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Alameda Díaz Miron: Un paseo que nos perdemos.

5 noviembre 2011

"La parade des palmas" titulo en frances de esta postal usada en 1915, que traducido viene a ser "El desfile de las palmas"

Excelente resumen histórico de Manuel Polgar publicado en La JornadaVeracruz, salpicado de frases que mueven al recuerdo y la nostalgia, aunque al final veo un poco de pesimismo al dar por hecho la mutilación del espacio verde para pavimentarlo, perdiendo con ello dos de sus cuatro columnas de árboles que desde el siglo XIX acompañaron a varias generaciones de veracruzanos. Mismos veracruzanos que en su mayoría ven apacibles la destrucción de su historia, cual estuvieran tras las barreras en una plaza de toros. 

Sin mayor preámbulo les dejo esta narración, a la que solo añado imágenes que ilustran la historia de más de 200 años de esta legendaria Alameda. Así mismo solo apunto unas confusiones del texto. El autor da mayor antigüedad al nombre de Paseo de los Cocos que el de Avenida de la Libertad,  mas bien ambos corren parejos desde los últimos años del siglo XIX, y como lo aclara Miranda en 1900, (1) el paseo de lo cocos es la calzada y zona arbolada, mientras que la avenida de la libertad son los arroyos vehiculares y se prolongaba por la alameda, hasta llegar al entronque con la calle Independencia. 

En el párrafo que hace referencia a Estrada y Zenea y su descripción de la alameda de 1872 (leer aqui),  este se refiere a la alameda (hoy parque Zamora), no a al paseo de los Cocos. Por lo que tal párrafo no encaja con la historia del artículo. 

Un error es el año que Jules Joseph Leclercq viaja a México, fue 1883, no 1890, (2) e igualmente se refiere ala Alameda, pero por la descripción de dicho autor se percibe que también incluyo al paseo de los Cocos. Era y es facil confundir ambas por ser una la prolongación de la otra, solo divididas, en ese entonces por el puente sobre el río Tenoya.

 

***

 UN PASEO QUE NOS PERDEMOS

Manuel Polgar – domingo, octubre 30, 2011

La JornadaVeracruz

 

“Se conocen tres paseos: uno fuera de muralla por la puerta de la Merced hasta la cruz de Alvarado, que hoy se usa poco, por los insurgentes. Otro es la Alameda que se forma de una calzada de torta con algunos escaños, en cuyo centro está señalada, pero no más que señalada, una hermosa pila que será hermosa cuando sea pila. A sus lados están las capillas del Santo Cristo y San Sebastián. Dicen que tuvo arboleda; pero hoy, rata comió… Otro es la simpleza de ir a tomar fresco al muelle las noches de luna”. (3)

(1816-1817 López Matoso)

La av. Díaz Mirón en plano de Veracruz en 1807. Fuente: Bibliothéque Nationale de France. (Click sobre imagen para ampliar)

Como los nortes que azotan al Puerto, la historia particular de estas tierras se vuelve también cíclica: parece que los fenómenos de resistencia colectiva y las demandas sociales, precedidas de decisiones políticas, como el caso de la pila que será hermosa cuando alguien decida terminar de colocarla, llegan de cuando en cuando, igual que la sucesión de estaciones cada año y que los proyectos por sexenio, sólo que éstos, sin miras a más. Hoy, en esta ciudad jarocha, en lo que unos luchan por defender espacios que no sólo son verdes, sino que además su significación cultural es inseparable de la historia de la cual fueron testigos y que, estamos claros, por ese simple hecho debieran ser conservados e investigados, otros sectores, mayormente oficiales, han precipitado sistemáticamente su decadencia. Estos espacios, además, son ejemplo también de conceptos históricos urbanos que la misma población fue ganando, construyendo y reconstruyendo para luego otra vez, lentamente pero hoy de tajo, perder.

Imaginemos así, en suspiro entonces de lo que perdimos y ganamos, un Veracruz todavía intramuros y una población creciendo durante los últimos años del siglo XVIII y primeros del XIX –antes de los bombardeos inclementes de las tropas españolas durante 26 meses, en 1823–, mientras se acrecentaban los primeros esfuerzos por brindar seguridad a la campiña extramuros, y se dibujaban rústicamente con ellos los caminos que nos irían comunicando y que recrearían, asimismo, los paseos dominicales en el llamado “Mundo Nuevo” porteño. En este lugar extramuros, pasando porla PuertadeLa Merced, y por lo menos trazado ya en un mapa de 1807, aparece a un costado de la iglesia del Cristo del Buen Viaje el llamado Paseo de los Cocos, de las Palmas en algunas postales, dela Alameda a secas o de la Alameda de Los Cocos, y posteriormente, durante el Porfiriato, avenida dela Libertad; desde 1929, un año después de la muerte del poeta, lleva el nombre en su honor, de Avenida Díaz Mirón. Pero antes, según los historiadores, en el siglo XVII esa misma vía era el camino para dirigirse a poblaciones remotas como Medellín, El Tejar, Boca del Río y Alvarado.

Paseo de los Cocos, posiblemente cerca de la Glorieta de la Laguna, por tener pocos años de sembradas las palmeras y no estar empedrada la avenida. Fotografía tomada antes de 1902, posiblemente en los años 1890s. (Dar click en imagen para ampliar)

Rata comió, dice López Matoso; sin embargo, contracorriente y de a poco, las crónicas de los viajeros de mitad del siglo XIX que describían un Veracruz desolado, lleno de epidemias, mosquitos y zopilotes se irían revirtiendo y el Paseo dela Alameda, también, como lo narra Estrada y Zenea en 1872, se encantaba de nuevo: “las vistas deliciosas y agradables que ofrecen los árboles, las fuentes y sobre todo, un horizonte diáfano y tranquilo en que el ánimo se esparce y donde parece encontrar los elementos que producen las sensaciones que más pueden alagar nuestros sentidos”. Para ese entonces, basados en relatos como el anterior y en la lúdica imaginación nuestra, se vuelve gozoso el pensamiento del aire fresco –después de la obligada siesta tropical– agitando las delgadas aguas del río Tenoya y sentados en una banca dela Avenida de los Cocos, mientras se saborea una nieve limpia traída a la ciudad desde el Pico de Orizaba; y es que para 1862, trazado por Domingo Bureau, el igualmente tradicional Parque Zamora (Antiguo Parque dela Alameda con todo y plaza de toros y kiosco), emplazado entre la ciudad intramuros y sus primeros barrios externos, se convertía en el inicio de las caminatas o en remate visual desde el sur. En éste se establecieron con el tiempo numerosas neverías como Alaska y Yucatán, y puestos de café como El Recreo Zamora.

Para la primera década del siglo XX, las postales que mostraban a Veracruz como una ciudad pujante y después de las obras que derribarían la muralla por completo en 1880, que implementarían el sistema de drenaje, agrandarían la infraestructura portuaria en su conjunto, enriquecerían el paisaje urbano con una nueva Terminal de Ferrocarriles, una nueva oficina de Correos y Telégrafos,la Direcciónde Faros,La Aduanay algunos elementos más, enseñarían también una Alameda tupida de verde: atestada de palmas otra vez y de flora endémica costeña; de familias enteras de seres humanos descansando bajo su sombra y recuperando, de igual forma, su número como especie y sus placeres; otro viajero, ahora el francés Jules Joseph Leclere, describió en 1890  sus sentimientos hacia este paisaje enla Alameda: “es uno de los paseos más agradables del puerto, con un aspecto francamente tropical, con su doble columnata de cocoteros de esbelto porte y gracioso follaje”. (1883, ver referencia 2)

Paseo de los Cocos (Av. Díaz Mirón), seguramente en entre 1890 y 1900. Notese que ya estaba empedrada la calle, y con mantenimiento las áreas verdes.

Pero en Veracruz, decíamos, igual que las alegrías se repiten las desgracias que, al mismo tiempo, forjan carácter y nos vuelven más fuertes; más libres y más orgullosos por el terruño codiciado. En 1914 vuelve la pólvora y con ella las escenas de resistencia popular: el ejército estadounidense, otra vez y después de que en 1847 lanzara una cantidad aproximada de 6 mil 700 proyectiles sobre los porteños, y dejó la ciudad devastada, regresa en su intento bajo pretextos que son bien conocidos. En esta oportunidad serían siete meses de ocupación tras una lucha desigual y en la que no nos detendremos mucho; baste decir, solamente, que la avenida que nos ocupa, ya para entonces llamada deLa Libertad, seguiría mirándolo todo: sintiéndolo todo; sobre ella se establecieron los ejércitos invasores con sus hileras interminables de tiendas de campaña y se captaron imágenes que le darían la vuelta al mundo; saliendo los invasores y poco tiempo después, este Paseo serviría también para la entrada del Ejército Constitucionalista al centro del puerto.

Alameda de la av. Salvador Díaz Mirón en los años 1930s, cerca del prque Zamora.

La segunda mitad del siglo XX seguió su curso con cierta calma y para entoncesla Avenida DíazMirón crecía sobre todo su eje; marcaba con su trazo la extensión urbana hacia el sur y se poblaban densamente sus costados. Es así que empezando como un pequeño camino que llevaba deLa Merceda la margen izquierda del Río Tenoya, que con su concepto arquitectónico y funcional durante el Porfiriato un creó un paseo similar al deLa Reformaenla Ciudadde México o al de Montejo en Mérida, Yucatán,la Avenida DíazMirón ha sido recreo del jarocho y referencia, pulmón verde entre el concreto y testigo de una historia que ahora empezamos a forjar nosotros hacia el futuro. Con dicho crecimiento urbano y sobre todo desde la década de los 80,la Avenida DíazMirón había perdido su fisonomía original pero no su significación, su importancia ni su tradición; en aquellos años se recuerdan las caminatas por la tarde al salir de los ya extintos cines Agustín Lara y ToñaLa Negra, Veracruz, Piccolo, Lux y Buñuel, así como la convivencia dominical en sus añoradas bancas o sentados frente a la fuente de los flamingos. Por si algo faltara, además, en los 70 pasaba por aquí el desfile del carnaval y el entierro de Juan Carnaval se llevaba a cabo el miércoles de ceniza en el Parque Zamora.

Daños a las esculturas y las fuentes en fecha reciente, el autor de las fotos no especifica la fecha en que fueron tomadas. Fotos: Gerarco Chelius / http://www.cambiodigital.com.mx

Hoy en día, sin embargo, y después de un largo periodo de intencional abandono en su infraestructura y de tala sistemática y constante de su flora, en vez de generar un proyecto que promueva la convivencia armónica y el disfrute de nuestra ciudad en sus espacios históricos y culturales al aire libre y no sólo en las grandes plazas comerciales, se vuelven a confundir conceptos como modernidad y progreso y se mutila gran parte del enorme camellón original del Paseo; se olvida que dichos conceptos no significan, solamente, obras monumentales que resuelvan problemas con soluciones a corto plazo y que benefician a unos cuantos. Hoy no necesitábamos dos carriles más sobre la avenida si esto implicaba la tala indiscriminada de ceibas centenarias, diversas especies de palmeras en extinción, acacias, almendros y casuarinas; no era necesaria la destrucción del hábitat de ardillas, tlacuaches, iguanas y tilcampos, tecolotes, cotorros y pericos, pájaros carpinteros y de una gran variedad de insectos. El ambiente que se respira en esta zona se ha vuelto triste; vuelan las palomas sin rumbo y hoy hacen sus nidos sobre los árboles caídos, huele a cemento y se calienta todo el recorrido que avanza con traxcavos; se baja la mirada y lastima el perder otro tramo de la bella identidad del Puerto, esa que tanto nos enorgullece y que le da una personalidad hermosa.

El daño está hecho, no hay vuelta atrás y la antigua Avenida de los Cocos no lo volverá a ser más, acaso será una vialidad con tránsito fluido, semáforos y concreto hidráulico sobre tantas historias, tantos paseos y tantos recuerdos; rata comió, dice López Matoso.

Alameda Díaz Mirón entre Doblado y Cañonero Tampico foto publicada el 26 de octubre. Autor: darkocho.blogspot.com

Artículo original en La Jornada Veracruz (sin imágenes):

http://www.jornadaveracruz.com.mx/Noticia.aspx?ID=111030_140155_216

***

Referencias bibliográficas:

(1) Miranda, Francisco, Monografía descriptiva de la ciudad de Veracruz, México: Tip. artística, 1900, p. 27

(2) Leclercq, Jules, Voyage au Mexique, de New York a Vera-Cruz, Paris: Librairie Hachette et Cie., 1885, p. 415.

“Un autre lieu de promenade est l’Alameda, qui a un aspect franchement tropical, avec sa double colonnade de cocotiers au port svelte et au gracieux feuillage.”

(3) Ignoro de donde extajo el parrafo, pero un libro con toda la narración de López Matoso, incluye amplias notas comentadas, es este:

López Matoso, Antonio, James C. Tatum, Viaje de Perico Ligero al País de Los Moros, Middle American Research Institute, Tulane University, 1972, p. 31

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2 comentarios leave one →
  1. Manuel Polgar permalink
    6 noviembre 2011 2:30

    Muchas gracias por sus aclaraciones y por quitarme algunas de mis confusiones; me costó trabajo encontrar datos y tenía poco tiempo. Reciba un cordial saludo y felicitaciones por el material invaluable que nos muestra en su página.

    • 6 noviembre 2011 7:34

      Es un halago recibir su visita y comentario. Tiene razón en dificil encontar datos e incluso en algunas fuentes se encuentran confusiones. Le informo que el plano mas antiguo que muestra la actual avenida Salvador Díaz Miron es uno de 1800, no he tenido tiempo de subirlo al blog (dispongo poco tiempo para el blog). Subi el de 1807 porque era mucho mas claro su trazo y tener dibujada la glorieta. Espero hoy lo suba.

      Saludos.

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