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1683: Un civil narra la toma de la Nueva Veracruz por los piratas.

27 mayo 2013

En junio de 1683, varias personas fueron llamadas a dar su testimonio sobre los hechos ocurridos durante el ataque y saqueo de los piratas, entre ellos estuvo el carpintero Diego Cano de Villegas  quien declaro el día 28. Diego, natural de Puebla, no declara pertenecer a ninguna de las compañías militares, solo que era carpintero y vecino de la ciudad, por lo tanto, puede decirse que fue un civil que se incorporó a la defensa de la ciudad.

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Toma de la Plaza de Armas de la Nueva Veracruz.

Carpintero Diego Cano de Villegas

Teniendo este testigo la costumbre de madrugar todos los días antes de amanecer, se levantó el día martes, diez y ocho de mayo, como a las tres de la mañana y se salió a la puerta de la calle a coger fresco, sentándose para ello en un palo de moral que tiene en dicha puerta de su casa que es en la misma calle del vicario que va a santo domingo.

Que pasado poco rato oyó un tiro que le pareció ser con bala y a la parte de el baluarte de la Pólvora y en su correspondencia, oyó otro a la parte del corral que llaman de Beltrán y luego oyó una carga cerrada hacia la parte de dicho baluarte y luego al punto discurrió eran enemigos y a este tiempo, vio que salía de casa del capitán Martín Román de Nogales la gente de la compañía de presidio del capitán don Miguel Román su hijo y que venía en tropa a la plaza como sesenta hombres y no vio a dicho capitán, ni a su alférez, sino solo, con cuya gente se incorporó el testigo y para entrar en la plaza se dividieron en dos partes o mangas unos por la calle derecha de la iglesia mayor con quienes fue el testigo y otro por el callejón de la dicha iglesia que sale a la plaza.

Y habiendo llegado al cuerpo de guardia sin que lo impidiese nadie, ambos trozos o mangas de la gente de dicha compañía y queriendo proveerse de pólvora y cuerda porque no la llevaban, de la que había en el almacén de dicho cuerpo de guardia para cuyo efecto se había sacado de el un cajón en presencia de el testigo, no les dio lugar el enemigo, respecto de que por todas las bocas calles entrador(sic) como hasta cien hombres, poco más o menos, a lo que pareció al testigo, disparando sus armas con balas a la parte de dicha cuerpo de guardia.

Y habiendo llegado el sargento mayor don Mateo Alonso de Huidobro y el capitán don Jorge de Algara con sus espadas en las manos hicieron cara al enemigo y a pocos lances mataron al dicho sargento mayor y capitán don Jorge y a un mulato nombrado Joseph de Pro.

Y visto por el testigo que si se estaba allí sin ninguna defensa le habían de matar por que en el cuerpo de guardia no había forma, ni modo de poder resistirse, se subió a las Casas Reales y entrando en ella encontró al gobernador don Luis de Córdoba con un espadín en la mano que bajaba a la plaza y se paro el testigo y le vio que iba hacia los oficios y que luego se revolvió y dijo a toda la gente que se había recogido y a los soldados: “vamos hijos arriba” y le siguieron todos y este testigo, cerrando las puertas de las Casas Reales.

Y estando en uno de sus cuartos llamo a este testigo el dicho gobernador y le entrego dos papeleras que pesaban mucho y le dijo a este testigo, las arrojara en el pozo y habiendo salido de los cuartos de dichas Casas Reales a una azotea que cae sobre la alhóndiga, habiendo escondido este testigo las dos papeleras en uno de dichos cuartos debajo de una cama, el dicho gobernador le dio un escritorio mediano para que lo arrojase a los corrales de las casas inmediatas que son de el alguacil mayor Julián de Salinas y este testigo dio el dicho escritorio a un mulato nombrado Antonio de Espinosa, maestro de zapatero, estando presente el dicho gobernador y reconociendo que el enemigo trataba de echar las puertas y que le tiraban muchos balazos que caían a dicha azotea, dejando este testigo en aquel puesto al dicho gobernador, se arrojó con otros diez o doce soldados de la azotea de la dicha alhóndiga a la casa de el capitán Andrés de Herrera, sin saber por dónde fue dicho gobernador.

Y a poco rato, estando ganada la plaza y el enemigo apoderado de las casas reales, hubieron de salir pidiendo buen cuartel, que les dieron. Llevando a los prisioneros a la plaza.

Y que cuando llego al cuerpo de guardia, no vio en él al capitán Diego de Pamplona y cuando este testigo y los demás soldados y gente subieron siguiendo al gobernador, estando encerrados todos le pidieron pólvora para hacerse fuertes y resistirse de el enemigo y respondió no tenerla.

Y habiéndose juntado en la plaza muchos prisioneros hombres y mujeres los llevaron a la iglesia mayor donde estuvieron hasta el sábado, veinte y dos de dicho mes que los llevaron a la isla de sacrificios dejando en el lugar a las mujeres blancas.

Fuente documental:

*

Aclaraciones: Se trató de respetar el texto original, solo se actualizó la ortografía de las palabras; a varias frases se les añadieron entrecomillas, signos de interrogación y exclamación, para enfatizar lo que dijo determinada persona. El texto original es continuo pero se separaron en párrafos para facilitar la lectura. 

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Notas relacionadas:

Nueva Veracruz: Invasión y saqueo pirata de 1683 (Índice)

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Dar click sobre imagen para leer todo sobre la

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