recobrar la palma, trayendo luz en el alma y la frente siempre en alto; que el hidalgo que precisa en su nobleza el desvelo, siempre va mirando al cielo y no a la tierra que pisa.

En Veracruz la fortuna pronto le salió al camino, que el hombre trae el destino consigo desde la cuna; por lo tanto aquel varón fue de muchos admirado, y por todos respetado Por su noble condición, las con todo, pudo ver acercarse la desdicha, que el destino se encapricha en muchas vidas torcer; por eso, pudo probar que aún cargaba dura cruz cuando vio que su hija Luz, bella flor en el hogar, sin cesar era asediada por un campirano, un hombre sobre cuyo honor y nombre todo el mundo murmuraba; por tanto, como un deber , al defender dicha flor en momentos de dolor, quiso el remedio poner, mas el final fue fatal porque en la humana refriega, remedio que tarde llega no puede atajar el mal.

*

D. PASCUAL: — “¿Quién os dijo, doña Blanca, que a nuestra hija tenemos en un peligro terrible?

D. BLANCA.:— El vulgo ¡Por todo el pueblo no se habla de otra cosa! “El Diablo”, es un tal sujeto que Bartolomé es llamado, siendo un hombre tan perverso que con Satanás se entiende, pues cuentan que por lo menos el alma, ya le ha vendido dos veces.

D. PASCUAL:— Yo no lo creo. Nuestra hija es la inocencia, flor de azahar que en el huerto de nuestro amor aún se mece perfumando nuestros sueños. ¡No debemos dudar de ella!

D. BLANCA: — Ya lo sé que no debemos, pero nuestra obligación es salvarla del mal viento que hace tiempo está soplando y que puede serle adverso. ¡El aire de la maldad, del mismo modo que el cierzo, a la rosa más hermosa puede  arrancarle los pétalos!

D. PASCUAL: — Siendo así hoy he de hablarle… No es malo usar el remedio antes que la enfermedad cause estragos al enfermo. Yo la hablaré … ¡ Doña Luz ! . . . ¡Venid acá; yo lo ordeno! ¡Vuestro padre!… ¿Habéis oído?

D. BLANCA: —Seguro ha de estar leyendo su santo devocionario.

D. PASCUAL: — Mas ella llega… ¡Silencio!

D. BLANCA:- ¡Todo lo que se murmura, quiera Dios que sea un sueño!

D. LUZ.- Padre mío, aquí estoy… ¿cuáles son vuestros deseos?

D. PASCUAL: — El hablaros un instante… Hija mía, toma asiento.

D. LUZ : — Empezad…

D. PASCUAL:— Bien, doña Luz: Vuestra madre y yo sabemos que un mal hombre os requiere de amores. . .

D. BLANCA:— ¿Es eso cierto?

D. LUZ: — La verdad, padres queridos, hablar claro es mi deseo. De amores soy requerida; un hombre salió a mi encuentro, pero más que un hombre malo por todo concepto es bueno, ya que en serio ha prometido hacerme su esposa…

D. PASCUAL:— ¿Y eso, puede probar la bondad?

D. BLANCA: — ¿Ignoráis que el hombre necio es siempre el que más ofrece? D. PASCUAL: — ¡El lobo astuto y perverso, suele acercarse al rebaño disfrazado de cordero!

D. BLANCA:—  ¡Sí, hija mía, es la verdad!

D. LUZ : —Yo de esas cosas no entiendo.

D. PASCUAL:—¿Masqué sabéis?

D. LUZ : —Padre mío; nada más sé que le quiero.  ¡Él se ha metido en mi alma, tan adentro…, tan adentro, que el sacarlo, ya sería darle la muerte a mi cuerpo!

D. BLANCA:— ¡Pero hija!… ¿Es posible que expreses tus sentimientos de una manera tan burda?… Su nombre saber yo quiero.

D. LUZ: — Bartolomé.

D. BLANCA:— ¡Es el mismo de quien se habla por el pueblo!

D. LUZ:- ¿y quién puede de él hablar?

D. BLANCA:— Se dice que es un perverso que al diablo vendió su alma.

D. LUZ: — Novelerías y cuentos. Su alma es mía solamente y yo, me encuentro muy lejos de ir con el Diablo; ¡con él, tendré gloria y no un infierno!

D. PASCUAL: — Reflexionad hija y ved que un fracaso en estos tiempos sería… ¡algo terrible! ¡Nuestro nombre es de abolengo y si resulta un malvado, seguro que es un plebeyo indigno de merecerte!

D. LUZ: — Nada me importa, ¡le quiero!… El origen no destruye el amor, si es amor bueno. El sólo es un campirano, es decir, un buen labriego que, al igual que los gorriones, halla en el campo el sustento y como un gorrión que ama, hacia mí tiende su vuelo pues tiene para volar las alas del pensamiento.

D. BLANCA:— ¡Pero hija!…

D. PASCUAL:— ¡Debéis ver que estáis corriendo un gran riesgo!

D. LUZ: — ¡Nadie puede contra mí!

D. PASCUAL: — ¡Mas nosotros, sí podemos! ¡Podemos desheredaros!

D. LUZ: — Poco me importa a mí eso. ¡Cuando el amor es verdad no se compra con dinero!

D. BLANCA: — Oye la voz de tus padres. ¡Saca ese amor de tu pecho!

D. LUZ: — ¡Mi pecho ya está vacío; un corazón había dentro y él fue quien se lo llevó!

D. PASCUAL: — Es decir que, ¿nuestro aserto no escucháis?

D. LUZ: —¿Para qué escucho si el amor es sordo y ciego?

D. PASCUAL: —  ¡Basta!… Si a nuestras razones cerráis el entendimiento; si a vuestros padres no dáis el santo amor y el respeto que merecen por sus años su misión y sus desvelos, os prometo que de aquí los tres pronto partiremos. Mañana, a primera hora estaréis lista, pues quiero el probaros que ese amor ha sido tan sólo un juego cuando lo veáis perderse tras la cortina del tiempo, hasta que no deje rastro, de igual modo que a los cerros la distancia, poco a poco, los va en nube convirtiendo.

D. LUZ: — ¡Todo; todo será inútil!… ¡A él tan sólo yo quiero y ese amor jamás se borra porque es como Dios…, eterno!

*

Apenas llegó la noche doña Luz, habló en secreto con el hombre que adoraba, y en vez de encontrar consuelo fue más honda su amargura y mayor su sufrimiento, porque conforme él le hablaba ella iba comprendiendo que en lugar de despreciarle aún más lo estaba queriendo.

*

BARTOLOME:—“Ya, doña Luz, no lloréis, os ruego que tengáis calma; que os amo bien sabéis y al iros, os llevaréis en vuestro aliento mi alma.

 D. LUZ: — ¿Eso es cierto?

BARTOLOME:— ¡Os lo juro!… Siempre os digo la verdad; sufrid esta crueldad que ya sabéis que el pan duro es don de la caridad. Al amaros con locura comprendo vuestro dolor, mas podéis estar segura que un amor sin amargura no puede llamarse amor. Amor, es esto, tormento,  espera, loca pasión, pesadilla, sufrimiento, ansia, muerte, agotamiento, dolor y resignación. Es el águila que nace y desde su nido escruta el valle que a sus pies yace, y orgullosa, se complace viendo en el cielo su ruta, pues tiene como consuelo que en su plumaje no hay galas y que cuando emprenda el vuelo, rasgará el azul del cielo con el poder de sus alas, porque ella, en todo momento, Iras la luz de la verdad se eleva en el firmamento como un libre pensamiento que cruza la inmensidad.

D. LUZ: — Casi me habéis convencido, mas… ¿Os dejaré de ver?

BARTOLOME: — Muy poco tiempo ha de ser; tengo un plan bien concebido; pronto seréis mi mujer.

D. LUZ: — Mas… ¿sabéis a dónde voy?

BARTOLOME: — Sé que partiréis en coche mas pensad que con vos voy porque a vuestro lado estoy con el alma, día y noche. ¡Sois rosa de tal fragancia, que podéis, con esos dones, el denunciar vuestra estancia!

D. LUZ: — ¿Y no podrá la distancia separar dos corazones?

BARTOLOME:— No impedirán mil baluartes que yo, en plan arrollador llegue por vuestro candor… ¡La luz llega a todas partes y clara luz es amor!

D. LUZ: — Como que por su destello todos los podemos ver.

BARTOLOME: — Por eso tendréis que ser mía, aunque para ello tenga el alma que vender al diablo. . .

D. LUZ: — ¿Acaso es cierto que con el Diablo tratáis?… ¿Por qué no os inmutáis?… ¡Creo es cierto tal aserto porque al hablarme tembláis!

BARTOLOME: — ¿Qué tiemblo yo? ¿Y por qué?… ¿No es el amor un diablillo encerrado en un castillo?

D. LUZ: — Tocante a él, sólo sé que se trata de un chiquillo.

BARTOLOME:— ¡Chiquillo es, pero ciego!

D. LUZ: —¿Y con esa ceguedad nos conduce a la verdad?… ¿No será el amor un juego?

BARTOLOME:—¡Nada de eso, es libertad!

D. LUZ: —¿Libertad?

BARTOLOME:— No os asombre.

D. LUZ: — Libertad no puede ser aquello que con su nombre, convierte en verdugo al hombre y en esclava a la mujer.

BARTOLOME: — ¡Quien dice amor, dice unión; horas de apacible calma entre sueños de ilusión, con fuego en el corazón y mucha luz en el alma! ¡El amor, es un lamento desde que la vida empieza, canto de naturaleza!… ¡Es el sublime momento de la suprema belleza!

D. LUZ: — A fuer de hombre leído usáis la frase maestra…

BARTOLOME: — No me daré por vencido hasta formar nuestro nido.

D. LUZ: — ¡Don Bartolomé, soy vuestra!

BARTOLOME: — ¡En verdad, si sois sincera yo no esperaré otro fallo.. . . ¡Si he de ser vuestro vasallo, huyamos, que os espera la grupa de mi caballo!

D. LUZ: — ¡Vuestro caballo!… ¿Y en él no hemos de ir a un fracaso?

BARTOLOME: — Al contrario; franco el paso tendremos, que es mi corcel alado como un pegaso, y al volar, con gran contento, tras la luz de la verdad, podréis ver en tal momento que sus crines, son al viento, bandera de libertad.

D. LUZ: — Tenéis razón. . . ¡Pero ved, os vigilan!

BARTOLOME:— ¡Me han vendido pero aún no soy vencido para caer en la red! . . .

D. LUZ: — ¡Sonó un tiro!

BARTOLOME:— ¡Estoy herido! ¡Me han tendido una celada!…¿Mas qué veo?… ¡Maldición! ¡Creo que hay gente apostada del callejón a la entrada!

D. LUZ: — ¡Quiero vuestra salvación! ¡Huid!… Lo hablado entre nos nadie podrá deshacer!

BARTOLOME: — Volveré por mi mujer.

D. LUZ: ¿Sí? ¡Jurádmelo por Dios!…

BARTOLOME:— ¡Por Dios o por Lucifer!…

*

Temprano al otro día, casi de madrugada, a doña Luz conducen a la nueva morada, por cerros y vallados recio corre el carruaje, rompiendo la nostalgia del frondoso paisaje. Doña Luz al camino mira de cuando en cuando, sus padres la contemplan sonriendo y llorando; son ideas contrarias dentro de aquel mutismo; ella es amor ardiente, ellos el egoísmo. La sigue muy de cerca un hombre bien montado, y que tiene una herida sangrante en un costado. No se da por vencido y cuando desfallece, pica espuela al caballo que recio se estremece ando fuerte arrancada a la vez que relincha, y la espuma blanquea  bordeando su cincha.

Tras dos largas jornadas llegan del viaje al fin, a la risueña hacienda del bello Medellín, y allí los tres se hospedan en severa casona que el escudo en su frontis de linaje blasona. Bartolomé ha seguido el rastro y no se aparta de ir a exponer su vida a la última carta, y aquella misma noche cubrió, su mala suerte, lo que fue hogar risueño con crespones de muerte.

*

D. PASCUAL: — “Doña Luz, hija querida, con el alma lamentamos el dejar a Veracruz pero dimos este paso, vuestra madre y yo, seguros de que palabra habéis dado, de casamiento, a quien tiene un convenio con el diablo.

D. LUZ:— ¿Y por eso, anteanoche, quisieron asesinarlo? ¡El diablo es al plomo inmune!

D . BLANCA: — Quizás por eso ha escapado.

D. LUZ: — Se escapó, mas el camino fue con su sangre regando. ¡Eso es una cobardía!

D. PASCUAL: — Hija; nosotros estamos ajenos a tal acción.

D. LUZ: — La sangre que un descalabro trajo a un hombre, por mi amor, desde ahora lo declaro que es sangre de redención. ¡Hoy más que nunca lo amo!… y sé, que aunque me encerraran en los más horribles antros, o a una sima sin fondo mi cuerpo fuese arrojado, él encontrarme podrá.

D. BLANCA: — ¡Lo que prueba que es un diablo!

D. LUZ: — Los diablos, más bien son otros; los que con escapularios ofrecen preces a Dios, mientras llevan en sus labios la santa cruz de un puñal, cuya hoja han ocultado entre místicas plegarias y oraciones de breviario.

D. PASCUAL: — Hija mía; ¿qué decís?…

D. BLANCA: — ¡Lo que habláis es gran pecado! ¡Pobre de ti ! . . . Poco a poco creo te irás confortando con Dios. En este lugar, lejos del ruido mundano, encontrarás paz y amor, que es lo que deseamos.

D. LUZ: — En esta paz yo no creo, sólo que él vuelva a mi lado.

D. PASCUAL: — Aquí no podrá llegar. Tengo hombres apostados que de él darán buena cuenta con todo y que sea el diablo. D.

BLANCA: — ¿Aún lo esperáis así?

D. LUZ: — Llegará tarde o temprano. ¡Esa es otra cobardía!

D. PASCUAL: — ¡Nos insultáis sin recato! No olvidéis que, como padres, Aún sobre vos mandamos.

D. LUZ: — ¡Pero en este corazón, que es mío, sólo yo mando!”

*

Doña Luz se recogió aquella noche temprano, que dos cosas la asediaban, la tristeza y el cansancio; pero no lograba el sueño atraer, y a largos ratos con sus pensamientos, sola, hablaba de cuando en cuando. Después de varios intentos para rezar un rosario, alzó los ojos al cielo y al ver en éste presagios de tormenta, tuvo miedo mientras contenía el llanto, con el pensamiento en él y una oración en los labios.

*

D. LUZ: — “¡No sé qué es lo que me pasa; por más que quiero, no puedo ahora el sueño conciliar; en todo mi interior siento que la inquietud me agobia, y en mi soledad yo tiemblo como pobre mariposa que ignora, en su aleteo, que a la vida y a la muerte las une el mismo misterio!… ¡Pero qué pasa ! . . . ¿Quién entra por la ventana? . . . ¡Qué veo! . . .¡Mi Bartolomé!

BARTOLOME:— Yo soy. Doña Luz, vengo dispuesto a sacaros de esta casa y creo llegó el momento de que huyamos. . . Ved, la noche viste con crespones negros y no podemos ser vistos. . .

D. LUZ: — ¡Don Bartolomé, no debo dejar este santo hogar sin tener consentimiento de mis padres.

BARTOLOME:— Vuestros padres me miran como a un plebeyo y jamás consentirán en nuestra unión.

D. LUZ: — ¡Tengo miedo!…Don Bartolomé os amo y ese amor es tan intenso que en mi interior una lucha terrible estoy sosteniendo. . . ¡Sé que si os váis sin mi de fijo no vuelvo a veros!

BARTOLOME: — Eso es seguro. Si huímos los dos felices seremos lejos de toda traición.

D. LUZ: — Ved que mis padres son buenos;

BARTOLOME: — ¿Buenos cuando hace dos noches, que usaron de infames medios para quitarme la vida? Mirad, doña Luz, aún tengo, sangrante, aquí en el costado una herida que me hicieron sus esbirros. . . .

D. LUZ: ¿Y os duele?…

BARTOLOME:— El dolor al lado vuestro es dulzura y es amor, que ya en mis brazos os tengo, y mis brazos son dogales que al llegar a vuestro cuello aprietan, cual si quisieran privaros de todo aliento, mientras dejo con ternura en vuestros labios un beso…

D. LUZ: — ¡Don Bartolomé, os amo!… ¡Huyamos, si!

BARTOLOME:— ¡Bien; no hay tiempo que perder!. . . Por la ventana al punto los dos saldremos y partiremos veloces, ¡que mi caballo es tan bueno que alcanzarlo no podrán ni los jinetes del viento!”

*

Por la próxima tormenta con relámpagos y truenos, los padres de doña Luz ya tarde cuenta se dieron de la fuga, aunque de tal dieron aviso los perros. Cuando los dos, temerosos, a la alcoba de ella fueron, ya nadie les respondió porque al amor, aunque es ciego, no le falta un lazarillo que lo guíe sin tropiezos.

*

D. PASCUAL:— “¡Hija, pronto!… ¡Abril, abrid!.

D: BLANCA:- ¡No se oye ruido dentro!¡Forzad la puerta!…

D- PASCUAL:- ¡Ya está!

D. BLANCA:- ¡Hija!…

D. PASCUAL: — ¡Santo Dios, qué veo!…¡Esa ventana está abierta!…

D. BLANCA: —¡Vedlos!… ¡Ahí van huyendo!…¡Un relámpago oportuno, misteriosa luz del cielo, nos señala su camino!

D. PASCUAL: — ¡Desde aquí los cazaremos, no importa caiga quien caiga!

D. BLANCA: — ¿Le disparasteis?… ¡Mal hecho!

D. PASCUAL: — Es imposible alcanzarlos.

D. BLANCA: — ¡Nadie podrá detenerlos!

D. PASCUAL: — Como hay tormenta en la sierra si el río viene creciendo, no podrán cruzar el vado sin la ayuda de un barquero.

D. BLANCA: — ¡Nuestra hija se ha perdido, mi Pascual! . . .

D. PASCUAL:— ¡Así lo creo! ¡La tormenta está arreciando cual si los cuatro elementos protestaran de su acción!

D. BLANCA: — ¡Jesús; que terrible trueno!

D. PASCUAL:—¡Santa Bárbara bendita!…

D. BLANCA:— ¡Protégela desde el cielo!”

*

Aquel disparo al acaso de don Pascual, fue certero al corazón de su hija; Bartolomé, con el cuerpo de aquella mujer amada, llegó al vado en el momento que una fuerte riada bajaba con gran estruendo.

*

BARTOLOME:— “¡Me he perdido! ¡Doña Luz entre mis brazos ha muerto! ¿Cómo vadear el río?¡La corriente va en aumento y hasta mi pobre caballo parece que tiene miedo! ¡Si el Diablo, con su poder, quiere salvarme, prometo que le entregaré mi alma! . . . ¿Pero qué es lo que estoy viendo? ¡Un hombre con una barca! . . . ¡Eh, buen hombre, protegednos!

BARQUERO:— ¿Quién sois vos?

BARTOLOME:— ¡Un desdichado! . . . ¡De este terrible momento “líbranos señor”! . . .

BARQUERO:—¿Qué escucho?¿Rezáis acaso?…

BARTOLOME:— No rezo. Mi alma al diablo he prometido y cumplo lo que prometo.

BARQUERO:— ¿Y esa mujer?

BARTOLOME:— ¡La han matado!

BARQUERO: —¿Y a dónde lleváis su cuerpo? Tomad mi barca y huid, que en vuestro caballo prieto yo me llevaré a la muerta.

BARTOLOME:- ¿Para qué? ¡No os comprendo!

BARQUERO:- He de entregarle a sus padres

BARTOLOME: — ¡A sus padres! ¿Pero es cierto?… ¡Me alegráis estos instantes!¿Y  cuánto pagaros debo?

BARQUERO: — Me cobro con la promesa que hace poco me habéis hecho.

BARTOLOME:— ¿Luego ,sois?…

BARQUERO:— Ya lo sabéis; ¡Huid de aquí!… ¡ Os lo ordeno!

BARTOLOME: — Huiré. Vas mandáis en mí.

BARQUERO: — Lo sé. Tomad este remo y ahora, impulsad la lancha.

BARTOLOME:— ¡Hasta pronto, buen barquero!”

BARQUERO:— “Se va alejando, y el río arrebatará su cuerpo para entregárselo al mar, ¡el más grande cementerio! ¡Pronto, pronto será mío!… La riada va en aumento, ya no tiene salvación ¡Yo soy un falso barquero como falsa lo es la barca que lo conduce al infierno! No tardará en perecer. . . Su grito me traerá el viento.

BARTOLOME:— ¡Auxilio! . . .

BARQUERO:—El fue… ¡ Ya es mío !

Y ahora, como un caballero, iré a entregar a la muerta; probar ante todos debo que el diablo tiene palabra, por ser él, Pedro Botero.”

*

Y así, según la leyenda, fueron de la muerte en pos. Fiel el diablo a su palabra, sin ninguna explicación, el cuerpo de doña Luz a los padres entregó antes que cantara el gallo, que es su enemigo peor.

Y en Veracruz se contaba que en aquel triste rincón donde una noche de luna fecundó un trágico amor, se aparecía el fantasma del hombre aquel que vendió el alma al diablo; por tanto la gente, con gran fervor, al cruzarlo por la noche decía con devoción:

¡”Líbranos Señor del mal”!

Y esto el motivo dio para que ya todo el pueblo al famoso callejón, ya no le diera otro nombre que el de “Líbranos Señor”.

Fuente del texto: Rabanal, Ángel, México y sus leyendas, Volumen 2, México: Editorial Pegaso, 1958, pp. 95-114

***

Notas relacionadas:

Leyenda del callejón Líbranos Señor (Juan José González,1943).

Nueva Veracruz: Callejón Líbranos Señor (hoy, Holtzinger)

Nueva Veracruz: Calle María Andrea.

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One Comment leave one →
  1. ivo permalink
    26 agosto 2014 11:46

    excelente es encontrar esta preciada información!!gracias

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