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¿El nombre de la isla Salmedina es del siglo XVI?

29 abril 2018

Los nombres históricos de arrecife Chopas, donde actualmente se ubica la isla Salmedina, y el arrecife El Rizo, que en el siglo XVIII tuvo por nombre Salmedina, tal como aparecen en los planos consultados.

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La Fundación 500 años de la Vera Cruz, la Asociación de Agentes Aduanales de la ciudad de Veracruz y miembros de la  Asociación Cultural Caepionis de Chipiona, desde el 2017, han promovido que hace 500 años, habitantes de la Playa de la Jara se asentaron en Antón Lizardo y Alvarado, presentando como prueba que los nombres de las islas son idénticos en ambos lados del océano.

El 20 de abril de 2018, Antonio Lucas del Moral, presidente de la Asociación Cultural Caepionis declaró en Veracruz que:

“[…] los topónimos  que les ponen a las islas son todos de Chipiona: Salmedina, nosotros tenemos un arrecife enorme que cuando baja la marea, pues allí son unas mareas muy grandes, sobresale del mar pero cuando luego sube la marea lo cubre el agua y es muy peligroso, Salmedina, la isla de Enmedio también la tenemos nosotros allí los rizos, entonces es la prueba que venían de allí, justamente porque les pusieron los mismos topónimos que tenían allí en Chipiona.” (1)

El 11 de noviembre de 2016, la página de Facebook Chipiona en red publicó un artículo de Juan Luis Naval Molero , cronista oficial de Chipiona, en donde expone:

“Parece ser que, cuando la colonización de América muchos de los tripulantes que viajaban en las naves que iban hacía Méjico al llegar al Puerto de San Juan de Ulua, junto a la Villarrica de la Veracruz (población fundada por Hernán Cortés al comenzar la conquista de aquellas tierras), desertaban de sus navío y huían. Después se asentaron y fundaron poblaciones como Antón Luzardo y Alvarado.

A pocos kilómetros se encuentra Punta Ligardo, [sic] junto a la cual, al noroeste en aquel mar de Méjico, a corta distancia de la orilla, existen unos arrecifes. Unas pequeñas islas a las que estos hombres, muchos de ellos procedentes de esta zona, Chipiona, Sanlúcar, La Jara, etc., nombraron “Salmedina”, “De Enmedio”, Anegadilla de Afuera y el Cabezo.” (2)

¿Es cierto que esos inmigrantes fueron los que pusieron los nombres a los arrecifes e islas de Veracruz? ¿Hay algún documento histórico que lo avale? o ¿Sólo son deducciones de estas personas?

Ante la nula presentación de pruebas documentales, todo parece indicar que son deducciones hechas a partir de la existencia de los nombres iguales.

Para empezar, está documentado que los nombres de las islas los fueron poniendo los primeros navegantes españoles según las iban localizando y haciendo sus cartas de navegación, (3) por lo que plantear que fueron las personas que vivieron en tierra firme es muy dudoso.

Isla y arrecife de Enmedio.

El nombre ya está en el mapa de 1580 y su origen no es muy complicado descifrarlo: está en medio del arrecife de la Anegada de Afuera y tierra firme. Es muy probable que lo primeros navegantes que pasaron por la zona, no se detuvieran a revisar cada uno de los arrecifes cercanos a la costa, así que vieron el que estaba más lejos, bautizándolo como el de afuera y el otro que vieron cercano a tierra firme, le pusieron el de en medio. Esta misma lógica, debió aplicarse a la laja o arrecife que esta entre la piedra Salmedina y tierra firme frente a Chipiona, se le puso “en medio” porque estaba entre los dos puntos referidos.

La ubicación es lo que determino el nombre del arrecife en el siglo XVI, no fue por hacer una referencia a un lugar semejante en Chipiona.

Isla de Salmedina.

El nombre, a falta de algún documento que compruebe lo contrario, se tiene que aceptar hace referencia a la piedra Salmedina de Chipiona, lo que no es nada disparatado por haberse dado un constante tráfico de naos entre Sanlúcar de Barrameda-Sevilla  y Ulúa-Veracruz desde el siglo XVI, lo que no está comprobado es que tal denominación se le haya puesto en el siglo XVI y mucho menos que la bautizaran las personas que habitaban en tierra firme, por una sencilla razón, no se conoce referencia documental o cartográfica que lo avale.

Se revisó la cartografía disponible en internet del Archivo General de Indias, la Biblioteca Nacional de España, Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico, Biblioteca Digital de la Real Academia de Historia, el Archivo General de la Nación, la sección de mapas de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, la Mapoteca de Orozco y Berra, con la finalidad de descubrir la evolución de la denominación “Salmedina” en la costa veracruzana. No se puede asegurar que sean todos los mapas existentes que contengan información sobre las islas y arrecifes de la zona pero los encontrados abarcan cuatro siglos así que dan un espectro aceptable.

Lo primero que se descubrió es que los nombres de los arrecifes e islas fueron cambiando al paso de los años y en algunos mapas los nombres se intercambiaron o fueron reubicados.

Bernal Díaz del Castillo documentó que fue en 1518 cuando le pusieron el nombre a la isla Blanca, siendo la única que menciona para esta zona, así que se puede suponer que no había otra isla. Esto coincide con el mapa de 1580 (4) donde aparece una isla, la isla Blanca, así como los arrecifes con sus respectivos nombres. Es hasta el mapa de 1729 (5) donde está por primera vez el nombre de “Sn Medina” para un arrecife, mismo que el mapa de 1580 tiene el nombre de El Batel y hoy se conoce como El Rizo. En el plano de 1760 (6) se le identificó como Salmedina el Chico. En los siguientes años se debió formar una isla, porque en el mapa de 1771 (7) tiene esa categoría, sin embargo rápido debió desaparecer porque ya desde finales del siglo XVIII hasta la actualidad se le identifica como arrecife.

El arrecife que desde el siglo XVI se llamaba de El Palo, en el plano de 1760 por primera vez se le llama Herradura de Salmedina, siendo el único plano que tiene asignado el nombre de Salmedina para dos arrecifes, ya que al arrecife El Rizo se le puso por nombre Salmedina el Chico. En los mapas de 1771, 1784, 1792 y 1800 solo se le conoció como isla de la Herradura y arrecife de El Palo. Es en el mapa de 1818 (8) que a la isla se pone definitivamente el nombre de Salmedina,  mismo que aún lleva. El nombre de Herradura ya no se volvió a utilizar y al arrecife se le pone, también de manera definitiva, el nombre de Chopas.

Entonces, si en la cartografía conocida el nombre de Salmedina aparece en la zona hasta principios del siglo XVIII, ¿en que se sustentan los que dicen que le fue puesto en el siglo XVI? ¿Tienen documentos que acredite su dicho? Si es así,  tendrán que presentarlos y si no los hay, deberán aclarar que solo son deducciones.

Por lo pronto, todo lo dicho por los divulgadores de que los nombres de los arrecifes e isla fueron puestos por personas de La Jara en el siglo XVI solo debe tomarse como especulaciones, sin sustento documental.

Referencias:

(1) Aquino, José de, ¿Sabías que los jarochos vinieron de España?, Audio de entrevista, XEU –Noticias, 20 de abril de 2018, consultado el 29 de abril de 2018 en http://www.xeu.com.mx/nota.cfm?id=962824

(2) Naval Molero, Juan Luis,  SALMEDINA (1ª Parte), Chipiona en red , página de Facebook, 11 de noviembre de 2016, consultado el 29 de abril de 2018, en https://www.facebook.com/chipiona/posts/1332894423400901

(3) Díaz del Castillo, Bernal, Historia verdadera de la conquista de la conquista de la Nueva España, Madrid: Imprenta del Reino, 1632,  pp. 9-10

(4) [Descripción del pueblo de Tlacotlalpa y su jurisdicción, en el obispado de Tlaxcala] [Material cartográfico] / Francisco Stroza Gali [rúbrica], Tlacotlalpa, 5 de febrero de 1580, Biblioteca Digital, Real Academia de Historia, consultado el 25 de abril de 2018 en  http://bibliotecadigital.rah.es/dgbrah/es/consulta/registro.cmd?id=15876

(5)  Veracruz (México) Cartas náuticas 1729, 30 de Henero De 1729, Biblioteca Digital Hispánica, Biblioteca Nacional de España, consultado el 25 de abril de 2018 en http://catalogo.bne.es/uhtbin/cgisirsi/0/x/0/05?searchdata1=bica0000041580

(6) Map showing coast of Veracruz State, Mexico, between Tampico and Antón Lizardo. [?, 1760] Map. Library of Congress.  https://www.loc.gov/item/90683615/.

(7) “Mapa de una porcion de costa del Seno Mexicano que comprehende desde la Plaza de Vera Cruz a la Barra de Albarado, en que manifiesta el Canal que se puede abrir para comunicar las Lagunas de la Camaronera y Mandinga y la continuación del Estero del Arroyo moreno, hasta la expresada Plaza de Vera Cruz, con cuyas obras podrán venir todos los efectos Comerciantes y Comestibles, por Agua, sin salir a la Mar de las largas distancias en que son navegables los Ríos que desaguan por la expresada Barra de Albarado”, Archivo General de Indias, MP-MEXICO,270, 1771.

(8) Plano del Tenedero de Antón Lizardo situado en la Lat.d n.o 19º 4′ 24” y Long.d 89º 37′ 30” al Occ.te de Cádiz [Material cartográfico] / que por Orden del Rey N. S. se levantó, y fue remitido en 1818. Al Exmo. Sr. D. José Vásquez Figueroa, Secretario de Estado, y del Despacho Universal de Marina, por el Capitán de Fragata D. Francisco Murías, Comandante del Apostadero de Veracruz y copiado por la del Exmo. Sor Virrey de este Reino D. Juan Ruiz de Apodaca, habiéndose reducido en razón de 4 a 3 por el Capitán del Regimiento Ynfantería de la Corona de N. E. D. Rafael María Calvo, agregado al Real Cuerpo de Yngenieros; Subinspección de N. E.; Valentín de Ampudia, 16 de agosto de 1818, Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico, Consultado el 25 de abril de 2018 en http://bvpb.mcu.es/es/consulta/registro.cmd?id=423126

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Fragmento del mapa de 1580, en donde están los arrecifes Palo, que en el siglo XVIII tenia por nombre arrecife de la Herradura y a partir del siglo XIX, se le conoce como arrecife Chopas. A su lado, esta el arrecife El Batel que en el siglo XVIII tuvo por nombre arrecife Salmedina y hoy se conoce como arrecife El Rizo.

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Fragmento del mapa de 1729 en donde aparece por primera vez el nombre de “Salmedina” (realmente en el mapa dice “Sn Medina”).

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Fragmento del mapa de 1760, en este mapa aparecen dos Salmedina: los arrecifes hoy conocidos como Chopas y El Rizo.

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Fragmento del mapa de 1771, aquí solo están indicadas las islas, no los arrecifes, con lo que quedo registrada la existencia de una isla en el siglo XVIII en el actual arrecife El Rizo, que poco después debió desaparecer provocando que el nombre de Salmedina se sobrepusiera al de la isla de la Herradura.

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Fragmento del mapa de 1818, aquí por primera vez se le pone el nombre de Salmedina a la isla que antes de le conoció como isla de la Herradura. El autor tuvo cierta duda y dejo el nombre aunque sin especificar lo que se designaba, ya que puno Chopas al arrecife, en mapas posteriores el nombre de Herradura desapareció.

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Notas relacionadas:

¿El jarocho viene de la Playa de la Jara, una imaginaria localidad española del siglo XVI?

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21 de octubre de 1912: El capitán Hernando Limón sale de Veracruz.

27 abril 2018

Esta foto reiteradamente se atribuye a un evento de la invasión estadounidense de 1914 por el rotulo visible, pero en realidad esta foto fue tomada el 21 de octubre de 1912 y tenía un texto que así lo explicaba pero fue tachado. Fuente de foto: Archivo General de la Nación.

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Ya se había analizado esta fotografía de Ponciano Flores Pérez, determinándose que se trataba de algún acto de la sublevación del general Félix Díaz, entre el 16 y 23 de octubre de 1912, pero ahora el Archivo General de la Nación publicó esta fotografía de su acervo con mejor calidad, permitiendo leer algunas letras del rotulo que fue tachado y con ello saber con bastante certeza el día y acto que refleja la foto.

Arriba a la derecha, está la palabra “LIMON”; abajo a la izquierda: “(3) VERACRUZ” y al centro el monograma del fotógrafo.

Teniendo como única pista la palabra “Limón” se encontró que el capitán Hernando Limón, perteneciente al ejército federal leal al presidente Madero, estuvo en la ciudad el 21 de octubre como lo describe el siguiente texto:

“El general Beltrán estableció su campamento en Tejería, en medio de un espeso bosque. De allí fue enviado el día 21 a las siete de la mañana en una máquina con bandera blanca, el parlamentario Hernando Limón, del Estado Mayor del general Beltrán. Limón fue recibido por las avanzadas y dado cuenta de su presencia al general Díaz, previas las órdenes que diera, avanzó el parlamentario, vendado, como es de rigor. La conferencia que el general Díaz y Limón celebraron duró cerca de dos horas, en las que se trató de pedir la rendición incondicional de la plaza, contestando el general Díaz que aun cuando su anhelo era no derramar sangre humana y teniendo un gran cariño al ejército, se veía en el penoso trance de contestar que la plaza no se entregaría sino hasta morir el último de sus defensores. Poco después salían el coronel Díaz Ordaz y Limón, tomaron asiento en una carretela y se dirigieron a la estación de los Cocos. Al despedirse, Limón estrechó en sus brazos a Díaz Ordaz y le dijo unas cuantas palabras halagadoras al oído, que Díaz Ordaz contestó afirmativamente. Desde aquel momento, los jefes y oficiales que formaban las fuerzas revolucionarias, se mostraron tranquilos, pues se decía que el general Díaz había conseguido la unificación de las fuerzas del gobierno a favor de su causa, y que sólo habría en Veracruz una escaramuza de fusilería, y no un combate sangriento como se esperaba. Alguna razón debe haber apoyado tales versiones, pues provenían de personas que estaban en contacto directo con las fuerzas del gobierno. Comprendiendo Beltrán la dificultad que había para recuperar la plaza de Veracruz, pues el fuego de los rebeldes destruiría sus columnas de infantería y desmontaría sus cañones, resolvió retardar el ataque, consultando con el Ministro de la Guerra lo que debería hacer para recuperar la plaza.” (1)

La escena corresponde con la fotografía.

A reserva que se logre descifrar el resto del texto que se intentó ocultar en la fotografía, se puede asegurar que la foto fue tomada el día 21 de octubre de 1912, cuando el capitán Hernando Limón había terminado de platicar con el general Díaz y regresaba a Tejería, a reunirse con el general Joaquín Beltrán.

El texto rotulado que hace referencia a la invasión estadounidense de 21 de abril de 1914, fue sobrepuesto al reutilizarse la imagen.

Referencia:

(1) Licéaga, Luis, Félix Díaz, México: Editorial Jus, 1958, p. 73

Detalle del texto que se tachó, aunque se pueden leer dos palabras “LIMÓN” (arriba a la derecha) y “VERACRUZ” (abajo a la izquierda).

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Nota relacionada:

Foto de la rebelión felicista, no de la invasión de Veracruz. (2)

¿El jarocho viene de la Playa de la Jara, una imaginaria localidad española del siglo XVI?

20 abril 2018

En este fragmento del Plano de barra de Sanlúcar y puerto de Bonanza (1716) se aprecia la zona donde de ubicaba el Pago de La Jara, entre el castillo del Espíritu Santo y la Punta de Montijo, solo tiene representados algunos arroyos y los corrales de pesca. No muestra ningún núcleo de población.

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La Fundación 500 años de la Vera Cruz y la Asociación de Agentes Aduanales se han encargado de difundir que el término Jarocho proviene de la autodenominación que se hacían los marinos de la playa de la Jara que se asentaron en la costa veracruzana, al sur de Ulúa, y que fundaron Antón Lizardo y Alvarado hace 500 años.

Dejando fuera las dudosas fundaciones y su llegada, inmediata a la conquista, vale preguntarse dónde estaba ese poblado y su historia, ese poblado del que supuestamente vinieron los ancestros de los jarochos.

Después de una ligera búsqueda en libros de historia y planos antiguos de Sanlúcar resulto que no aparece tal poblado en el siglo XVI, XVII, ni en el XIX, solo está registrado en esos siglos un paraje conocido como Pago de La Jara (un “Pago” de los cientos que había en la zona). ¿Será que es un pueblo imaginario creado para un nuevo mito en la historia de Veracruz?

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define Pago con varias acepciones pero para el objetivo de esta nota podrían ocuparse tres: “Distrito determinado de tierras o heredades, especialmente de viñas u olivares”, “Pueblo pequeño o aldea” y “Lugar y región”. Sin mayor cuestionamiento, se puede decir que la misma definición señala la existencia de un pueblo o aldea, pero al rastrear los datos disponibles del siglo XVI (1) y XVIII, siempre son sobre tierras y no de un pueblo o sus habitantes y para mayor referencia el articulo Los pagos de Chipiona de Juan Luis Naval Molero, (2) menciona la existencia de unos 100 pagos, tan solo en dicho municipio y aclara que su uso es debido a que durante siglos, en Chipiona predominaron los terrenos plantados de viñas, no era por la existencia de aldeas o pequeñas poblaciones. Lo que también sería válido para la vecina Sanlúcar, donde estaba el Pago de La Jara.

En 1748, Juan Pedro Velazquez describio el Pago de La Jara en la Descripción del sitio de Sanlúcar de Barrameda y su término territorial:

“Saliendo de Sanlúcar azia esta parte [el oeste] por el sitio de Capuchinos, se extiende su término hasta el parage en que se divide de el de Chipiona, como media legua, en cuya distancia se comprehende a la salida casi de Sanlúcar un pinar perteneciente al Exmo. Sor Duque de Medina Sidonia, a que sucede, dando vista al mar, el pago llamado de La Jara, compuesto de varias suertes de viñas, arboledas frutales y tierras de pan sembrar, que corre por más de un quarto de legua hasta el sitio de La Reyerta, donde se dividen los términos de Sanlúcar y Chipiona, en cuya mediación está fabricado de cuatro años a esta parte un pequeño quartel de Caballería que, bajo superior orden, hize construir para custodia de la Marina y para servidumbre de los hazendados de este parage. Corren desde Sanlúcar a aquella villa tres caminos carreteros, que discurren el uno por la orilla del mar y los otros dos por lo alto de el terreno de la Barranca, cruzándolos distintas veredas abiertas para la comodidad de las haziendas”. (3)

En 1754, al hacerse un recorrido por los límites del municipio se describe esta zona en los siguientes términos:

“El día 19 salió la visita por el barrio de la Balsa por el camino de los navazos que están al pie de la barranca del pinar de los Capuchinos o Espíritu Santo y fuerte de este nombre, llevando a la derecha el mar, y siguiendo la playa que conduce a Chipiona y Regla hasta enfrentar con el corral de la pesquería llamado en la visita antigua del Gallego, y entonces de Juan Martín, propio hoy del Hospital de San Juan de Dios de esta ciudad, por donación posterior que le hizo la Santa Cartuja de Jerez de la Frontera. Y entrando por un callejón que está enfrente, bastantemente ancho, por donde se derrama los inviernos un arroyo en el mar, que es el que divide en forma de rehierta los términos de Sanlúcar y Chipiona; declaró la visita por primer mojón la casilla cuartel de las patrullas de caballería del resguardo de la costa que esta ciudad había fabricado pocos años antes en la parte de su territorio.

Y desde allí línea recta con el frente al sueste por la dicha Rehierta arriba, llevando los vallados del pago de la Jara, término de Sanlúcar a la izquierda, y lo del pago de Montijos, término de Chipiona, a la derecha, se fue a desembocar al mojón llamado de la Cruz, puesto a la salida del camino real alto que viene de Chipiona, a la entrada por aquella parte de nuestra dehesa del Hato de la Carne, quedando por detrás señalado el sitio de siete mojones antiguos que se encontraron borrados.” (4)

En ambas descripciones no se menciona la existencia de algún poblado, pero si “viñas, arboledas frutales y tierras de pan sembrar” y de edificaciones solo hay una “la casilla cuartel de las patrullas de caballería del resguardo de la costa” o “un pequeño quartel de Caballería”, que se confirma su existencia en el plano de 1765. En la misma playa este plano de 1765 tiene representadas edificaciones en el “Callejón del Espadero” y en el “Callejón de Diego Martines”, lo que podría indicar la existencia de algunas casas dispersas en el campo, tal como están representadas con mayor detalle en el plano de 1868, en donde hay seis  lugares llamados: Casa de la media legua, Huerta de don Francisco Rodríguez, Casa del Consul, La Marquesita, Casa de Colón, y Esparraquito. Todas tienen representadas una casa excepto la Huerta de don Francisco Rodríguez que tiene tres construcciones.

Esto permite exponer que el Pago de La Jara era el nombre de una zona rural no una población o rancho, si en pleno siglo XIX solo se contabilizan unas cuantas casas ¿Que puede esperarse en el siglo XVI? Supongamos que esas 6 o 9 casas hubieran existido en el siglo XVI, ¿Cuantas personas las hubieran habitado? y de esas ¿Cuantas hubieran emigrado o convertido en marinos? ¿y de ellos cuantos habrán llegado a Ulúa? ¿Acaso no decidieron ir a otros puertos o ciudades del continente? o ya estando en Ulúa ¿por qué no prefirieron ir a ciudades o lugares con fuerte presencia de españoles? ¿Acaso todos los que emigraron de ese paraje lo hicieron en caravana dirigiéndose a la tierra prometida ubicada en una deshabitado e inhóspita costa de la Nueva España? La posibilidad de que sucediera tal como lo imagino Luis Elizondo y Juan Luis Naval, se antoja remota.

La localidad que actualmente se conoce como Playa de La Jara debió surgir a finales del siglo XIX o principios del XX,  extiendose por los municipios de Sanlúcar de Barrameda y Chipiona, sin duda, el nombre de La Jara proviene del paraje que se conoció como Pago de La Jara, pero ello no valida la existencia de un asentamiento urbano desde el siglo XVI.

Si la Fundación 500 años de la Vera Cruz y la Asociación de Agentes Aduanales, así como los historiadores de Chipiona y Sanlúcar de Barrameda, desean que sea valido su planteamiento de que el término Jarocho es un gentilicio de los habitantes de la Playa de La Jara que convertidos en marinos emigraron a Antón Lizardo y Alvardo, tendrán que probar con documentos históricos la existencia de esa localidad en el siglo XVI y su emigración hacia la costa veracruzana.

Ya hay suficientes mitos en Veracruz como para darle la bienvenida a uno más.

Referencias:

(1) En 1527 y 1556 se mencionan tierras del Pago de La Jara que pagaban tributo al Convento de Nuestra Señora de Regla de Chipiona. Ver: Moreno Mollero, Antonio, “El convento de Ntra. Sra. de Regla en Chipiona (Cádiz). Formación de su patrimonio”, Cuadernos de Estudios Medievales, V1II-IX (1980-1981), 1983, p. 195, 196.

(2) Naval Molero, Juan Luis, Los pagos de Chipiona, en Cartare núm. 1, Sanlúcar de Barramesa, 2011, pp. 3-9.

(3) Camarero Bullón, Concepción y  Jesús Campos Delgado, Jesús, Sanlúcar de Barrameda 1752: según las respuestas generales del catastro de Ensenada, Madrid: Centro de Gestión Catastral y Cooperación Tributaria, Ministerio de Economía y Hacienda, 1995, p. 22.

(4) Velázquez Gaztelu, Juan Pedro, Historia antigua y moderna de Sanlúcar de Barrameda. vol. II Historia Moderna: de la Reconquista al reinado de don Fernando VI (1264-1760). Est. prelim. y transcrip. de Manuel Romero Tallafigo. Sanlúcar de Barrameda: Asociación Sanluqueña de Encuentros con la Historia y el Arte, 1994, pp. 238-239.

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Fragmento del plano de 1752, con el paraje de el Pago de La Jara.

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Fragmento del Plano de la Barra de S[an] Lucar de Barrameda y Puerto de Bonansa, de 1765, aquí ya esta representado el Cuartel de Caballería y otras construcciones en la playa con el nombre de Callejón del Espadero y “Callejón de Diego Martines”.

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Fragmento del Plano de la barra de Sanlúcar de BArrameda y el fondeadero de Bonanza de 1868, aquí estan representada 6 casas en la zona que ocupaba el Pago de La Jara, cada una con nombre propio. Lo que refuerza la idea que la actual localidad de la Playa de La Jara se formo a finales del siglo XIX o principios del XX.

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Limites del municipio de Sanlúcar de Barrameda y la localización del Pago de la Jara, en donde se formó la localidad de la playa de La Jara.

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Notas relacionadas:

Veracruz: Los jarochos en documentos de 1822.

Los jarochos olvidados del siglo XIX.

Siglo XIX: Primeros Jarochos en publicaciones.

 

Veracruz: Casa de Juan de Malibrán y Beatriz del Real en la av. Zaragoza.

10 abril 2018

Fachada actual de la antigua casa de Juan de Malibrán y su cuñada Beatriz del Real. Foto: Google maps.

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Beatriz del Real, la supuesta condesa de Malibrán, tuvo cuatro inmuebles dentro de la ciudad amurallada de la Nueva Veracruz, adquiridos por ella antes y durante su matrimonio con Miguel Laso de la Vega, mismos que aún tenía al momento de separarse de él.  Se desconoce si después añadió alguno más o los vendió antes de morir.  Una de esas casas aún está en la avenida Zaragoza, entre las calles Arista y Serdán.

No confundir estos inmuebles con el que se conoció como la “Casa de Beatriz de Real” que estuvo ubicada en la actual calle Julio S. Montero, propiedad de su esposo Laso de la Vega y donde vivió cuando estuvo casada con él.

El antecedente más antiguo conocido es que perteneció a Vicente Paredo, guarda de la Real Contaduría, Grúa y Contratación, quien se la vendió a Juan de Malibrán y Bosques. (1)

Juan vivió ahí junto con su esposa e hijos, hasta su muerte ocurrida a principios de 1766.  A consecuencia del embargo de sus bienes para el pago de deudores fue rematada el 10 de marzo de 1767. (2)

En el documento del remate se le describió como:

“(…)una casa de piedra y madera alta cubierta de azotea, que es en esta ciudad, y quedo por bienes de don Juan de Malibran y Bosquez y junto en la calle que sale del Colegio de la Sagrada Compañia de Jesus y plazuela que llaman del Maiz, para el valuarte que nombran de Hurtado, y nueva fundacion del hospicio de nuestra señora de Bethlem, que se compone de diez y ocho varas de frente y veinte y cinco de fondo, linda por un costado con casa que fue de Don Juan Lasso Nacarino, y por otra con casa que fue de Francisca Xaviera, parda libre y oi es de Juan Guido, y por el fondo con casas de Augustina de Segura muger lexitima de Juan Gallo maestro herrero y hace frente dicha calle en medio con casa que fue de doña Rosa Leonor de Arellano (…)”

El avaluó que se hizo para este remate le daba un valor de 7029 pesos.

Al momento del remate la propiedad estaba gravada por tres censos que sumaban 3560 pesos:

“(…) los quinientos de ellos al principal de un censo en favor de la Archichofradia de nuestra señora del Rosario, cita en el convento de señor santo Domingo de esta dicha ciudad : trescientos del principal de otro censo en favor de la Cofradia del Patriarcha señor san José, cita en la Santa Iglesia Parroquial de ella : y los dos mil setecientos y sesenta pesos restantes del principal de otro censo, que reconoce en favor de la obra pia fundada por el cuerpo de oficiales del Batallon de la Corona en el convento de Nuestro Padre San Francisco de esta misma ciudad (…)”

El poseedor del inmueble tenía que pagar el cinco por ciento anual de esa cantidad.

El remate se llevó a cabo a  las doce horas en punto, adjudicándose al único postor que fue Luis de Astudillo, quien ofreció  4686 pesos, el equivalente a las dos terceras partes del avaluó: reconociendo los censos y comprometiéndose a pagar los réditos, y dando en efectivo los restantes 1126 pesos.

Luis de Astudillo adquirió la casa, a nombre de Beatriz del Real, por lo que posteriormente debió hacer el traspaso.  En el periodo de 1767 y 1771, Beatriz le hizo mejoras a la casa, aumentándole “un algibe y varias piezas interiores a su casa propia calle de la Amargura, ascendiendo su costo a cinco mil pesos”. (3)

En 1771, a partir de que contrajo segundas nupcias con Miguel Lazo de la Vega, este comenzó a administrar la casa, junto con los demás bienes de Beatriz,  hasta el 21 de septiembre  de 1785 que se le regresó la posesión. (4)

A partir de entonces, no se tienen datos adicionales excepto que en 1788, estaba valorada en unos doce mil pesos. (5)

Es probable, la posesión continuó en manos de Beatriz hasta su muerte.

Ubicación actual de la casa.

La descripción de 1766 no permitía saber su ubicación actual, aunque la ubicaba en la calle de la Amargura, desde el siglo XIX se sabe que ese calle solo abarcaba dos cuadras de la avenida Zaragoza, de la calle Arista a la calle Canal pero no se identificó ningún lote con las dimensiones de la descripción.

Así que para la identificación se recurrió a otros documentos con descripciones de casas, encontrándose dos que permiten ubicar la casa sin dejar la menor duda:

1.- En 1771, el avaluo de la casa número 45, antigua propiedad  de la Compañía de Jesús pero ya perteneciente al ramo de Temporalidades, se  cita a Beatriz del Real y Manuela del Castillo como colindantes. En el encabezado del avaluo se lee:

“Esta casa hace frente al leste con casa propia de los regulares y por su fondo al oeste con casa de doña Manuela de el Castillo por el costado del norte con casa de doña Beatriz Real y por el del sur con casa de la Virgen de la Soledad su valor del terreno de 7 varas de frente 25 de fondo […]” (6)

2.- En 1752, la casa de Manuela Nicolasa del Castillo se describió como una:

“[…]casa que es de piedra y madera alta cubierta de asoteas situada en esta ciudad en el callejon que llaman del veedor que se compone de ocho varas de frente y veinte y tres de fondo que por una pate linda con casa de don Bernardo Mesura y por otro con casa de don Juan Fernando Gallo y por el fondo con el de casa perteneciente a la nueva fundacion de Nuestra Señora de Bethlen de esta ciudad y hace frente con las oficinas y seldas del convento de Nuestro Padre Santo Domingo y plazuela que llaman con dicho nombre a la salida de dicho callejón […]” (7)

Juan Fernando Gallo colindante de la casa de Manuela, es el mismo que se menciona como Juan Gallo como colindante de la casa de Beatriz.

Todo ello identifica a cuatro casas con colindancias comunes. Dos de ellas con frente a la calle de la Compañía (hoy, Zaragoza) y las otras dos al callejón del Veedor (hoy, callejón de la Campana).

Confrontando  estos datos con el plano de localización de inmuebles históricos del Centro Histórico se corroboro que el terreno coincidía con la medidas de 1766.

Colindantes y medidas sirven para identificar plenamente la ubicación de la casa que había sido propiedad de Juan de Malibrán y luego de Beatriz del Real en el siglo XVIII.

Ubicación de la casa de Juan de Malibrán y su cuñada Beatriz del Real , con sus colindantes en el siglo XVIII.

El inmueble en el siglo XIX

Beatriz del Real murió en 1802, y aunque no se tiene la certeza de lo que sucedió con las cuatro casas, incluso no se tiene confirmado que a su muerte todavía las poseyera, está comprobado que de algún modo sus casas se fueron transmitiendo agrupadas a otras personas porque en la lista de propietarios de fincas de 1858, las cuatro casas eran de los herederos de una misma persona: Josefa Godoy.

En total estos mismos herederos eran propietarios de siete fincas dispersas en la ciudad con los números 56, 57, 190, 242, 417, 418, y 954. (8) En el Plano Topográfico de la Heroica Ciudad de Veracruz de 1854, (9) se localizó que los inmuebles números 56 y 57, estaban en la 8ª calle de las Damas (hoy, 5 de Mayo) entre la 1ª calle Mesón del Buzo (hoy Esteban Morales) y 4ª calle de la Merced (hoy, Francisco Canal); el inmueble número 190 en la 2ª calle de Santo Domingo (hoy, Independencia) entre la calle de la Condesa (hoy, Esteban Morales) y la calle de Santa María (hoy, Arista); el inmueble número 242 está en la avenida Zaragoza (antes, de la Compañía), entre las calles Serdán y Arista; los inmuebles números 417 y 418 en la 1ª calle de Punta de Diamante (hoy, Francisco I. Madero) entre la 2ª calle Mesón del Buzo y 2ª calle de Punta de Diamante; y el inmueble número 954 en la calle de la Condesa (hoy, Esteban Morales) entre el callejón Naranjos y la 8ª calle de las Damas.

La casa con el número 242, corresponde a la antigua vivienda de Juan de Malibrán y su familia, y que luego compro su cuñada Beatriz del Real.

Otros tres inmuebles (los números 56, 57 y 954) coinciden con la ubicación de las casas que fueron propiedad de Beatriz del Real. Sin duda, hubo algún motivo por el que las cuatro propiedades conocidas de Beatriz se conservaran juntas más de 50 años después de la muerte de Beatriz . ¿Llegarían por una sucesión de herencias o por una compra general que se hizo a de Beatriz del Real o sus herederos? Esta duda se tendrá que resolver en el futuro, con los datos disponibles no se logró identificar una relación familiar. Por el momento, no se encontró con certeza la familia a la perteneció Josefa, ni cómo es que llego a sus manos este inmueble.

Actualidad y futuro.

La casa actualmente está abandonada y en ruinas, sin cubiertas, algunos muros derrumbados y vegetación creciendo en su interior. La fachada sigue siendo de dos niveles, tal como se describe en 1766, pero sin duda que al paso de los siglos tuvo modificaciones, incluso los detalles decorativos de la fachada son poco probables sean del siglo XVIII.

El haber sido propiedad de los protagonistas de la popular leyenda de la Condesa de Malibrán y única que todavía se puede considerar histórica, ya que las demás casas relacionadas con los personajes de la leyenda se han destruido, debe ser un factor importante para que se restaurara y ser un gran atractivo turístico.

Referencias:

(1) AGN, Civil, vol.  433, f. 129

(2) Ibídem, f. 128-130v

(3) Ibídem, f. 114

(4) Ibídem, f. 51; AGN, Civil, vol. 461, f. 69v.

(5) Ibídem, f. 114

(6) AGN, Tierras, vol. 3346, exp. 3, f.

(7) AGN, Bienes Nacionales, vol. 1901, exp. 11, f.

(8) Lerdo de Tejada, Miguel, Apuntes históricos de la heroica ciudad de Veracruz, Tomo III, México: Imprenta de Vicente García Torres, 1858, p. 156, 168, 161, 165 y 177

(9) Plano Topográfico de la Heroica Ciudad de Veracruz, 1854, Mapoteca Manuel Orozco y Berra, número clasificador: 879-OYB-7261-A.

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Notas relacionadas:

La casa de Beatriz del Real en Veracruz.

Historia de la hacienda de Malibrán (siglo XVIII-XX).

Biografía de Juan Malibrán (1710ca -1766)

Biografía de Beatriz del Real (1730ca-1802).

2011: La condesa de Malibrán / Antonio García de León.

4 abril 2018

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Contenido:

I.- Comentarios.

II.- La Condesa de Malibrán. Antonio García de León.

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I

En el 2011, Antonio García de León publicó su versión de la leyenda de la Condesa de Malibrán en el libro “Tierra adentro, mar en fuera”.

Esta versión tiene datos distintos a otras versiones pero también semejanzas con algunas de ellas, sobre todo con la leyenda que publicó Bernardo Lorenzo Camacho (Nayo) en el libro “Leyendas y vivencias de Veracruz”. (Leer aquí) La estructura y contenido es casi el mismo, claro con una redacción totalmente diferente, a la que le añadió datos históricos de la vida de Juan de Malibrán. Lo raro es que no le da el crédito, ni lo pone en la extensa bibliografía. ¿Esto se puede considerar un plagio o solo inspiración? Más que aceptarlo, el autor presenta la leyenda dando la impresión que él hizo la investigación de la tradición oral a la que añade datos históricos para darle credibilidad, sin embargo, no menciona al narrador o narradores, excepto cuando señala a unos pescadores. En resumen, no da los créditos correspondientes.

Comparación de eventos entre las versiones de Bernardo Lorenzo Camacho y Antonio García de León. La secuencia es casi la misma, excepto porque García de León introduce una segunda residencia para la protagonista (la hacienda de San José Novillero) y separa dos tipos de amantes según la residencia que ocupó. al final, también da un ligero giro al inventarle un juicio y solo mencionar las apariciones fantasmales del conde.

En principio, se podría suponer que la semejanza con la leyenda publicada por Bernardo Lorenzo de debe a que se trata de una misma leyenda, suena lógico, pero si se conocen las otras versiones que se han publicado sobre la leyenda  se comprueba que cada una de ellas tiene una estructura y un contenido diferente, los contrastes entre ellas son fuertes. Lo que no ocurre entre la de Bernardo Lorenzo y Antonio García.

Otro punto novedoso en esta versión es que el autor le proporciona un espacio temporal en la narración, al ubicar  los eventos esenciales de la leyenda en un periodo definido: 1764-1767, teniendo como eje histórico documentado a Juan de Malibrán, del que va intercalando fechas y antecedentes. El que sean reales o imaginarios es otro asunto.

Al intercalar datos históricos (o aparentemente históricos) se acerca a la intención de la versión del ing. Juan José González, pero a diferencia de él no incluye datos históricos de la protagonista (que se supone es Beatriz del Real), solo lo hace sobre Juan de Malibrán.

La imaginación del autor o del narrador original es fértil al proporcionar detalles que ningún documento podría proporcionar, es cierto que ofrece lo que habría de esperarse de una leyenda y  no habría que buscar certeza histórica pero se comenta porque el autor intenta darle credibilidad  al intercalar hechos reales y ficticios con apariencia de ser reales.

La protagonista.

No proporciona el nombre de la protagonista, igual que Bernardo Lorenzo, lo que si sucede en todas las otras versiones publicadas desde 1861. ¿Sabían algo estos autores que los otros no? Casi se podría asegurar que ya sabían que Beatriz del Real aún vivía a finales del siglo XVIII,  por lo tanto, incluirla en la leyenda, hacía imposible toda su narración. Esto se sustenta porque Antonio García menciona conocer otras versiones y en diversas partes del libro hace referencias al Archivo Histórico de la Ciudad de Veracruz, donde para consultarse se recurre al Catálogo del Archivo publicado en 1992, en donde vienen las referencias documentales de Beatriz el Real fechadas a finales del siglo XVIII, tal vez ese haya sido el motivo para ignorar el nombre. Además está comprobado que Antonio García sabía que la esposa de Juan de Malibrán había sido Magdalena del Real, no Beatriz, porque en la página 389 de su libro al hacer un breve resumen de como Malibrán obtuvo su nacionalidad española  cita el libro Foreign Inmigrants in Early Bourbon Mexico de Charles F. Nunn, que en la página 101 trae el nombre correcto de su esposa. Entonces, ¿Por qué no utilizó el nombre si ya lo sabía? No se sabe, pero vale decir que la vida de Magdalena tampoco coincide con la protagonista de la leyenda, ya que ella tuvo varios hijos (actualmente hay descendientes de ese matrimonio) y murió unos 12 años después de su esposo. Lo que si coincide esta versión con la realidad es en la edad de la protagonista, tanto Magdalena como Beatriz rondaban los treinta y tantos años en la década de 1760, pero debe tomarse como una coincidencia más que un dato documentado.

Amalgama de datos.

Ya se comentó que el autor no reconoce como fuente la versión de Bernardo Lorenzo, ni sus fuentes orales (si es que las hubo), tampoco ofrece citas de las fuentes documentales de los datos históricos y fechas que va dando, aunque en otras partes del libro cita las fuentes documentales de algunos datos de Juan de Malibrán.

Analizando el texto se descubre cómo va amalgamando datos reales, falsos y fantasiosos, como ejemplo los siguientes fragmentos:

“(Juan de Malibrán) un oscuro obligado de las carnicerías y un pequeño tratante que escalaba penosamente sobre las redes de sus alianzas y “sociedades en compañía”, la flamante condesa , gozando de un título familiar adquirido por el conde de origen francés (según algunos de forma fraudulenta antes de la guerra del 62), se trasladó a “su hacienda”, que era más bien un rancho de regulares proporciones a la vera de una laguna que lleva todavía su apellido y donde hoy se acomoda un mercado popular, un panteón y un suburbio de calles arenosas.”

Lo de “obligado de las carnicerías” se puede sustentar con lo que publicó en la página 846, donde menciona un documento de 1761 del  Archivo Histórico de la Ciudad de Veracruz (AHCV, caja 10, volumen 10, fojas 31-32).

Lo de “Título familiar” es un dato falso, no existe documento que sustente la existencia de este título nobiliario, ni que ellos lo utilizaran.

En cuanto a que ““su hacienda”, que era más bien un rancho de regulares proporciones”, es una información totalmente cierta y documentada. La primera publicación que reprodujo la toma de posesión de Malibrán data de 1864, pero la más conocida es lo que publicó Manuel B. Trens en el libro de Historia de Veracruz en 1947, aunque Antonio García hace mención directa del documento del Archivo Histórico de la Ciudad.

Lo de que “a la vera de una laguna que lleva todavía su apellido”, el autor confundió la laguna que actualmente lleva el nombre de Malibrán con la original. La laguna a la que hace referencia se llamaba de la Hormiga, estando ampliamente documentado en planos y textos, es hasta el siglo XX que se le empezó a conocer como Malibrán. La original Laguna de Malibrán estaba cerca y un poco al norte de donde estaba el casco de la hacienda, donde actualmente está el Colegio Cristobál Colón (Av. Díaz Mirón, calle Malibrán y av. Lafragua), misma que en los años 1910s se desecó.

Así se puede ir analizando línea por línea e irse encontrando: unas frases con datos reales y documentados, continuando con datos falsos que aparentan ser reales, otros que son confusiones y  frases con descripciones que dicta la fantasía.

Y solo para rematar, las siguientes frases:

“El conde, quien regresó a mediados de 1766 de un viaje de negocios por La Habana y Jamaica que se había prolongado por dos años, (…) asesinó a los dos, e incluso al niño (…) pudo apenas sobrellevar un largo y costoso juicio  desde esa aciaga noche de su retorno, en el que fue declarado inocente “por haber asesinado en defensa propia y de su honor”.  De hecho, su nombre desaparece de los registros del archivo municipal después de 1767.”

Encuadrar el texto con fechas y hasta mencionar el Archivo Histórico de la ciudad, hacen muy  creíble lo que narra el autor, por no decir que proporcionar un itinerario y secuencia de eventos es casi como si estuviera viendo un documento histórico,; pero todo ello no resiste una mínima revisión por el solo hecho que Juan de Malibrán murió a principios de 1766, así que no pudo regresar de ningún lado, menos matar a alguien, y por lo tanto, tampoco se le pudo llevar a juicio y declárarsele inocente. Su esposa verdadera, Magdalena del Real y su cuñada, Beatriz del Real vivieron por muchos años más.

Si en realidad hubiera consultado algún documento de 1767 relacionado con Malibrán, se le hubiera mencionado como difunto, sin embargo, hay algo más de fondo con respecto a la afirmación que desaparece de los registros a partir de 1767 y es que esa misma afirmación la hace en la página 388, pero señala el año de 1764; esto quiere decir que el autor modificó el año con la finalidad de adaptarlo a su secuencia de hechos fantasiosos y darle credibilidad a su narración.

En fin, la lectura debe hacerse sin prestarle la menor credibilidad, excepto por algunos datos reales de Juan de Malibrán, el autor hizo el intento de darle un tiempo y contexto histórico pero falló.

*

II

LA CONDESA DE MALIBRÁN.

Antonio García de León.

Una de las consejas surgidas al calor de las ociosidades que se despertaron durante la larga “posguerra del 62” fue la historia triste y malhadada de los “condes” de Malibrán. La leyenda que se fraguó en el puerto insiste en que la condesa era una mujer madura, “más como una fruta a punto de caer del palo que por su edad”, pues no rebasaba los 35 años “poco más o menos”, De piel apiñonada y de un aspecto más bien forastero, era dueña no sólo de vidas y esclavos, sino también de una belleza perturbadora poco común en esta tierra de doncellas caracterizadas por su palidez cuando eran criollas y españolas de clase superior. Su poder, criado a la sombra del “conde” Jean de Malibrán Du Bois, era a la vez un imán atractivo y misterioso, aunque una cierta truculencia aparecía siempre en algunas de sus acciones, al menos en las versiones que se forjaron después de ocurridos todos los hechos y que dieron lugar a una leyenda pueblerina –a la vez sangrienta, exagerada y plena de erotismo-, como muchas de las que subsisten a lo largo de la tierra caliente.99 Sus cercanos, amigos, paniaguados y sirvientes, se podían dividir entre quienes la adoraban y quienes la temían, pues gozaba de un poder y una dominancia que nunca dejaba de tener una cierta apariencia de misterio funesto, pues se decía que a pesar de recurrir a toda clase de remedios, la condesa no podía tener hijos y que recurría a todo tipo de ritos para remediarlo. Después de vivir a intramuros en los calores del puerto, cuando su marido era todavía un oscuro obligado de las carnicerías y un pequeño tratante que escalaba penosamente sobre las redes de sus alianzas y “sociedades en compañía”, la flamante condesa , gozando de un título familiar adquirido por el conde de origen francés (según algunos de forma fraudulenta antes de la guerra del 62), se trasladó a “su hacienda”, que era más bien un rancho de regulares proporciones a la vera de una laguna que lleva todavía su apellido  y donde hoy se acomoda un mercado popular, un panteón y un suburbio de calles arenosas. Allí se estableció en toda forma, apoltronada en su “condado” y aprovechando la poca atención que el marido –mucho más entrado en años que ella- le sustentaba periódicamente. En realidad no lo necesitaba, pues tenía esclavos, sirvientes y palafreneros, y había hecho de su casa de campo –cuya posesión formal le fue dada al conde de Malibrán hasta mayo de 1764-  una verdadera fortaleza del lujo y la buena vida, hasta que se aburrió de la cantidad de mosquitos que pululaban una vez pasada la estación de lluvias y que le impedían gozar de los vientos marinos y las brisas de playa, los únicos elementos capaces de conjurar a la nubes de insectos que desconocían sus títulos e intenciones. Desde 1754, y ante las sospechas de calvinismo, “herética pravedad y apostasía”, Jean de Malibrán había sorteado las indagatorias del Santo Oficio, e incluso, “acercándose al enemigo”, se convirtió en “familiar” del mismo Tribunal, evadiendo para siempre cualquier sospecha sobre su fe religiosa. En 1758 “Juan de Malibrán y Bosques” adquirió la nacionalidad española y compro en España el título que algunos ponían en duda.

Fue en los primeros meses de 1764 cuando la condesa buscó una nueva propiedad más aireada y le exigió al conde que la adquiriera. Ante el fracaso de sus intentos de procrear, dejó de recurrir a las hechiceras del puerto –algo que además la ponía en peligro- y decidió probar fortuna compartiendo su lecho con la más variada colección de amantes que la soledad le permitía, pues culpaba al conde de su infertilidad y de abandonarla por largas temporadas. En esos meses encontró la nueva mansión –encalada, airosa, fresca y digna de albergar sus amores- a la vera del puente que cruza cerca de la boca del río de Jámapa, y que había sido habilitado en el camino a Alvarado desde los tiempos en que los Sarmiento eran dueños de Buenavista, Paso del Toro y Mandinga. La playa se encuentra todavía a menos de un tiro de mosquete de la casona que aún se yergue en el lugar, y las tardes solían ser frescas e idóneas para sacar, como lo hacía, un butaque de cuero a la vista del norte, auxiliada por dos negros que le soplaban con inmensos abanicos de pluma de avestruz mientras ella bordaba, chacoteaba y vivía a veces rodeada de un séquito de amigos y aduladores, señoritos del puerto, criollos y gachupines. Rumbosas fiestas y saraos se organizaban allí hasta altas horas de la noche, cuando –según los maledicientes pescadores del lugar- la dama quedaba sola o acompañada de alguno de sus amantes eventuales, los que, se dijo después, desaparecían para siempre una vez que habían gozado de sus favores. Fue en este tiempo cuando crecieron esos rumores, y más cuando Fabián de Antúnez, un comerciante mediano, había desaparecido misteriosamente en diciembre de ese año después de varios viajes a Boca del Río, mientras su familia había organizado verdaderas batidas de búsqueda, aunque se sospechaba que se hubiera perdido después de salir a cazar faisanes en los alrededores. Originalmente alistado en el Regimiento de Málaga y de buena presencia, el joven requería en amores a la condesa desde tiempo atrás, aunque, se decía, su carácter devino melancólico una vez que gozara de los favores de la hermosa. Un buen día, como los demás, desapareció para siempre. Pero fue poco después cuando ocurrió el milagro, dando lugar al nacimiento de un niño deforme que la condesa ocultaba en las habitaciones destinadas a los esclavos y bajo el cuidado de una “mama negra”.

El conde, quien regresó a mediados de 1766 de un viaje de negocios por La Habana y Jamaica que se había prolongado por dos años, desconocía las nuevas circunstancias en que se desarrollaba la vida de la condesa. Abrió la puerta de la casona y se dirigió a los aposentos, hallando a la infiel en brazos de un amante. Se dice que el airado Malibrán asesinó a los dos, e incluso al niño producto de sus infidelidades, e hizo arrojar a los cadáveres a un pozo aledaño al río en donde la condesa criaba lagartos. 100 Se dijo después, cuando el crimen llegó a manos del brazo secular de la justicia, que allí eran arrojados los amantes desaparecidos, en realidad muertos en el lecho de la dama. Al menos ésa fue la versión de los esclavos interrogados, quienes para eludir cualquier responsabilidad aludieron a su condición servil, la que los obligaba a la obediencia y al silencio.

Como es de suponer, la carrera ascendente del conde se vino abajo, pues pudo apenas sobrellevar un largo y costoso juicio desde esa aciaga noche de su retorno, en el que fue declarado inocente “por haber asesinado en defensa propia y de su honor”.  De hecho, su nombre desaparece de los registros del archivo municipal después de 1767. La leyenda, que siempre se amasó con las exageraciones de las versiones construidas a lo largo de los años posteriores, dice que el conde enloqueció, se volvió ermitaño durante un tiempo hasta que reapareció por las calles del puerto gritando a voces “¡Justicia, justicia! ¡Y que muera la condesa de Malibrán”!: un alarido que todavía puede escucharse en algunas noches oscuras por los callejones del puerto.

99 No por nada, y parodiando a Marcuse en su Eros y civilización, el escritor porteño Juan Vicente Melo decía que Veracruz y su litoral se pueden definir como “Eros sin civilización”.

100 Las versiones – como siempre ocurre en estos casos- varían, pues unos ubican la casa y pozo en el puerto a intramuros –en el patio Vergara, de la calle Landero y Cos-, otros en Lafragua y Malibrán y otros en la casona que aún se levanta a la vera de la carretera, antes de cruzar el puente de Boca del Río. La imaginación jarocha es tan prolífica que a veces la confunde con “la reina del Carnaval que mató a sus hijos”, una especie de Llorona jarocha.

Fuente de texto: García de León, Antonio,  Tierra adentro, mar en fuera. El puerto de Veracruz y su litoral a Sotavento, 1519-1821, México: FCE, 2011, pp. 827-829

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Notas relacionadas:

1990s: La auténtica leyenda de la Condesa de Malibrán.

La Condesa de Malibrán: Entre la leyenda y la historia.

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Veracruz banner Malibran Beatriz del Real 01

Error en el libro Tierra adentro, mar en fuera: Cosme de Buitrón.

1 abril 2018

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En el libro Tierra adentro, mar en fuera de Antonio García de León trae dos referencias del capitán Cosme de Buitrón, emparentándolo directamente con los Buitrón que vivieron en frente de la isla de San Juan de Ulúa en la segunda mitad del siglo XVI.  Lo que  atrajo la atención porque en el blog se ha estudiado a estas personas  y este era un nuevo dato que planteaba la estancia de la familia en este lugar varios años antes a 1567, año en que se le dio la merced a Juan de Buitrón. Sin embargo, al cotejar las diversas fuentes documentales disponibles se comprobó que eso es falso y solo resultado de la especulación del autor del libro.

Empezando por  el principio, en el libro se lee:

Ya en esa época (enero de 1552), el patriarca de los Buitrón, el capitán Cosme de Buitrón, trajinaba quintales de harina para el bizcocho de las naos desde la ciudad de Puebla, y debía traer una tercera parte de otros bastimentos (Silvio Zavala, Libros de asientos de la Gobernación de la Nueva España…, 1982, p. 160). (1)

Según registros de 1580 del archivo notarial de Orizaba (anor), uno de los negocios de Juan González Buitrón era comprar harinas a vecinos de tepeaca y Orizaba, para su traslado a la florida, actividad en que también competía con Juan Buitrón, actividad que habían heredado del capitán Cosme de Buitrón. (2)

El autor se cuidó muy bien en no atribuirle de manera expresa un grado de parentesco, ya que no especifica si era el padre, tío, abuelo, solo lo hace “patriarca” que “hereda” una actividad a los otros buitrones.

¿Cómo es que el autor llegó a la conclusión que fue el “patriarca”? ¿Algún documento lo expresa de manera explícita? No lo explica, pero señala dos fuentes documentales y aunque solo se pudo consultar una, en ella no hay nada al respecto y se duda que la otra contenga ese tipo de información.

El autor parece se guió por la fecha y el apellido, deduciendo que si tienen el mismo apellido, entonces son parientes y si la fecha es anterior, entonces es de mayor edad y cabeza de familia. Tremendo error. El autor hilvanó datos aislados y planteó una inexistente relación familiar.

¿Quién fue el capitán Cosme de Buitrón?

Cosme de Buitrón fue maese, capitán y dueño de naos que realizaba viajes entre España y América, hay varios documentados entre los años 1550s y 1560s, siendo muy posible que hiciera otros antes. (3) En enero de 1552, estaba en la Nueva España, preparándose para retornar a España, por lo que requirió llevar desde Puebla, 100 quintales de bizcocho para abastecer su nao, pero para no tener que llevar la tercera parte de dicha carga en  bastimentos a la ciudad de Veracruz como era la ordenanza, el virrey Luis de Velasco le dio licencia para que solo llevara una quinta parte. En esto también se equivocó el autor al poner que era harina para hacer bizcocho, cuando en realidad era ya el pan preparado. Juan González de Buitrón si traía harina para preparar el bizcocho.

No se ha encontrado evidencia documental que en algún momento se hubiera establecido en la Nueva España, lo que si hay son los registros de varios viajes a América, siempre partiendo de Sevilla, siendo el último registro localizado en 1568. Por lo tanto, el viaje con bizcocho fue solamente ocasional para abastecer su nao y no actividad regular, ni comercial.

El autor de libro, también, cometió el error al establecer una liga familiar entre este buitrón y los residentes en la  tierra firme frente a Ulúa. A pesar de no conocerse un documento que niegue o confirme esa relación, se puede establecer que no la hay por algo muy sencillo proceden de diferentes lugares de España:

Cosme de Buitrón fue vecino y natural de Sevilla, confirmándose con varios documentos, entre ellos, la Real provisión de emplazamiento y compulsoria hecha a petición de Cosme Buitrón, del 14 de julio de 1553;  en el expediente del pleito que tuvo Cosme con el fiscal y diputado de averías en 1558, y en la declaración de varios testigos que presentó su hija Ana Buitrón en diciembre de 1601 donde afirmaron que Cosme fue vecino y natural de Sevilla. (4)

Juan de Buitrón y Juan González de Buitrón eran originarios de Vizcaya, al norte de España, aunque de diferentes poblaciones.

Juan Buitron nació de Baquio, Vizcaya, alrededor de 1540. (5)

Juan González de Buitrón, nació en Bermeo, Vizcaya, alrededor de 1545. (6)

Solo queda esperar que este error que ha quedado en un libro, no encuentre seguidores que lo repitan sin cuestionamientos y sigan aumentando los mitos históricos de la ciudad.

Referencias:

(1) García de León, Antonio, Tierra adentro, mar en fuera, México: Fondo de Cultura Económica, 2011, p. 85.

(2) Ibídem, p. 86

(3) Chaunu, Huguette, et al., Séville et l’Atlantique (1504-1650), Paris, S. E. V. P. E. N., 1955. Tomo II y III.

(4) AGI, Patronato, 282, N.1, R.110; AGI, Justicia, 847, N.2 y AGI, Contratación, 5269, N.12

(5) AGN, Inquisición, vol. 83, exp. 23, f. 288.

(6) AGI, México, 1093,L.15,F.225R-225V; Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Registro de ejecutorias, Caja 1616,28.

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Notas relacionadas:

Errores en el libro Tierra adentro, mar en fuera: Fiesta de la Santa Cruz.

1567: Merced a Juan de Buitrón.

Juan Bautista Buitrón es un nombre equivocado.

 

Errores en el libro Tierra adentro, mar en fuera: Fiesta de la Santa Cruz.

1 abril 2018

Cruz cerca de la antigua alameda de Veracruz. 1860s. Fuente de foto: SMU Digital Collection.

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Hay escaso conocimiento de las actividades religiosas documentadas en los inicios de la Nueva Veracruz, a principios del siglo XVII, esto sin tomar en cuenta las fiestas o celebraciones comunes en toda la iglesia católica de las que puede presumirse con certeza que se llevaban a cabo. En el 2017, se localizó un documento de la Inquisición en donde se hace referencia a una misa especial y una procesión por las calles de la Nueva Veracruz organizada por la cofradía de la Santa Veracruz el 3 de mayo de 1604.

Así que fue una grata sorpresa encontrar en el libro Tierra adentro, mar en fuera de Antonio García de León (1) la afirmación de que las fiestas de la Santa Cruz “apasionaban a los porteños desde la misma fundación de la nueva ciudad” acompañada por una cita documental. Desgraciadamente, duro muy poco el gusto, solo bastaron unos cuantos minutos para descubrir que todo era falso. Al entrar al sitio web del Archivo General de la Nación y leer el documento resulto ser 1691, no de 1601.

Antes de avanzar, esto es lo que trae la pág. 497:

Otro motivo de celebración pública eran las fiestas de la Santa Cruz, del 3 de mayo, que apasionaban a los porteños desde la misma fundación de la nueva ciudad. Fue así como desde el 25 de marzo de 1601, por edicto del 14 de agosto de 1600, se prohibió por el Santo Oficio “el abuso de poner y pintar cruces en rincones públicos y otros lugares indecentes, con el fin de preservar de las inmundicias ordinarias, por las indecencias que se experimentaban por ignorancia. Así ha venido a nuestra noticia que con estas fiestas se celebran en calles, plazas y arrabales fiestas con misa, sermón y procesiones, y con otras fiestas profanas, como son comedias, toros y máscaras, ocasionando gran escándalo de la república cristiana. Por tanto mandamos y prohibimos que ninguna persona celebre dichas fiestas con ocasión de la Santa Cruz”. 56

56 agnm, Inq. p. 545, 6, f. 587, Veracruz, 14 de agosto de 1600. Hoy, las fiestas de la Santa Cruz se celebran en el vecino puerto de Alvarado.

¿Las fiestas de la Santa Cruz eran una celebración pública? No se ha encontrado que el 3 de mayo fuera día especial de fiesta pública en la Nueva Veracruz, aunque si debía haber una celebración regular cada año, organizada por la cofradía de la Santa Veracruz, tal como se refleja en un expediente de la Inquisición, donde se documenta que el 3 de mayo de 1604, la cofradía hizo una celebración litúrgica en la iglesia del convento de San Francisco y una procesión hasta la cruz, pero no se indica que fuese sobresaliente entre las otras fechas religiosas que debían organizar otras cofradías o las diferentes órdenes del clero regular o de la advocación de la iglesia parroquial.  Tampoco se sabe que ese día hubiese otras actividades festivas seculares, es probable, pero no está documentado. En resumen, nada parece indicar que fuera diferente a otros muchos eventos religiosos.

Entonces,  ¿dónde obtuvo la información para afirmar que, además, estas fiestas “apasionaban a los porteños”? Se desconoce, pero casi se puede afirmar que es una suposición del autor.

A todo lo anterior, hay que añadir que el documento que le sirve al autor para afirmar la existencia de la fiesta en la Nueva Veracruz es de 1691, no de 1601, y no se refiere a la Nueva Veracruz  como hace suponer la lectura del texto entrecomillado.

El documento citado se encuentra dentro de un expediente de la Inquisición hecho por “unos cuchillos que se mandaron recojer por tener gravadas en las cachas las imagenes de christo señor nuestro, su nombre sagrado y la del santisimo rosario y otras figuras diabolicas”, los documentos están fechados entre 1705 y 1717.

El edicto tiene fecha del 25 de marzo de 1691 y estos son los fragmentos más importantes:

[…]  por nuestro edicto de catorze de Agosto del año passado de mil seiscientos y noventa, mandamos para obviar el abuso de poner, y pintar Cruces en rincones públicos y otros lugares indecentes, con fin de preservarlos de las inmundicias ordinarias, por las indecencias que se experimentaban por ignorancia, é inadvertida reverencia, y seguirse grande ofensa de Dios nuesto Señor, no se pintasen, ni pusiessen las dichas Cruces, y las que lo estaban, se borrassen y quitassen: Ha venido a nuestra noticia, que en esta Ciudad de Mexico, y en otras partes y lugares de este nuestro distrito, aunque algunas Cruces, no estan en lugares indecentes, se celebran en dichos lugares, calles, plazas y arrabales, con misa, sermón y procesiones, y con otras fiestas profanas, como son, comedias, toros y máscaras, por los que las cuidan, los quales con dichas fiestas ocasionan grave escándalo de la República Christiana, siguiendose de ello gravissimos inconvenientes en ambos fueros, tomando por pretexto la celebración de la Santa Cruz, para cometer en dichas fiestas grandissimas irreverencias, é indecencias contra la misma Santa Cruz, con capa de devocion y religion, siguiendose de ello sacrilegas irreverencias y execrables torpezas, y abussos, assi en lo general como en lo particular.

Por tanto, para obviar los execrables, y sacrilegos abusos, que con color, y pretexto de religion se ocasionan, en grave ofensa, y escandalo de la piedad Catholica, y buenas costumbres. […] mandamos, y prohibimos, que ninguna persona, o personas de qualquier estado, calidad, condicion, preheminencia, o dignidad que lean, de aqui adelante, celebren, ni hagan dichas fiestas, con ocasion de celebrar la Santa Cruz en las calles, plazas, y arrabales de esta Ciudad de Mexico, y demas lugares deste nuestro distrito, sino en las iglesias, y lugares sagrados, […] y que este nuestro edicto se fixe en las puertas de las Iglesias, de las quales ninguna persona lo quite, rasgue, ni tilde, so las dichas penas, y las demas, que a nuestro arbitrio reservamos. Fecha en Mexico, y sala de nuestra Audiencia, en 25 dias del mes de março de mil y seiscientos y noventa y un años. (2)

El doble error, inhabilita a este documento para sustentar  la afirmación de que desde los primeros años de la fundación de la Nueva Veracruz se hacían fiestas públicas el 3 de mayo.

En cuanto a la fecha no hay mucho que expresar, el documento es claro, fue realizado el 25 de marzo de 1691 y hace referencia a otro del 14 de agosto de 1690. ¿Por qué la equivocación? No se puede saber, ni para decir que los números están borrosos o con una caligrafía difícil, ya que los años fueron escritos usando palabras.

El texto entrecomillado que presenta el autor da la impresión que se trata de un fragmento del texto original, pero al compararlo con el documento, es claro que no es así. El autor publicó un extracto de libre composición con partes del edicto y con partes del autor, se quitaron y se pusieron palabras, incluso se podría decir que se quiso dar la apariencia que estaba dirigido a la ciudad de Veracruz, cuando es un edicto general pero dirigido a la “Ciudad de México, y en otras partes y lugares de este nuestro distrito,”  en donde el tema de las cruces en las calles era recurrente cuando menos desde 1651. (3)

¿Ahora, se puede aplicar la Nueva Veracruz de finales del siglo XVII? Sí, pero lo mismo podría hacerse para cualquier otro lugar grande o chico de la Nueva España, sin embargo, no en todos ocurría lo mismo. No se puede asegurar que sucediera en la Nueva Veracruz.

Por último, conviene exponer que al ser un texto compuesto por el autor pareciendo ser uno solo, indicando que el edicto es del 14 de agosto de 1600 y se empieza aplicar en 1601, cuando en realidad el edicto está integrado por dos partes: la prohibición del edicto del 14 de agosto de 1690 de que no se pintaran, ni pusiesen cruces en rincones públicos y otros lugares indecentes y en donde ya estuvieren se borrasen. Mientras que en el edicto del 25 de marzo de 1691, se reconoce que algunas cruces no estaban en lugares indecentes pero “se celebran en dichos lugares, calles, plazas y arrabales, con misa, sermón y procesiones, y con otras fiestas profanas, como son, comedias, toros y máscaras, por los que las cuidan, los quales con dichas fiestas ocasionan grave escándalo de la República Christiana,” por lo que lo prohibieron y mandaron solo se hiciera en las iglesias y lugares sagrados. Siendo uno complementario del otro.

Sin duda que se trata de un párrafo desafortunado en todos los sentidos, solo esperemos que en el futuro no lo retomen otros autores y se empiece a formar uno de los tantos mitos sobre la historia de ciudad.

Referencias:

(1) García de León, Antonio, Tierra adentro, mar en fuera, México: Fondo de Cultura Económica, 2011, p. 497.

(2) AGN, Inquisición, v. 545, exp. 6, f. 587.

(3) Guijo, Gregorio Martín de, Diario, 1648-1664, Tomo I, México: Editorial Porrúa, 1986, p. 156.

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Edicto de la Inquisición del 25 de marzo de 1691. Fuente: AGN, Inquisición, v. 545, exp. 6 f. 587.

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Notas relacionadas:

Nueva Veracruz: Procesión de San Francisco a la Cruz en 1604