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¿El jarocho viene de la Playa de la Jara, una imaginaria localidad española del siglo XVI?

20 abril 2018

En este fragmento del Plano de barra de Sanlúcar y puerto de Bonanza (1716) se aprecia la zona donde de ubicaba el Pago de La Jara, entre el castillo del Espíritu Santo y la Punta de Montijo, solo tiene representados algunos arroyos y los corrales de pesca. No muestra ningún núcleo de población.

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La Fundación 500 años de la Vera Cruz y la Asociación de Agentes Aduanales se han encargado de difundir que el término Jarocho proviene de la autodenominación que se hacían los marinos de la playa de la Jara que se asentaron en la costa veracruzana, al sur de Ulúa, y que fundaron Antón Lizardo y Alvarado hace 500 años.

Dejando fuera las dudosas fundaciones y su llegada, inmediata a la conquista, vale preguntarse dónde estaba ese poblado y su historia, ese poblado del que supuestamente vinieron los ancestros de los jarochos.

Después de una ligera búsqueda en libros de historia y planos antiguos de Sanlúcar resulto que no aparece tal poblado en el siglo XVI, XVII, ni en el XIX, solo está registrado en esos siglos un paraje conocido como Pago de La Jara (uno “Pago” de los cientos que había en la zona). ¿Será que es un pueblo imaginario creado para un nuevo mito en la historia de Veracruz?

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define Pago con varias acepciones pero para el objetivo de esta nota podrían ocuparse tres: “Distrito determinado de tierras o heredades, especialmente de viñas u olivares”, “Pueblo pequeño o aldea” y “Lugar y región”. Sin mayor cuestionamiento, se puede decir que la misma definición señala la existencia de un pueblo o aldea, pero al rastrear los datos disponibles del siglo XVI (1) y XVIII, siempre son sobre tierras y no de un pueblo o habitantes y para mayor referencia el articulo Los pagos de Chipiona de Juan Luis Naval Molero, (2) menciona la existencia de unos 100 pagos, tan solo en dicho municipio y aclara que su uso es debido a que durante siglos, en Chipiona predominaron los terrenos plantados de viñas, no era por la existencia de aldeas o pequeñas poblaciones. Lo que también sería válido para la vecina Sanlúcar, donde estaba el Pago de La Jara.

En 1748, Juan Pedro Velazquez describio el Pago de La Jara en la Descripción del sitio de Sanlúcar de Barrameda y su término territorial:

“Saliendo de Sanlúcar azia esta parte [el oeste] por el sitio de Capuchinos, se extiende su término hasta el parage en que se divide de el de Chipiona, como media legua, en cuya distancia se comprehende a la salida casi de Sanlúcar un pinar perteneciente al Exmo. Sor Duque de Medina Sidonia, a que sucede, dando vista al mar, el pago llamado de La Jara, compuesto de varias suertes de viñas, arboledas frutales y tierras de pan sembrar, que corre por más de un quarto de legua hasta el sitio de La Reyerta, donde se dividen los términos de Sanlúcar y Chipiona, en cuya mediación está fabricado de cuatro años a esta parte un pequeño quartel de Caballería que, bajo superior orden, hize construir para custodia de la Marina y para servidumbre de los hazendados de este parage. Corren desde Sanlúcar a aquella villa tres caminos carreteros, que discurren el uno por la orilla del mar y los otros dos por lo alto de el terreno de la Barranca, cruzándolos distintas veredas abiertas para la comodidad de las haziendas”. (3)

En 1754, al hacerse un recorrido por los límites del municipio se describe esta zona en los siguientes términos:

“El día 19 salió la visita por el barrio de la Balsa por el camino de los navazos que están al pie de la barranca del pinar de los Capuchinos o Espíritu Santo y fuerte de este nombre, llevando a la derecha el mar, y siguiendo la playa que conduce a Chipiona y Regla hasta enfrentar con el corral de la pesquería llamado en la visita antigua del Gallego, y entonces de Juan Martín, propio hoy del Hospital de San Juan de Dios de esta ciudad, por donación posterior que le hizo la Santa Cartuja de Jerez de la Frontera. Y entrando por un callejón que está enfrente, bastantemente ancho, por donde se derrama los inviernos un arroyo en el mar, que es el que divide en forma de rehierta los términos de Sanlúcar y Chipiona; declaró la visita por primer mojón la casilla cuartel de las patrullas de caballería del resguardo de la costa que esta ciudad había fabricado pocos años antes en la parte de su territorio.

Y desde allí línea recta con el frente al sueste por la dicha Rehierta arriba, llevando los vallados del pago de la Jara, término de Sanlúcar a la izquierda, y lo del pago de Montijos, término de Chipiona, a la derecha, se fue a desembocar al mojón llamado de la Cruz, puesto a la salida del camino real alto que viene de Chipiona, a la entrada por aquella parte de nuestra dehesa del Hato de la Carne, quedando por detrás señalado el sitio de siete mojones antiguos que se encontraron borrados.” (4)

En ambas descripciones no se menciona la existencia de algún poblado, pero si “viñas, arboledas frutales y tierras de pan sembrar” y de edificaciones solo hay una “la casilla cuartel de las patrullas de caballería del resguardo de la costa” o “un pequeño quartel de Caballería”, que se confirma su existencia en el plano de 1765. En la misma playa este plano de 1765 tiene representadas edificaciones en el “Callejón del Espadero” y en el “Callejón de Diego Martines”, lo que podría indicar la existencia de algunas casas dispersas en el campo, tal como están representadas con mayor detalle en el plano de 1868, en donde hay seis  lugares llamados: Casa de la media legua, Huerta de don Francisco Rodríguez, Casa del Consul, La Marquesita, Casa de Colón, y Esparraquito. Todas tienen representadas una casa excepto la Huerta de don Francisco Rodríguez que tiene tres construcciones.

Esto permite exponer que el Pago de La Jara era el nombre de una zona rural no una población o rancho, si en pleno siglo XIX solo se contabilizan unas cuantas casas ¿Que puede esperarse en el siglo XVI? Supongamos que esas 6 o 9 casas hubieran existido en el siglo XVI, ¿Cuantas personas las hubieran habitado? y de esas ¿Cuantas hubieran emigrado o convertido en marinos? ¿y de ellos cuantos habrán llegado a Ulúa? ¿Acaso no decidieron ir a otros puertos o ciudades del continente? ¿por qué no prefirieron ir a ciudades o lugares con fuerte presencia de españoles? ¿Acaso todos los que emigraron de ese paraje lo hicieron en caravana dirigiéndose a la tierra prometida ubicada en una deshabitado e inhóspita costa de la Nueva España? La posibilidad de que sucediera tal como lo imagino Luis Elizondo y Juan Luis Naval, se antoja remota.

La localidad que actualmente se conoce como Playa de La Jara debió surgir a finales del siglo XIX o principios del XX,  extiendose por los municipios de Sanlúcar de Barrameda y Chipiona, sin duda, el nombre de La Jara proviene del paraje que se conoció como Pago de La Jara, pero ello no valida la existencia de un asentamiento urbano desde el siglo XVI.

Si la Fundación 500 años de la Vera Cruz y la Asociación de Agentes Aduanales, así como los historiadores de Chipiona y Sanlúcar de Barrameda, desean que sea valido su planteamiento de que el término Jarocho es un gentilicio de los habitantes de la Playa de La Jara que convertidos en marinos emigraron a Antón Lizardo y Alvardo, tendrán que probar con documentos históricos la existencia de esa localidad en el siglo XVI y su emigración hacia la costa veracruzana.

Ya hay suficientes mitos en Veracruz como para darle la bienvenida a uno más.

Referencias:

(1) En 1527 y 1556 se mencionan tierras del Pago de La Jara que pagaban tributo al Convento de Nuestra Señora de Regla de Chipiona. Ver: Moreno Mollero, Antonio, “El convento de Ntra. Sra. de Regla en Chipiona (Cádiz). Formación de su patrimonio”, Cuadernos de Estudios Medievales, V1II-IX (1980-1981), 1983, p. 195, 196.

(2) Naval Molero, Juan Luis, Los pagos de Chipiona, en Cartare núm. 1, Sanlúcar de Barramesa, 2011, pp. 3-9.

(3) Camarero Bullón, Concepción y  Jesús Campos Delgado, Jesús, Sanlúcar de Barrameda 1752: según las respuestas generales del catastro de Ensenada, Madrid: Centro de Gestión Catastral y Cooperación Tributaria, Ministerio de Economía y Hacienda, 1995, p. 22.

(4) Velázquez Gaztelu, Juan Pedro, Historia antigua y moderna de Sanlúcar de Barrameda. vol. II Historia Moderna: de la Reconquista al reinado de don Fernando VI (1264-1760). Est. prelim. y transcrip. de Manuel Romero Tallafigo. Sanlúcar de Barrameda: Asociación Sanluqueña de Encuentros con la Historia y el Arte, 1994, pp. 238-239.

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Fragmento del plano de 1752, con el paraje de el Pago de La Jara.

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Fragmento del Plano de la Barra de S[an] Lucar de Barrameda y Puerto de Bonansa, de 1765, aquí ya esta representado el Cuartel de Caballería y otras construcciones en la playa con el nombre de Callejón del Espadero y “Callejón de Diego Martines”.

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Fragmento del Plano de la barra de Sanlúcar de BArrameda y el fondeadero de Bonanza de 1868, aquí estan representada 6 casas en la zona que ocupaba el Pago de La Jara, cada una con nombre propio. Lo que refuerza la idea que la actual localidad de la Playa de La Jara se formo a finales del siglo XIX o principios del XX.

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Limites del municipio de Sanlúcar de Barrameda y la localización del Pago de la Jara, en donde se formó la localidad de la playa de La Jara.

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Notas relacionadas:

Veracruz: Los jarochos en documentos de 1822.

Los jarochos olvidados del siglo XIX.

Siglo XIX: Primeros Jarochos en publicaciones.

 

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Veracruz: Casa de Juan de Malibrán y Beatriz del Real en la av. Zaragoza.

10 abril 2018

Fachada actual de la antigua casa de Juan de Malibrán y su cuñada Beatriz del Real. Foto: Google maps.

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Beatriz del Real, la supuesta condesa de Malibrán, tuvo cuatro inmuebles dentro de la ciudad amurallada de la Nueva Veracruz, adquiridos por ella antes y durante su matrimonio con Miguel Laso de la Vega, mismos que aún tenía al momento de separarse de él.  Se desconoce si después añadió alguno más o los vendió antes de morir.  No confundir estos inmuebles con el que se conoció como la “Casa de Beatriz de Real” que fue una casa ubicada en la actual calla Julio S. Montero, propiedad de su esposo Laso de la Vega y donde vivió cuando estuvo casada con él.

Una de esas casas aún está en la avenida Zaragoza, entre las calles Arista y Serdán.

El antecedente más antiguo conocido es que perteneció a Vicente Paredo, guarda de la Real Contaduría, Grúa y Contratación, quien se la vendió a Juan de Malibrán y Bosques. (1)

Juan vivió ahí junto con su esposa e hijos, hasta su muerte ocurrida a principios de 1766.  A consecuencia del embargo de sus bienes para el pago de deudores fue rematada el 10 de marzo de 1767. (2)

En el documento del remate se le describió como:

“(…)una casa de piedra y madera alta cubierta de azotea, que es en esta ciudad, y quedo por bienes de don Juan de Malibran y Bosquez y junto en la calle que sale del Colegio de la Sagrada Compañia de Jesus y plazuela que llaman del Maiz, para el valuarte que nombran de Hurtado, y nueva fundacion del hospicio de nuestra señora de Bethlem, que se compone de diez y ocho varas de frente y veinte y cinco de fondo, linda por un costado con casa que fue de Don Juan Lasso Nacarino, y por otra con casa que fue de Francisca Xaviera, parda libre y oi es de Juan Guido, y por el fondo con casas de Augustina de Segura muger lexitima de Juan Gallo maestro herrero y hace frente dicha calle en medio con casa que fue de doña Rosa Leonor de Arellano (…)”

El avaluó que se hizo para este remate le daba un valor de 7029 pesos.

Al momento del remate la propiedad estaba gravada por tres censos que sumaban 3560 pesos:

“(…) los quinientos de ellos al principal de un censo en favor de la Archichofradia de nuestra señora del Rosario, cita en el convento de señor santo Domingo de esta dicha ciudad : trescientos del principal de otro censo en favor de la Cofradia del Patriarcha señor san José, cita en la Santa Iglesia Parroquial de ella : y los dos mil setecientos y sesenta pesos restantes del principal de otro censo, que reconoce en favor de la obra pia fundada por el cuerpo de oficiales del Batallon de la Corona en el convento de Nuestro Padre San Francisco de esta misma ciudad (…)”

El poseedor del inmueble tenía que pagar el cinco por ciento anual de esa cantidad.

El remate se llevó a cabo a  las doce horas en punto, adjudicándose al único postor que fue Luis de Astudillo, quien ofreció  4686 pesos, el equivalente a las dos terceras partes del avaluó: reconociendo los censos y comprometiéndose a pagar los réditos, y dando en efectivo los restantes 1126 pesos.

Luis de Astudillo adquirió la casa, a nombre de Beatriz del Real, por lo que posteriormente debió hacer el traspaso.  En el periodo de 1767 y 1771, Beatriz le hizo mejoras a la casa, aumentándole “un algibe y varias piezas interiores a su casa propia calle de la Amargura, ascendiendo su costo a cinco mil pesos”. (3)

En 1771, a partir de que contrajo segundas nupcias con Miguel Lazo de la Vega, este comenzó a administrar la casa, junto con los demás bienes de Beatriz,  hasta el 21 de septiembre  de 1785 que se le regresó la posesión. (4)

A partir de entonces, no se tienen datos adicionales excepto que en 1788, estaba valorada en unos doce mil pesos. (5)

Es probable, la posesión continuó en manos de Beatriz hasta su muerte.

Ubicación actual de la casa.

La descripción de 1766 no permitía saber su ubicación actual, aunque la ubicaba en la calle de la Amargura, desde el siglo XIX se sabe que ese calle solo abarcaba dos cuadras de la avenida Zaragoza, de la calle Arista a la calle Canal pero no se identificó ningún lote con las dimensiones de la descripción.

Así que para la identificación se recurrió a otros documentos con descripciones de casas, encontrándose dos que permiten ubicar la casa sin dejar la menor duda:

1.- En 1771, el avaluo de la casa número 45, antigua propiedad  de la Compañía de Jesús pero ya perteneciente al ramo de Temporalidades, se  cita a Beatriz del Real y Manuela del Castillo como colindantes. En el encabezado del avaluo se lee:

“Esta casa hace frente al leste con casa propia de los regulares y por su fondo al oeste con casa de doña Manuela de el Castillo por el costado del norte con casa de doña Beatriz Real y por el del sur con casa de la Virgen de la Soledad su valor del terreno de 7 varas de frente 25 de fondo […]” (6)

2.- En 1752, la casa de Manuela Nicolasa del Castillo se describió como una:

“[…]casa que es de piedra y madera alta cubierta de asoteas situada en esta ciudad en el callejon que llaman del veedor que se compone de ocho varas de frente y veinte y tres de fondo que por una pate linda con casa de don Bernardo Mesura y por otro con casa de don Juan Fernando Gallo y por el fondo con el de casa perteneciente a la nueva fundacion de Nuestra Señora de Bethlen de esta ciudad y hace frente con las oficinas y seldas del convento de Nuestro Padre Santo Domingo y plazuela que llaman con dicho nombre a la salida de dicho callejón […]” (7)

Juan Fernando Gallo colindante de la casa de Manuela, es el mismo que se menciona como Juan Gallo como colindante de la casa de Beatriz.

Todo ello identifica a cuatro casas con colindancias comunes. Dos de ellas con frente a la calle de la Compañía (hoy, Zaragoza) y las otras dos al callejón del Veedor (hoy, callejón de la Campana).

Confrontando  estos datos con el plano de localización de inmuebles históricos del Centro Histórico se corroboro que el terreno coincidía con la medidas de 1766.

Colindantes y medidas sirven para identificar plenamente la ubicación de la casa que había sido propiedad de Juan de Malibrán y luego de Beatriz del Real en el siglo XVIII.

Ubicación de la casa de Juan de Malibrán y su cuñada Beatriz del Real , con sus colindantes en el siglo XVIII.

El inmueble en el siglo XIX

Beatriz del Real murió en 1802, y aunque no se tiene la certeza de lo que sucedió con las cuatro casas, incluso no se tiene confirmado que a su muerte todavía las poseyera, está comprobado que de algún modo sus casas se fueron transmitiendo agrupadas a otras personas porque en la lista de propietarios de fincas de 1858, las cuatro casas eran de los herederos de una misma persona: Josefa Godoy.

En total estos mismos herederos eran propietarios de siete fincas dispersas en la ciudad con los números 56, 57, 190, 242, 417, 418, y 954. (8) En el Plano Topográfico de la Heroica Ciudad de Veracruz de 1854, (9) se localizó que los inmuebles números 56 y 57, estaban en la 8ª calle de las Damas (hoy, 5 de Mayo) entre la 1ª calle Mesón del Buzo (hoy Esteban Morales) y 4ª calle de la Merced (hoy, Francisco Canal); el inmueble número 190 en la 2ª calle de Santo Domingo (hoy, Independencia) entre la calle de la Condesa (hoy, Esteban Morales) y la calle de Santa María (hoy, Arista); el inmueble número 242 está en la avenida Zaragoza (antes, de la Compañía), entre las calles Serdán y Arista; los inmuebles números 417 y 418 en la 1ª calle de Punta de Diamante (hoy, Francisco I. Madero) entre la 2ª calle Mesón del Buzo y 2ª calle de Punta de Diamante; y el inmueble número 954 en la calle de la Condesa (hoy, Esteban Morales) entre el callejón Naranjos y la 8ª calle de las Damas.

La casa con el número 242, corresponde a la antigua vivienda de Juan de Malibrán y su familia, y que luego compro su cuñada Beatriz del Real.

Otros tres inmuebles (los números 56, 57 y 954) coinciden con la ubicación de las casas que fueron propiedad de Beatriz del Real. Sin duda, hubo algún motivo por el que las cuatro propiedades conocidas de Beatriz se conservaran juntas más de 50 años después de la muerte de Beatriz . ¿Llegarían por una sucesión de herencias o por una compra general que se hizo a de Beatriz del Real o sus herederos? Esta duda se tendrá que resolver en el futuro, con los datos disponibles no se logró identificar una relación familiar. Por el momento, no se encontró con certeza la familia a la perteneció Josefa, ni cómo es que llego a sus manos este inmueble.

Actualidad y futuro.

La casa actualmente está abandonada y en ruinas, sin cubiertas, algunos muros derrumbados y vegetación creciendo en su interior. La fachada sigue siendo de dos niveles, tal como se describe en 1766, pero sin duda que al paso de los siglos tuvo modificaciones, incluso los detalles decorativos de la fachada son poco probables sean del siglo XVIII.

El haber sido propiedad de los protagonistas de la popular leyenda de la Condesa de Malibrán y única que todavía se puede considerar histórica, ya que las demás casas relacionadas con los personajes de la leyenda se han destruido, debe ser un factor importante para que se restaurara y ser un gran atractivo turístico.

Referencias:

(1) AGN, Civil, vol.  433, f. 129

(2) Ibídem, f. 128-130v

(3) Ibídem, f. 114

(4) Ibídem, f. 51; AGN, Civil, vol. 461, f. 69v.

(5) Ibídem, f. 114

(6) AGN, Tierras, vol. 3346, exp. 3, f.

(7) AGN, Bienes Nacionales, vol. 1901, exp. 11, f.

(8) Lerdo de Tejada, Miguel, Apuntes históricos de la heroica ciudad de Veracruz, Tomo III, México: Imprenta de Vicente García Torres, 1858, p. 156, 168, 161, 165 y 177

(9) Plano Topográfico de la Heroica Ciudad de Veracruz, 1854, Mapoteca Manuel Orozco y Berra, número clasificador: 879-OYB-7261-A.

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Notas relacionadas:

La casa de Beatriz del Real en Veracruz.

Historia de la hacienda de Malibrán (siglo XVIII-XX).

Biografía de Juan Malibrán (1710ca -1766)

Biografía de Beatriz del Real (1730ca-1802).

2011: La condesa de Malibrán / Antonio García de León.

4 abril 2018

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Contenido:

I.- Comentarios.

II.- La Condesa de Malibrán. Antonio García de León.

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I

En el 2011, Antonio García de León publicó su versión de la leyenda de la Condesa de Malibrán en el libro “Tierra adentro, mar en fuera”.

Esta versión tiene datos distintos a otras versiones pero también semejanzas con algunas de ellas, sobre todo con la leyenda que publicó Bernardo Lorenzo Camacho (Nayo) en el libro “Leyendas y vivencias de Veracruz”. (Leer aquí) La estructura y contenido es casi el mismo, claro con una redacción totalmente diferente, a la que le añadió datos históricos de la vida de Juan de Malibrán. Lo raro es que no le da el crédito, ni lo pone en la extensa bibliografía. ¿Esto se puede considerar un plagio o solo inspiración? Más que aceptarlo, el autor presenta la leyenda dando la impresión que él hizo la investigación de la tradición oral a la que añade datos históricos para darle credibilidad, sin embargo, no menciona al narrador o narradores, excepto cuando señala a unos pescadores. En resumen, no da los créditos correspondientes.

Comparación de eventos entre las versiones de Bernardo Lorenzo Camacho y Antonio García de León. La secuencia es casi la misma, excepto porque García de León introduce una segunda residencia para la protagonista (la hacienda de San José Novillero) y separa dos tipos de amantes según la residencia que ocupó. al final, también da un ligero giro al inventarle un juicio y solo mencionar las apariciones fantasmales del conde.

En principio, se podría suponer que la semejanza con la leyenda publicada por Bernardo Lorenzo de debe a que se trata de una misma leyenda, suena lógico, pero si se conocen las otras versiones que se han publicado sobre la leyenda  se comprueba que cada una de ellas tiene una estructura y un contenido diferente, los contrastes entre ellas son fuertes. Lo que no ocurre entre la de Bernardo Lorenzo y Antonio García.

Otro punto novedoso en esta versión es que el autor le proporciona un espacio temporal en la narración, al ubicar  los eventos esenciales de la leyenda en un periodo definido: 1764-1767, teniendo como eje histórico documentado a Juan de Malibrán, del que va intercalando fechas y antecedentes. El que sean reales o imaginarios es otro asunto.

Al intercalar datos históricos (o aparentemente históricos) se acerca a la intención de la versión del ing. Juan José González, pero a diferencia de él no incluye datos históricos de la protagonista (que se supone es Beatriz del Real), solo lo hace sobre Juan de Malibrán.

La imaginación del autor o del narrador original es fértil al proporcionar detalles que ningún documento podría proporcionar, es cierto que ofrece lo que habría de esperarse de una leyenda y  no habría que buscar certeza histórica pero se comenta porque el autor intenta darle credibilidad  al intercalar hechos reales y ficticios con apariencia de ser reales.

La protagonista.

No proporciona el nombre de la protagonista, igual que Bernardo Lorenzo, lo que si sucede en todas las otras versiones publicadas desde 1861. ¿Sabían algo estos autores que los otros no? Casi se podría asegurar que ya sabían que Beatriz del Real aún vivía a finales del siglo XVIII,  por lo tanto, incluirla en la leyenda, hacía imposible toda su narración. Esto se sustenta porque Antonio García menciona conocer otras versiones y en diversas partes del libro hace referencias al Archivo Histórico de la Ciudad de Veracruz, donde para consultarse se recurre al Catálogo del Archivo publicado en 1992, en donde vienen las referencias documentales de Beatriz el Real fechadas a finales del siglo XVIII, tal vez ese haya sido el motivo para ignorar el nombre. Además está comprobado que Antonio García sabía que la esposa de Juan de Malibrán había sido Magdalena del Real, no Beatriz, porque en la página 389 de su libro al hacer un breve resumen de como Malibrán obtuvo su nacionalidad española  cita el libro Foreign Inmigrants in Early Bourbon Mexico de Charles F. Nunn, que en la página 101 trae el nombre correcto de su esposa. Entonces, ¿Por qué no utilizó el nombre si ya lo sabía? No se sabe, pero vale decir que la vida de Magdalena tampoco coincide con la protagonista de la leyenda, ya que ella tuvo varios hijos (actualmente hay descendientes de ese matrimonio) y murió unos 12 años después de su esposo. Lo que si coincide esta versión con la realidad es en la edad de la protagonista, tanto Magdalena como Beatriz rondaban los treinta y tantos años en la década de 1760, pero debe tomarse como una coincidencia más que un dato documentado.

Amalgama de datos.

Ya se comentó que el autor no reconoce como fuente la versión de Bernardo Lorenzo, ni sus fuentes orales (si es que las hubo), tampoco ofrece citas de las fuentes documentales de los datos históricos y fechas que va dando, aunque en otras partes del libro cita las fuentes documentales de algunos datos de Juan de Malibrán.

Analizando el texto se descubre cómo va amalgamando datos reales, falsos y fantasiosos, como ejemplo los siguientes fragmentos:

“(Juan de Malibrán) un oscuro obligado de las carnicerías y un pequeño tratante que escalaba penosamente sobre las redes de sus alianzas y “sociedades en compañía”, la flamante condesa , gozando de un título familiar adquirido por el conde de origen francés (según algunos de forma fraudulenta antes de la guerra del 62), se trasladó a “su hacienda”, que era más bien un rancho de regulares proporciones a la vera de una laguna que lleva todavía su apellido y donde hoy se acomoda un mercado popular, un panteón y un suburbio de calles arenosas.”

Lo de “obligado de las carnicerías” se puede sustentar con lo que publicó en la página 846, donde menciona un documento de 1761 del  Archivo Histórico de la Ciudad de Veracruz (AHCV, caja 10, volumen 10, fojas 31-32).

Lo de “Título familiar” es un dato falso, no existe documento que sustente la existencia de este título nobiliario, ni que ellos lo utilizaran.

En cuanto a que ““su hacienda”, que era más bien un rancho de regulares proporciones”, es una información totalmente cierta y documentada. La primera publicación que reprodujo la toma de posesión de Malibrán data de 1864, pero la más conocida es lo que publicó Manuel B. Trens en el libro de Historia de Veracruz en 1947, aunque Antonio García hace mención directa del documento del Archivo Histórico de la Ciudad.

Lo de que “a la vera de una laguna que lleva todavía su apellido”, el autor confundió la laguna que actualmente lleva el nombre de Malibrán con la original. La laguna a la que hace referencia se llamaba de la Hormiga, estando ampliamente documentado en planos y textos, es hasta el siglo XX que se le empezó a conocer como Malibrán. La original Laguna de Malibrán estaba cerca y un poco al norte de donde estaba el casco de la hacienda, donde actualmente está el Colegio Cristobál Colón (Av. Díaz Mirón, calle Malibrán y av. Lafragua), misma que en los años 1910s se desecó.

Así se puede ir analizando línea por línea e irse encontrando: unas frases con datos reales y documentados, continuando con datos falsos que aparentan ser reales, otros que son confusiones y  frases con descripciones que dicta la fantasía.

Y solo para rematar, las siguientes frases:

“El conde, quien regresó a mediados de 1766 de un viaje de negocios por La Habana y Jamaica que se había prolongado por dos años, (…) asesinó a los dos, e incluso al niño (…) pudo apenas sobrellevar un largo y costoso juicio  desde esa aciaga noche de su retorno, en el que fue declarado inocente “por haber asesinado en defensa propia y de su honor”.  De hecho, su nombre desaparece de los registros del archivo municipal después de 1767.”

Encuadrar el texto con fechas y hasta mencionar el Archivo Histórico de la ciudad, hacen muy  creíble lo que narra el autor, por no decir que proporcionar un itinerario y secuencia de eventos es casi como si estuviera viendo un documento histórico,; pero todo ello no resiste una mínima revisión por el solo hecho que Juan de Malibrán murió a principios de 1766, así que no pudo regresar de ningún lado, menos matar a alguien, y por lo tanto, tampoco se le pudo llevar a juicio y declárarsele inocente. Su esposa verdadera, Magdalena del Real y su cuñada, Beatriz del Real vivieron por muchos años más.

Si en realidad hubiera consultado algún documento de 1767 relacionado con Malibrán, se le hubiera mencionado como difunto, sin embargo, hay algo más de fondo con respecto a la afirmación que desaparece de los registros a partir de 1767 y es que esa misma afirmación la hace en la página 388, pero señala el año de 1764; esto quiere decir que el autor modificó el año con la finalidad de adaptarlo a su secuencia de hechos fantasiosos y darle credibilidad a su narración.

En fin, la lectura debe hacerse sin prestarle la menor credibilidad, excepto por algunos datos reales de Juan de Malibrán, el autor hizo el intento de darle un tiempo y contexto histórico pero falló.

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II

LA CONDESA DE MALIBRÁN.

Antonio García de León.

Una de las consejas surgidas al calor de las ociosidades que se despertaron durante la larga “posguerra del 62” fue la historia triste y malhadada de los “condes” de Malibrán. La leyenda que se fraguó en el puerto insiste en que la condesa era una mujer madura, “más como una fruta a punto de caer del palo que por su edad”, pues no rebasaba los 35 años “poco más o menos”, De piel apiñonada y de un aspecto más bien forastero, era dueña no sólo de vidas y esclavos, sino también de una belleza perturbadora poco común en esta tierra de doncellas caracterizadas por su palidez cuando eran criollas y españolas de clase superior. Su poder, criado a la sombra del “conde” Jean de Malibrán Du Bois, era a la vez un imán atractivo y misterioso, aunque una cierta truculencia aparecía siempre en algunas de sus acciones, al menos en las versiones que se forjaron después de ocurridos todos los hechos y que dieron lugar a una leyenda pueblerina –a la vez sangrienta, exagerada y plena de erotismo-, como muchas de las que subsisten a lo largo de la tierra caliente.99 Sus cercanos, amigos, paniaguados y sirvientes, se podían dividir entre quienes la adoraban y quienes la temían, pues gozaba de un poder y una dominancia que nunca dejaba de tener una cierta apariencia de misterio funesto, pues se decía que a pesar de recurrir a toda clase de remedios, la condesa no podía tener hijos y que recurría a todo tipo de ritos para remediarlo. Después de vivir a intramuros en los calores del puerto, cuando su marido era todavía un oscuro obligado de las carnicerías y un pequeño tratante que escalaba penosamente sobre las redes de sus alianzas y “sociedades en compañía”, la flamante condesa , gozando de un título familiar adquirido por el conde de origen francés (según algunos de forma fraudulenta antes de la guerra del 62), se trasladó a “su hacienda”, que era más bien un rancho de regulares proporciones a la vera de una laguna que lleva todavía su apellido  y donde hoy se acomoda un mercado popular, un panteón y un suburbio de calles arenosas. Allí se estableció en toda forma, apoltronada en su “condado” y aprovechando la poca atención que el marido –mucho más entrado en años que ella- le sustentaba periódicamente. En realidad no lo necesitaba, pues tenía esclavos, sirvientes y palafreneros, y había hecho de su casa de campo –cuya posesión formal le fue dada al conde de Malibrán hasta mayo de 1764-  una verdadera fortaleza del lujo y la buena vida, hasta que se aburrió de la cantidad de mosquitos que pululaban una vez pasada la estación de lluvias y que le impedían gozar de los vientos marinos y las brisas de playa, los únicos elementos capaces de conjurar a la nubes de insectos que desconocían sus títulos e intenciones. Desde 1754, y ante las sospechas de calvinismo, “herética pravedad y apostasía”, Jean de Malibrán había sorteado las indagatorias del Santo Oficio, e incluso, “acercándose al enemigo”, se convirtió en “familiar” del mismo Tribunal, evadiendo para siempre cualquier sospecha sobre su fe religiosa. En 1758 “Juan de Malibrán y Bosques” adquirió la nacionalidad española y compro en España el título que algunos ponían en duda.

Fue en los primeros meses de 1764 cuando la condesa buscó una nueva propiedad más aireada y le exigió al conde que la adquiriera. Ante el fracaso de sus intentos de procrear, dejó de recurrir a las hechiceras del puerto –algo que además la ponía en peligro- y decidió probar fortuna compartiendo su lecho con la más variada colección de amantes que la soledad le permitía, pues culpaba al conde de su infertilidad y de abandonarla por largas temporadas. En esos meses encontró la nueva mansión –encalada, airosa, fresca y digna de albergar sus amores- a la vera del puente que cruza cerca de la boca del río de Jámapa, y que había sido habilitado en el camino a Alvarado desde los tiempos en que los Sarmiento eran dueños de Buenavista, Paso del Toro y Mandinga. La playa se encuentra todavía a menos de un tiro de mosquete de la casona que aún se yergue en el lugar, y las tardes solían ser frescas e idóneas para sacar, como lo hacía, un butaque de cuero a la vista del norte, auxiliada por dos negros que le soplaban con inmensos abanicos de pluma de avestruz mientras ella bordaba, chacoteaba y vivía a veces rodeada de un séquito de amigos y aduladores, señoritos del puerto, criollos y gachupines. Rumbosas fiestas y saraos se organizaban allí hasta altas horas de la noche, cuando –según los maledicientes pescadores del lugar- la dama quedaba sola o acompañada de alguno de sus amantes eventuales, los que, se dijo después, desaparecían para siempre una vez que habían gozado de sus favores. Fue en este tiempo cuando crecieron esos rumores, y más cuando Fabián de Antúnez, un comerciante mediano, había desaparecido misteriosamente en diciembre de ese año después de varios viajes a Boca del Río, mientras su familia había organizado verdaderas batidas de búsqueda, aunque se sospechaba que se hubiera perdido después de salir a cazar faisanes en los alrededores. Originalmente alistado en el Regimiento de Málaga y de buena presencia, el joven requería en amores a la condesa desde tiempo atrás, aunque, se decía, su carácter devino melancólico una vez que gozara de los favores de la hermosa. Un buen día, como los demás, desapareció para siempre. Pero fue poco después cuando ocurrió el milagro, dando lugar al nacimiento de un niño deforme que la condesa ocultaba en las habitaciones destinadas a los esclavos y bajo el cuidado de una “mama negra”.

El conde, quien regresó a mediados de 1766 de un viaje de negocios por La Habana y Jamaica que se había prolongado por dos años, desconocía las nuevas circunstancias en que se desarrollaba la vida de la condesa. Abrió la puerta de la casona y se dirigió a los aposentos, hallando a la infiel en brazos de un amante. Se dice que el airado Malibrán asesinó a los dos, e incluso al niño producto de sus infidelidades, e hizo arrojar a los cadáveres a un pozo aledaño al río en donde la condesa criaba lagartos. 100 Se dijo después, cuando el crimen llegó a manos del brazo secular de la justicia, que allí eran arrojados los amantes desaparecidos, en realidad muertos en el lecho de la dama. Al menos ésa fue la versión de los esclavos interrogados, quienes para eludir cualquier responsabilidad aludieron a su condición servil, la que los obligaba a la obediencia y al silencio.

Como es de suponer, la carrera ascendente del conde se vino abajo, pues pudo apenas sobrellevar un largo y costoso juicio desde esa aciaga noche de su retorno, en el que fue declarado inocente “por haber asesinado en defensa propia y de su honor”.  De hecho, su nombre desaparece de los registros del archivo municipal después de 1767. La leyenda, que siempre se amasó con las exageraciones de las versiones construidas a lo largo de los años posteriores, dice que el conde enloqueció, se volvió ermitaño durante un tiempo hasta que reapareció por las calles del puerto gritando a voces “¡Justicia, justicia! ¡Y que muera la condesa de Malibrán”!: un alarido que todavía puede escucharse en algunas noches oscuras por los callejones del puerto.

99 No por nada, y parodiando a Marcuse en su Eros y civilización, el escritor porteño Juan Vicente Melo decía que Veracruz y su litoral se pueden definir como “Eros sin civilización”.

100 Las versiones – como siempre ocurre en estos casos- varían, pues unos ubican la casa y pozo en el puerto a intramuros –en el patio Vergara, de la calle Landero y Cos-, otros en Lafragua y Malibrán y otros en la casona que aún se levanta a la vera de la carretera, antes de cruzar el puente de Boca del Río. La imaginación jarocha es tan prolífica que a veces la confunde con “la reina del Carnaval que mató a sus hijos”, una especie de Llorona jarocha.

Fuente de texto: García de León, Antonio,  Tierra adentro, mar en fuera. El puerto de Veracruz y su litoral a Sotavento, 1519-1821, México: FCE, 2011, pp. 827-829

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Notas relacionadas:

1990s: La auténtica leyenda de la Condesa de Malibrán.

La Condesa de Malibrán: Entre la leyenda y la historia.

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Error en el libro Tierra adentro, mar en fuera: Cosme de Buitrón.

1 abril 2018

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En el libro Tierra adentro, mar en fuera de Antonio García de León trae dos referencias del capitán Cosme de Buitrón, emparentándolo directamente con los Buitrón que vivieron en frente de la isla de San Juan de Ulúa en la segunda mitad del siglo XVI.  Lo que  atrajo la atención porque en el blog se ha estudiado a estas personas  y este era un nuevo dato que planteaba la estancia de la familia en este lugar varios años antes a 1567, año en que se le dio la merced a Juan de Buitrón. Sin embargo, al cotejar las diversas fuentes documentales disponibles se comprobó que eso es falso y solo resultado de la especulación del autor del libro.

Empezando por  el principio, en el libro se lee:

Ya en esa época (enero de 1552), el patriarca de los Buitrón, el capitán Cosme de Buitrón, trajinaba quintales de harina para el bizcocho de las naos desde la ciudad de Puebla, y debía traer una tercera parte de otros bastimentos (Silvio Zavala, Libros de asientos de la Gobernación de la Nueva España…, 1982, p. 160). (1)

Según registros de 1580 del archivo notarial de Orizaba (anor), uno de los negocios de Juan González Buitrón era comprar harinas a vecinos de tepeaca y Orizaba, para su traslado a la florida, actividad en que también competía con Juan Buitrón, actividad que habían heredado del capitán Cosme de Buitrón. (2)

El autor se cuidó muy bien en no atribuirle de manera expresa un grado de parentesco, ya que no especifica si era el padre, tío, abuelo, solo lo hace “patriarca” que “hereda” una actividad a los otros buitrones.

¿Cómo es que el autor llegó a la conclusión que fue el “patriarca”? ¿Algún documento lo expresa de manera explícita? No lo explica, pero señala dos fuentes documentales y aunque solo se pudo consultar una, en ella no hay nada al respecto y se duda que la otra contenga ese tipo de información.

El autor parece se guió por la fecha y el apellido, deduciendo que si tienen el mismo apellido, entonces son parientes y si la fecha es anterior, entonces es de mayor edad y cabeza de familia. Tremendo error. El autor hilvanó datos aislados y planteó una inexistente relación familiar.

¿Quién fue el capitán Cosme de Buitrón?

Cosme de Buitrón fue maese, capitán y dueño de naos que realizaba viajes entre España y América, hay varios documentados entre los años 1550s y 1560s, siendo muy posible que hiciera otros antes. (3) En enero de 1552, estaba en la Nueva España, preparándose para retornar a España, por lo que requirió llevar desde Puebla, 100 quintales de bizcocho para abastecer su nao, pero para no tener que llevar la tercera parte de dicha carga en  bastimentos a la ciudad de Veracruz como era la ordenanza, el virrey Luis de Velasco le dio licencia para que solo llevara una quinta parte. En esto también se equivocó el autor al poner que era harina para hacer bizcocho, cuando en realidad era ya el pan preparado. Juan González de Buitrón si traía harina para preparar el bizcocho.

No se ha encontrado evidencia documental que en algún momento se hubiera establecido en la Nueva España, lo que si hay son los registros de varios viajes a América, siempre partiendo de Sevilla, siendo el último registro localizado en 1568. Por lo tanto, el viaje con bizcocho fue solamente ocasional para abastecer su nao y no actividad regular, ni comercial.

El autor de libro, también, cometió el error al establecer una liga familiar entre este buitrón y los residentes en la  tierra firme frente a Ulúa. A pesar de no conocerse un documento que niegue o confirme esa relación, se puede establecer que no la hay por algo muy sencillo proceden de diferentes lugares de España:

Cosme de Buitrón fue vecino y natural de Sevilla, confirmándose con varios documentos, entre ellos, la Real provisión de emplazamiento y compulsoria hecha a petición de Cosme Buitrón, del 14 de julio de 1553;  en el expediente del pleito que tuvo Cosme con el fiscal y diputado de averías en 1558, y en la declaración de varios testigos que presentó su hija Ana Buitrón en diciembre de 1601 donde afirmaron que Cosme fue vecino y natural de Sevilla. (4)

Juan de Buitrón y Juan González de Buitrón eran originarios de Vizcaya, al norte de España, aunque de diferentes poblaciones.

Juan Buitron nació de Baquio, Vizcaya, alrededor de 1540. (5)

Juan González de Buitrón, nació en Bermeo, Vizcaya, alrededor de 1545. (6)

Solo queda esperar que este error que ha quedado en un libro, no encuentre seguidores que lo repitan sin cuestionamientos y sigan aumentando los mitos históricos de la ciudad.

Referencias:

(1) García de León, Antonio, Tierra adentro, mar en fuera, México: Fondo de Cultura Económica, 2011, p. 85.

(2) Ibídem, p. 86

(3) Chaunu, Huguette, et al., Séville et l’Atlantique (1504-1650), Paris, S. E. V. P. E. N., 1955. Tomo II y III.

(4) AGI, Patronato, 282, N.1, R.110; AGI, Justicia, 847, N.2 y AGI, Contratación, 5269, N.12

(5) AGN, Inquisición, vol. 83, exp. 23, f. 288.

(6) AGI, México, 1093,L.15,F.225R-225V; Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Registro de ejecutorias, Caja 1616,28.

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Notas relacionadas:

Errores en el libro Tierra adentro, mar en fuera: Fiesta de la Santa Cruz.

1567: Merced a Juan de Buitrón.

Juan Bautista Buitrón es un nombre equivocado.

 

Errores en el libro Tierra adentro, mar en fuera: Fiesta de la Santa Cruz.

1 abril 2018

Cruz cerca de la antigua alameda de Veracruz. 1860s. Fuente de foto: SMU Digital Collection.

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Hay escaso conocimiento de las actividades religiosas documentadas en los inicios de la Nueva Veracruz, a principios del siglo XVII, esto sin tomar en cuenta las fiestas o celebraciones comunes en toda la iglesia católica de las que puede presumirse con certeza que se llevaban a cabo. En el 2017, se localizó un documento de la Inquisición en donde se hace referencia a una misa especial y una procesión por las calles de la Nueva Veracruz organizada por la cofradía de la Santa Veracruz el 3 de mayo de 1604.

Así que fue una grata sorpresa encontrar en el libro Tierra adentro, mar en fuera de Antonio García de León (1) la afirmación de que las fiestas de la Santa Cruz “apasionaban a los porteños desde la misma fundación de la nueva ciudad” acompañada por una cita documental. Desgraciadamente, duro muy poco el gusto, solo bastaron unos cuantos minutos para descubrir que todo era falso. Al entrar al sitio web del Archivo General de la Nación y leer el documento resulto ser 1691, no de 1601.

Antes de avanzar, esto es lo que trae la pág. 497:

Otro motivo de celebración pública eran las fiestas de la Santa Cruz, del 3 de mayo, que apasionaban a los porteños desde la misma fundación de la nueva ciudad. Fue así como desde el 25 de marzo de 1601, por edicto del 14 de agosto de 1600, se prohibió por el Santo Oficio “el abuso de poner y pintar cruces en rincones públicos y otros lugares indecentes, con el fin de preservar de las inmundicias ordinarias, por las indecencias que se experimentaban por ignorancia. Así ha venido a nuestra noticia que con estas fiestas se celebran en calles, plazas y arrabales fiestas con misa, sermón y procesiones, y con otras fiestas profanas, como son comedias, toros y máscaras, ocasionando gran escándalo de la república cristiana. Por tanto mandamos y prohibimos que ninguna persona celebre dichas fiestas con ocasión de la Santa Cruz”. 56

56 agnm, Inq. p. 545, 6, f. 587, Veracruz, 14 de agosto de 1600. Hoy, las fiestas de la Santa Cruz se celebran en el vecino puerto de Alvarado.

¿Las fiestas de la Santa Cruz eran una celebración pública? No se ha encontrado que el 3 de mayo fuera día especial de fiesta pública en la Nueva Veracruz, aunque si debía haber una celebración regular cada año, organizada por la cofradía de la Santa Veracruz, tal como se refleja en un expediente de la Inquisición, donde se documenta que el 3 de mayo de 1604, la cofradía hizo una celebración litúrgica en la iglesia del convento de San Francisco y una procesión hasta la cruz, pero no se indica que fuese sobresaliente entre las otras fechas religiosas que debían organizar otras cofradías o las diferentes órdenes del clero regular o de la advocación de la iglesia parroquial.  Tampoco se sabe que ese día hubiese otras actividades festivas seculares, es probable, pero no está documentado. En resumen, nada parece indicar que fuera diferente a otros muchos eventos religiosos.

Entonces,  ¿dónde obtuvo la información para afirmar que, además, estas fiestas “apasionaban a los porteños”? Se desconoce, pero casi se puede afirmar que es una suposición del autor.

A todo lo anterior, hay que añadir que el documento que le sirve al autor para afirmar la existencia de la fiesta en la Nueva Veracruz es de 1691, no de 1601, y no se refiere a la Nueva Veracruz  como hace suponer la lectura del texto entrecomillado.

El documento citado se encuentra dentro de un expediente de la Inquisición hecho por “unos cuchillos que se mandaron recojer por tener gravadas en las cachas las imagenes de christo señor nuestro, su nombre sagrado y la del santisimo rosario y otras figuras diabolicas”, los documentos están fechados entre 1705 y 1717.

El edicto tiene fecha del 25 de marzo de 1691 y estos son los fragmentos más importantes:

[…]  por nuestro edicto de catorze de Agosto del año passado de mil seiscientos y noventa, mandamos para obviar el abuso de poner, y pintar Cruces en rincones públicos y otros lugares indecentes, con fin de preservarlos de las inmundicias ordinarias, por las indecencias que se experimentaban por ignorancia, é inadvertida reverencia, y seguirse grande ofensa de Dios nuesto Señor, no se pintasen, ni pusiessen las dichas Cruces, y las que lo estaban, se borrassen y quitassen: Ha venido a nuestra noticia, que en esta Ciudad de Mexico, y en otras partes y lugares de este nuestro distrito, aunque algunas Cruces, no estan en lugares indecentes, se celebran en dichos lugares, calles, plazas y arrabales, con misa, sermón y procesiones, y con otras fiestas profanas, como son, comedias, toros y máscaras, por los que las cuidan, los quales con dichas fiestas ocasionan grave escándalo de la República Christiana, siguiendose de ello gravissimos inconvenientes en ambos fueros, tomando por pretexto la celebración de la Santa Cruz, para cometer en dichas fiestas grandissimas irreverencias, é indecencias contra la misma Santa Cruz, con capa de devocion y religion, siguiendose de ello sacrilegas irreverencias y execrables torpezas, y abussos, assi en lo general como en lo particular.

Por tanto, para obviar los execrables, y sacrilegos abusos, que con color, y pretexto de religion se ocasionan, en grave ofensa, y escandalo de la piedad Catholica, y buenas costumbres. […] mandamos, y prohibimos, que ninguna persona, o personas de qualquier estado, calidad, condicion, preheminencia, o dignidad que lean, de aqui adelante, celebren, ni hagan dichas fiestas, con ocasion de celebrar la Santa Cruz en las calles, plazas, y arrabales de esta Ciudad de Mexico, y demas lugares deste nuestro distrito, sino en las iglesias, y lugares sagrados, […] y que este nuestro edicto se fixe en las puertas de las Iglesias, de las quales ninguna persona lo quite, rasgue, ni tilde, so las dichas penas, y las demas, que a nuestro arbitrio reservamos. Fecha en Mexico, y sala de nuestra Audiencia, en 25 dias del mes de março de mil y seiscientos y noventa y un años. (2)

El doble error, inhabilita a este documento para sustentar  la afirmación de que desde los primeros años de la fundación de la Nueva Veracruz se hacían fiestas públicas el 3 de mayo.

En cuanto a la fecha no hay mucho que expresar, el documento es claro, fue realizado el 25 de marzo de 1691 y hace referencia a otro del 14 de agosto de 1690. ¿Por qué la equivocación? No se puede saber, ni para decir que los números están borrosos o con una caligrafía difícil, ya que los años fueron escritos usando palabras.

El texto entrecomillado que presenta el autor da la impresión que se trata de un fragmento del texto original, pero al compararlo con el documento, es claro que no es así. El autor publicó un extracto de libre composición con partes del edicto y con partes del autor, se quitaron y se pusieron palabras, incluso se podría decir que se quiso dar la apariencia que estaba dirigido a la ciudad de Veracruz, cuando es un edicto general pero dirigido a la “Ciudad de México, y en otras partes y lugares de este nuestro distrito,”  en donde el tema de las cruces en las calles era recurrente cuando menos desde 1651. (3)

¿Ahora, se puede aplicar la Nueva Veracruz de finales del siglo XVII? Sí, pero lo mismo podría hacerse para cualquier otro lugar grande o chico de la Nueva España, sin embargo, no en todos ocurría lo mismo. No se puede asegurar que sucediera en la Nueva Veracruz.

Por último, conviene exponer que al ser un texto compuesto por el autor pareciendo ser uno solo, indicando que el edicto es del 14 de agosto de 1600 y se empieza aplicar en 1601, cuando en realidad el edicto está integrado por dos partes: la prohibición del edicto del 14 de agosto de 1690 de que no se pintaran, ni pusiesen cruces en rincones públicos y otros lugares indecentes y en donde ya estuvieren se borrasen. Mientras que en el edicto del 25 de marzo de 1691, se reconoce que algunas cruces no estaban en lugares indecentes pero “se celebran en dichos lugares, calles, plazas y arrabales, con misa, sermón y procesiones, y con otras fiestas profanas, como son, comedias, toros y máscaras, por los que las cuidan, los quales con dichas fiestas ocasionan grave escándalo de la República Christiana,” por lo que lo prohibieron y mandaron solo se hiciera en las iglesias y lugares sagrados. Siendo uno complementario del otro.

Sin duda que se trata de un párrafo desafortunado en todos los sentidos, solo esperemos que en el futuro no lo retomen otros autores y se empiece a formar uno de los tantos mitos sobre la historia de ciudad.

Referencias:

(1) García de León, Antonio, Tierra adentro, mar en fuera, México: Fondo de Cultura Económica, 2011, p. 497.

(2) AGN, Inquisición, v. 545, exp. 6, f. 587.

(3) Guijo, Gregorio Martín de, Diario, 1648-1664, Tomo I, México: Editorial Porrúa, 1986, p. 156.

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Edicto de la Inquisición del 25 de marzo de 1691. Fuente: AGN, Inquisición, v. 545, exp. 6 f. 587.

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Notas relacionadas:

Nueva Veracruz: Procesión de San Francisco a la Cruz en 1604

Genealogía de la arq. Concepción Díaz Cházaro, cronista de Veracruz.

28 marzo 2018

Arquitecta Concepción Díaz Cházaro. Fuente de foto: e-consulta.com

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Hace unos días comente en la página de facebook que la arq. Concepción Díaz Cházaro, cronista de la ciudad y directora del Archivo y Biblioteca Históricos de la ciudad de Veracruz, era descendiente de Hernando de Morales, uno de los primeros habitantes de esta ciudad  que en 1602 ya era propietario del solar que actualmente ocupa el hotel Diligencias. Hallazgo casual y que aparentemente solo tendría una importancia anecdótica para la familia, sin embargo me parece que no deja de ser meritorio contarlo como un caso, tal vez, único en la ciudad: El documentar la genealogía de una de las familias que ha estado desde un poco antes de la fundación de la ciudad en 1600 hasta la actualidad, esto es, con una historia de poco mas de 418 años, los mismos que tiene esta actual ciudad de Veracruz.

La genealogía de esta familia no se buscó de manera premeditada, el hallazgo de los  datos se dio por etapas inconexas a lo largo de los últimos años. En una primera etapa, al rastrear la historia del antiguo edificio del hotel Diligencias se desglosó a los diversos propietarios  que resultaron ser miembros de una misma familia en el periodo aproximado de 1600 a 1800 (unos 200 años) pero a principios del s. XIX, el solar y edificio cambio de dueños y no se siguió indagando a dicha familia. La segunda fue en el 2017, cuando se le preguntó al que escribe, el nombre completo de la calle Díaz Aragón, porque solo se  conocían los apellidos, sucedía lo mismo que con muchas calles de la ciudad, el nombre se había olvidado por la costumbre que hubo de solo mencionarlas por los apellidos. En ese momento, se contestó  que no podía ser otro que Antonio Díaz Aragón, militar y político liberal del siglo XIX. A partir de ello, se decidió hacer una nota para el blog, así que se investigó un poco más de él. En la nota, los antecedentes genealógicos Díaz Aragón quedaron hasta sus padres, cuyos nombres aparecen en la biografía que le hizo  el doctor Francisco Ituarte. El autor dio como fecha de nacimiento el 11 de octubre de 1823, así que se buscó el acta de bautismo en ese año y 1824, no se localizó y se abandonó la búsqueda. Al mismo tiempo de la pregunta se hizo el comentario que era el abuelo de la arq. Concepción, pero se desconocía se era cierto. Al hacer la biografía de Antonio Díaz Aragón y revisar los libros y periódicos surgió el dato de que Dionisio Aragón había sido fundador del Hospital de Loreto, lo que a todas luces era absurdo  ya que él había vivido a finales del siglo XVIII y principios del XIX, mientras que la fundación del hospital había sido en el XVII, aunque un párrafo antes lo mencionaba como patrono y que en 1617 había convenido “que de él se hiciese cargo la Junta de Caridad”, sonaba como una más de las tantas falsedades o confusiones en la historia de la ciudad.

Ahí quedo todo. Hasta febrero de este año que se reinició la recopilación de datos para la historia del antiguo edificio del Hotel diligencias fue que la coincidencia de los apellidos entre los poseedores del mayorazgo y patronos del hospital de Loreto, con Antonio Díaz Aragón hizo sospechar un parentesco. Esta vez se corrió con mejor suerte, localizandose el acta de bautismo de Antonio en 1825, por lo que el dato en la biografía escrita por Ituarte esta equivocado, este acta con el nombre completo de la madre coincidió con una de las hijas de Dionisio Aragón casado con una de las últimas poseedoras del mayorazgo fundado por Gonzalo García de la Hacha.

Por último, se indago en internet si había parentesco entre Antonio Díaz Aragón y la arquitecta Concepción Díaz Cházaro; encontrándose una pequeña biografía y genealogía de la arquitecta donde se confirmaba que su abuelo había sido Roberto Díaz Romero, hijo de Antonio Díaz Aragón.

Se habían encontrado los eslabones que faltaban, todo encajó como rompecabezas.

La historia de esta familia queda por escribirse, aquí solo se muestra la línea genealógica entre Hernando de Morales y la arq. Concepción Díaz Cházaro. Un análisis completo de las diferentes generaciones y su interconexión con la vida pública, administrativa, militar y religiosa, seguramente lo tendrá que realizar algún historiador o/y algún miembro de la familia interesado en el tema.

En la rama que llega hasta la arquitecta se cuentan 13 generaciones, aunque si se toma en consideración que dicha generación tiene hijos y nietos, se puede establecer que son 15 las generaciones que han transcurrido en poco más de 400 años. Los nombres de los descendientes que faltan a partir de la sexta generación es posible encontrarlos en  el Archivo Histórico de la ciudad de Veracruz  y de la octava generación en adelante seguro que se encontrarán en los archivos parroquiales y civiles.

Eventos importantes.

Hernando de Morales fue un médico que, parece, primero vivió en la ciudad de Veracruz, a orillas del río Huitzilapan, y luego se mudó a Buitrón, frente a la isla de San Juan de Ulúa, donde ya estaba en octubre de 1599. A este lugar a partir de abril de 1600 se le nombró como la ciudad de la Nueva Veracruz. Hernando murió en dicha ciudad entre 1604 y 1608.

El 31 de enero de 1597, se dio un mandamiento acordado para que el castellano de San Juan de Ulúa viera e hiciera información de un solar que pedía Hernando de Morales, a pesar de  no tener datos sobre el otorgamiento de la merced, es muy probable que se hubiera dado ya que en 1601, tenía un solar al sur de la ciudad y en 1602 y se le señala como propietario del solar frente a la plaza, mismo lugar que actualmente ocupa el hotel Diligencias. En febrero de 1600, también adquirió por donación el solar de Etor Gallegos, situado en donde años después se construyó el hospital y capilla de Nuestra Señora de Loreto.

Al morir Hernando, le sobrevivieron su viuda (se desconoce su nombre) e hijas: Francisca de Morales, casada con Gonzalo García de la Hacha y Ana Eugenia de Morales, casada con Gregorio de Torres Mayoralgo.

Gonzalo García de la Hacha fundó un mayorazgo en el que quedaron vinculados varios inmuebles de la ciudad. Este fue un evento clave para que quedara registro de los descendientes directos de Gonzalo cuando menos por los siguientes dos siglos, porque los libros de la parroquia en donde se anotaban los bautismos, matrimonios y defunciones se perdieron, lo mismo sucedió con los documentos del ayuntamiento. Los diversos trámites de sucesión, ya sea del mayorazgo o capellanías, permiten el seguimiento de los sucesores hasta principios del siglo XIX, ya que en 1809 se tiene registrado como el último sucesor conocido, al aún menor Mateo Domingo Esteban Aragón y Vega, hijo de Dionisio Aragón y María Teresa de Vega García de la Hacha. No se sabe si el mayorazgo se extinguió con el decreto de 1823 o antes. En esos primeros años del siglo XIX, la familia dejó de poseer el inmueble enfrente de la plaza de armas.

A partir de esos años, los hijos de Dionisio y Teresa solo llevaron los apellidos Aragón Vega, olvidándose el “García de la Hacha” que se había mantenido desde el siglo XVII, para las siguientes generaciones solo los descendientes masculinos conservaron el apellido Aragón, mientras que las mujeres lo perdieron.

Genealogía de la arquitecta Concepción Díaz Cházaro.

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Notas relacionadas:

Hotel Diligencias en Veracruz – 150 años en 8 imágenes.

Biografía de Juan Klunder y Díaz Mirón (1869-1952)

Biografía de José Peña Fentanes (Pepe Peña).

Veracruz: Fotografías de José T. Bureau (1a. Serie)

18 marzo 2018

Ulúa. Torre de señales. El caballero Alto en el Baluarte de San Crispín. Años: 1910s.

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Esta primera serie de fotografías de José T. Bureau abarca desde las primeras que se han localizado hasta algunas de la década de 1910s, incluyéndose algunas de la ocupación estadounidense de 1914. Además de tener en cuenta un orden cronológico se buscó que las fotos de la década de 1910 solo tuvieran como tema  el mar, el puerto y la ciudad.

Las fotos que tomó Bureau de la ocupación estadounidense no son de combate o de los actos inmediatos como las detenciones, cateos, etc., incluso no se localizó ninguna de las escenificadas o falsas que otros fotógrafos si publicaron. En las fotos se retrató la vida en los campamentos, los barcos en la bahía, esto es, cuando ya habían pasado los días de mayor tensión y transcurrían  los tediosos días sin mayores sobresaltos para la ciudadanía o para los invasores.

El retratar los momentos espectaculares que proporciona la naturaleza desde la ciudad, fue un tema recurrente en los fotógrafos de la época. Bureau tiene sublimes fotos con amaneceres y atardeceres en donde conjuga el mar y el sol con los barcos, lanchas y rompeolas. Así mismo, presenta el mar embravecido por algún norte impactando en los rompeolas.

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1904

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Cañonero Tampico en la bahía de Veracruz, publicada en El Mundo Ilustrado el 31 de julio de 1904. Esta es una de las dos fotos más tempranas conocidas de Jose T. Bureau.

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Cañonero Veracruz en la bahía de la ciudad. Fotografía publicada el 31 de julio de 1904 en El Mundo Ilustrado.

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Calle Benito Juárez a principios de la década de 1910. A la izquierda, la antigua iglesia de San Francisco, en ese entonces, utilizada como Biblioteca del Pueblo y la torre como faro; al fondo las bodegas metálicas y ediicio de la Aduana Marítima. Esta fotografía también la editó Rieken y Martinez y Latatí & Bert. Buena parte de las fotos de Rieken y Martínez tienen el mismo tipo de letra que esta foto, así que es fácil suponer que son del mismo autor, aunque no tengan la firma.

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Crucero francés “… Strees”. Veracruz.

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1913

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“No. 7. Vista de la avenida Bravo, desde J. M. Betancourt, a las 11:30 a.m. J. T. Bureau.” La noche del 29 de junio de 1913 se incendio un tanque de petroleo perteneciente a la compañía El Aguila, continuando hasta el día 30, fecha de la imagen. Foto compartida en facebook por: Ricardo Cañas.

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1914

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“Grupo de diez y seis barcos americanos frente a Veracruz. Año: 1914.

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Crucero acorazado britanico HMS Suffolk en la bahía de Veracruz. Posiblemente en 1914.

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Incineración de enseres de la Escuela Naval. Fuente de foto: Getty Museum.

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“Desbaratando casetas frente a la Terminal.” Año: 1914.

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“Preparativos de marcha en los médanos”. Foto tomada durante la invasión estadounidense de 1914. Por el tipo de firma parece que se trata de una reimpresión hecha en los años 1930s o posterior. Fotógrafo: José T. Bureau.

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“Campamento americano cerca de los médanos.” Año: 1914.

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Campamento americano bajo palmeras de coco. Año. 1914. Fuente de foto: Getty Museum.

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“Grupo de tiendas de campaña detrás de la cárcel mpal.” Año: 1914.

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Aspecto del frente de la cárcel municipal. Av. Ignacio Allende. Año: 1914.

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Edificio de Correos y Telégrafos. Al frente del edificio parece que va un militar estadounidense a caballo, por lo que la foto debe ser de 1914.

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Tropas estadounidenses en las bodegas de la aduana. Año: 1914.

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No. 2 Panorama de Veracruz. El centro de la ciudad visto desde la torre de la antigua iglesia de San Francisco. Año. 1914.

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No. 5 Panorama de Veracruz. Vista de la parte oeste de la ciudad desde la torre de la antigua iglesia de San Francisco. A la izquierda, la calle Juárez y a la derecha, se ve la parte trasera del Teatro Dehesa (hoy, Teatro Clavijero). Año: 1914.

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No. 6 Panorama de Veracruz. Edificio de Correos y Telégrafos en 1914. Atrás del edificio, frente al edificio de la Terminal, un campamento militar de los estadounidenses.

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No. 9 Panorama de Veracruz. Foto realizada desde la torre de la antigua iglesia de San Francisco, en primer plano los terrenos ganados al mar y al fondo San Juan de Ulúa. Año: 1914.

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Vista norte de San Juan de Ulúa. En primer plano, el Dique del Norte visto desde la Punta del Soldado. Años: 1910s.

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San Juan de Ulúa y Dique Flotante. Años: 1910s.

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Dique Flotante y Observatorio. Años 1910s.

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Ulúa. Torre de señales. El caballero Alto en el Baluarte de San Crispín. Años: 1910s.

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Mar borrascosa. Años: 1910s.

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Oleaje fuerte. Años: 1910s,

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Un apacible amanecer en la bahía de Veracruz. Años: 1910s.

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Mañana nebulosa. Años: 1910s.

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Salida de sol. Años: 1910s.

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Sol de verano. Años: 1910s.

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Crepúsculo. Ese es el título que le asigno su autor pero más bien parece una mañana en playa Sur. Años: 1910s.

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El autor no le dio título pero parece fue tomada en la tarde. Años: 1910s.

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Foto tomada a contraluz una tarde desde el Malecón III o Muelle de Pescadores. A la izquierda, el perfil de la antigua ciudad ya la derecha, la silueta del edificio de la Dirección de Faros. Años: 1910s.

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Contra Luz. Atardecer visto desde el Malecón III o Muelle de Pescadores. Se alcanzan a ver las casas de la av. Xicotenctatl. Años: 1910s.

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Isla de Sacrificios. Años: 1910s.

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Notas relacionadas:

José T. Bureau: Fotógrafo veracruzano de la primera mitad del s. XX.

Veracruz: Las firmas del fotógrafo José T. Bureau.

Veracruz: Análisis de una foto de José T. Bureau.